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TlUsJER íEiéeSñ PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MÍE COLES 22 DF, FEB FrO O Clisando en mis amables lectoras de España y deseando decirles algo nuevo respecto á toilette, visité varios talleres de los más famosos, pero no conseguí mi objeto. E n estos momentos, por lo menos durante cuatro ó cinco días, nadie habla más que des costumes travestis y los salones de los modistos están ocupados por un ejército de maniquíes con trajes de diferentes épocas y condiciones, viendo al lado de una Marie Antoinette una fermiérc nonnande, y frente á la marcjuesa de Pompadour una figurita Directorio, formando abigarrado conjunto. Salí de allí, después de admirar mil preciosidades, diciéndome á mí m i s m a N o es esto lo que yo buscaba. A los pocos pasos, como si fuera una inspiración, se me ocurrió ir al hotel Ritz, y sin vacilar volví en aquella dirección, segura de encontrar bonitas toilettes d aprés midi. Mis esperanzas no se han defraudado. P a r a las esbeltas tengo una gran noticia. H a resucitado el bolero, c ue durante mucho tiempo ha gozado del favor de las elegantes y que ha sido abolido bien involuntariamente. H a s t a ahora aparece con timidez, ocultándose bajo las apariencias de sencilla broderie ó de tela diferente, pero unida al resto del vestido. Sin embargo, redondo ó cuadrado, corto ó largo, su simpática forma reaparece y no tardará en presentarse suelto é independiente con todos sus encantos. E s monísimo uno de ratine bleu nuit, bordado de pasamanería sobre túnica de liberty blanco, cubierta de muselina de seda del mismo tono azul. Verdaderamente que los tés á la moda y los riiiks chics de cinco á siete, son un rendez- vous de bonitos modelos. El gran éxito del día corresponde á la túnica bordada en diversos colores sobre falda de terciopelo ó de seda negra. E s indudablemente preciosa, pero no fácil de llevar. Las túnicas de treillage, de oro, plata ó acero, con un borde de piel, tienen muchas entusiastas que para prolongar su reinado la califican de muy práctica, porque se puede poner sobre todos los visos. E n t r e los sombreros pude ver también algunas novedades. Las pieles continúan en íntima unión con la crin, como si quisieran con su presencia j u s tificar la prematura aparición de aquella. Un modelo precioso, dentro de lo absurdo de la combinación, me pareció uno de crin negra, con el ala forrada de armiño y un grupo de golondrinas en el lado izquierdo. O t r o m u y original es de crin oro viejo, con una franja de nutria por debajo del ala, en la parte que está cerca del pelo (es indispensable cjue sea r u b i o) luego, como si fuese un entredós de diez centímetros, se deja la crin al aire, y al borde, como final, una pequeña guarnición de skung. Su único adorno es un inmenso sprit blanco, colocado detrás, u n poco inclinado hacia el lado derecho. Algunos, más atrevidos, tienen flores; pero eso ya es demasiado prinfanier. L o mismo sucede- on los de paja y sin duda p o r eso tienen menos aceptación que los de crin. AI fin, estos últimos pueden confundirse con tul ó encaje, que siempre y en toda estación se han admitido para los sombreros de mucho vestir. Se cree que la toque, muy encajada, en forma de bonnet de pólice, seguirá usándose toda la primavera con algunas pequeñas modificaciones, haciéndola en satín, muselina de seda y de tissu cubierto de gasas en tonos obscuros. Esto último, hasta ahora, no es más que un proyecto pero llegará á ser el modelo favorito de las elegantes bonitas, porque permitirá apreciar la corrección de sus facciones en toda su pureza. De la última fantasía de la moda no sé cómo hablar. Quisiera ser indulgente, ero me siento in: apaz para encontrar, no ya algo aceptable, sino lolamente disculpable. Me refiero á la jiipe culotte. Y- lo más triste es que se discute y que tiene defensoras. E s increíble y, sin embargo, cierto; las cabezas no están bien organizadas en la época presente. Siempre han existido modas, más ó menos atrevidas; pero la mujer, en general, no aceptaba nada que no la favoreciese; y ahora parece que se esfuerza en crear cosas absurdas, feas y ridiculas. Las entraves nos van á parecer ideales dentro de poco si seguimos por este camino. Figúrense ustedes á una señora... como hay muchas, porque todas no son delgadas, encerrada lentro de la jupe culotte, é involuntariamente la maginación la verá rodeada de chiquillos, como al urco que vende babuchas. Esperemos que esta nueva fantasía no prospere. CONDESA D Ai LOS i ERFUMES pr ntre las cosas que más caracterizan á una per sona podemos contar los perfumes. Es muy corriente que la predilección por una esencia determinada tenga por base la evocación de un recuerdo. No hay nada que tan rápidamente nos traiga á la memoria escenas del pasado como un perfume, exceptuando la música, que tiene el doble poder de hablar á la imaginación y al alma á un mismo tiempo. Las personas indolentes y soñadoras prefieren los olores suaves y penetrantes, esos que al principio casi no se notan, y á medida que pasa el tiempo van acentuándose. Los caracteres enérgicos y activos son generalraente patrimonio de personas que no tienen tiempo para soñar, y esas sé inclinan á los olores frescos, que se evaporan en el acto, dejando el cerebro libre de su in luencia. Las casas, como es consiguiente, son el reflejo de sus dueñas, y el sahumerio que embalsama su ambiente estará, sin duda, en perfecta armonía con la esencia del pañuelo. 5 s 7 8-