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MUJERES DE PARÍS. ANIE PERREY A i ENAs c u e n t a ve i n t e años y ya es Anie P e r r e y u n a celebridad p a r i siense... en P a r í s Y habréis observado q u e e n F a r i s la celebridad llega tarde, muy t a r d e A los h o m b r e s les suele sorp r e n d e r con la c a b e z a b l a n c a á las m u j e r e s, con la patita de gallo bien marcada. A n i e P e r r e y se hizo aplaudir p r i m e r o en la coqueta sala de Capuchinos y después publicó un libro de versos, oici nion ca iir, que fué una revelación. E s una deliciosa criat u r a de líneas suaves, de c a r a picaresca, de o j o s inocentes, escand a l o s a mente inocentes... Y como tiene talento, quis o con (uistar la escena y lo consiguió en un abrir y c e r r a r de ojos. Creo que fué en el Aihence donde por prim e r a vez hizo a r t e g r a n d e Los críticos desconfiaban porque, por regla general, las b u e n a s escritoras no suelen ser actrices muy recomendables, y E r n e s t o Lajeunesse, el crítico h e r e d e r o de Catuile Mendes en Le Journal, se a v e n t u r ó á decir que u n a poetisa tan g r a n d e como A n i e no podía tener talento como a c t r i z Pero se equivocaron los profetas. Anie P e r r e y entró en el Vaudeville por la p u e r t a g r a n d e y al día siguiente del estreno de Les Deux Ecolcs tuvo un éxito de P r e n s a formidable y P a r í s entero corrió á aplaudir á aquel cuerpecillo menudo, á aquella maravilla de n a t u r a l i d a d y de gracia. El p r i m e r a m e n t e s o rprendido fué el a u t o r de Les Deux Jícoles, el mismísimo Alfredo Ca UK. -C u a n d o todas las art i s t a s- -h a referido Ca us- -llevaban ya una hora larga maquillándose, intándose, estudiando en el espejo los m á s insignificantes detalles de sus toileties, la petitc Anie aún no había parecido por el t e a t r o E l director de escena comenzaba á in uietarse. i No va á t e n e r t i e m p o para vestirse! m u r m u r a b a Yo consultaba mi r e l o j- -a g r e g a b a Cap u s- -nervioso y desconn a d o p o r q u e e r a n las nuev e menos cuarto y el telón h a b í a que ievantarle á las nueve en punto. Los compañeros comenza b a n á a l a r m a r s e y las amigas temían que la h u b i e r a ocur r i d o algo. E l l a es tan seria, tan puntual- -decían, i E s preciso enviar recado á su c a s a! D e p r o n t o un ligero frou- frou y un en e t r a n t e perfume anunciaron la llegada de la actriz. i No va u s t e d á tener tiempo de a r r e g l a r s e! la gritó el rcgisseitr. Y el director de escena exclamó, f u r i o s o ¡N o sé cómo se las va usted á componer a h o r a! Anie, en tanto, risueña y tranquila, saludaba á todo el mundo, y volviéndose hacia mí, me reguntó: S e ñ o r C a p u s n o estoy bien a s í? L a verdad es que estaba deliciosa. S í señora- -la contesté, -muy b i e n Perfectamente bien. P u e s entonces- -dijo A n i e ingen u a m e n t e- ¿p a r a qué voy á vestirme de nuevo y a p e i n a r m e y pintarme otra vez? Ya llevo bastante colorete en la vida ordinaria p a r a a g r e g a r una nueva c a p a en el t e a t r o Mi papel en este primer acto c el de una b u r g u e s i t a co queta que a c a b a de llegar de la calle. T a l como estoy e n t r a r é en escena. ¿No íe parece á usted? Y dicho 3 h e c h o T a l como venía de la calle salió á hacer su papel y el úblico, entusiasmado, la aplaudía frenético, c o i i (uistado por aquel prodigio de g r a c i a fresca y jii veni) por aquella vocecita melodiosa y d u l c e por a uellos ojos tan grandes, tan abiertos, tan inocentes... A uella noche apareció mía nueva estrella en e! cielo del a r t e parisiense v desde entonces Anie P e rrey se ve solicitada por las emi) resas, asediada por los fotógrafos, perseguida mr los editores... n i e Perrey irá pronto á- Vladrid, yo no lo dudo, y vosotros los que habéis aplaudido á M a r t a Regnier y á M o n n a Delza- -probablemente o r cortesía, -os entusiasmaréis al ver á esta deliciosa muñeca, verdadero prodigio de a r te de sensibilidad y de elegancia... Fot. Reutlingeri JOSÉ JUAN CADENAS r. i, i 4 i 1.1 i í I MUe. Anie Perrey.