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Kí- LOCURA dejaba ver á través de la gran luna elegantísimas toüettes de un gusto de lo más refinado, un alarde de la moda exagerada y atrevida. Faltaban tres días para Carnaval, y ya se pi eparaban en Niza las fiestas y carrozas, disfraces y comparsas; todo, en fin, para esa época, donde suelen taparse la cara las gentes para descubrir lo mezquino de sus pensamientos. Era la una de la tarde, y las monísimas oficialas salían ufanas de su taller, coloraditas del trabajo, con sus ojos relucientes y vivos, sus movimientos nerviosos y llenos de juvenil alegría. Una trigueñita con aire desenvuelto y decidido se destacó entre el grupo que formaban todas y empezó á charlar. -Ya lo he pensado: i no voy en vuestra carroza, ea! Está gracioso que nos vistamos de mamarrachos porque al Ayuntamiento se le ocurra esa facha. -Pues en casa no le quedarás- -dijo otra; -apostaba lo que quisieras. -No lo sé... Eso es cuestión mía; ya lo sabéis. ¿Y no te arrepentirás, Ninette? -i Nunca; soy firme en mis decisiones, adiós! Y Ninette, sola, siguió calle abajo; llegando al paseo de los Ingleses, entróse en una bocacalle, miró á todos lados, y, segura de que nadie la veía, apresuró el paso y se paró en una casa, llamando á la puerta. ¡Ay, qué cansada vengo, Marisa! Pero estoy contentísima; ya lo tengo todo arreglado: voy con Alvaro en su carroza; mira, aquí traigo la tela para el traje: ¡cuántos cascabeles, qué bonito de estaba situado cerca E Ldetallerplaza Mine- Sicard su vistoso escaparate la de Masena; ndb, jugando, qué sé yo... -Ninette, ¿vienes decidida á irte con Alvaro? Sí, Marisa, con él. ¡Con quién mejor... -Con tus compañeras, que irías como debes ir. -Mis compañeras... Déjalas que se luzcan sin I. y se diviertan. ¿Tengo yo algo que ver con fuerza vaya como un cordeas para que rito donde me manden? -Veo con pesar que sí vas siendo un corderino... pero descarriado. ¡Si tu madre levantara la cabeza! -Sí; ponme triste, y verás qué bonita voy á estar. -No necesitas ningún adorno para parecerlo. -Eso me dice Alvaro: que al natural estoy mejor. -Supongo que eso de ir con él será, una broma. -Broma... No, no es broma. ¿Se lo has prometido de veras? -Sí, Marisa. ¿Por qué engañarte? -Carnaval funesto. ¿Por qué vendría este tiempo loco? Bueno, vé; pero cuando vuelvas no encontrarás á Marisa afanosa por cuidar la casa, por cuidar á la niña caprichosa, que quiera Dios no sea caro su capricho. Yas por el inundo ciega; caminas á impulsos de tu indomable voluntad, y si se abre un precipicio ante tus pies, caerás sin remedio. ¿Me abandonas, Marisa? -No, tú me dejas á mí. ¿Yo... ¡Qué desgraciada soy... ¿Para qué te sirvo? ¡Para tanto! Eres mi única familia, mi cariño á ti todo te lo cuento, todo te digo: mis proyectos, mis esperanzas, mis pensamientos; tú recoges mis risas y mis lágrimas; oyes mis canciones y mis suspiros; lees en mi -ojos y adivinas lo que pienso... ¡Qué iba á ser de mí si tú me abandonas, c ue eres el intérprete de mi vida entera... Tienes á ese hombre, que llena tu existencia! ¡Sois mis dos cariños, y él te querrá á ti, que sabe que eres tan buena! -Nunca quisiera verle. ¿Acaso sientes celos porque le quiero? ¡Si fuera digno de ti, mi Ninette! ...Te yas? ...Me quedo... pero sólo hasta tu vuelta.