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Córtese por esta raya. LA MU ÑECA Y EL S OLD AD O CONTINtrACIQN que ha dicho unas groserías á uná niña? Si el truhán piensa que no le conozco, bieii equivocado está; ¡A ver! Vista á la derecha. -JUAN Zasé quién h ¿sido. Blas. i Si son muy brutos! Dos pasos al frente. ¡Firmes! (Dirigiéndose al soldado. BLANCA No. ¡Pobres! Ahora te debía dar un par de tortas en esa jtTAN v cara, jje niemo. ¿Verdad Pues se le castigará qué te estarían niuy bienseveramente. empleadas? Lo que hay BLANCA és qué no está peímitido ni á M me gusta pegar. Eso no. V y en acá, y dime, zopenco, JUAN v. ¿es propio de Un militar I Cómo voy á tolerar J háblai; a una señorita que falten á Jas señoras? 4 groseramente? ¿No estás avérgfonzado de haber BLANCA hecho esa barbaridad? Usted le perdonará La española Infantería porque se lo pido yo. no debe olvidar jarnás JUAN que. (loíidé está una rnüjer Antes le ha de perdonar se la debe respetar. ¡l la niña. Vaya 4 buscarla. BLANCA Mientras se averiguará (A 1 (1 muñeca. quién ha sido el atrevido He sabido que una niña, que ha cometido el desmán. no reí Edándo quizá (Aparte. i ja educación esmerada La Verdad es que mi hernia queí a: ha da: do Su mamá, tiene un, fondo angelical; ha- tratado con desprecio ¡Si no se picara siempre; v. í á tiriípbbre soldado, y tal por todo. acción prueba que á la niña, BLANCA (iuetan engreída está, (Aparte. le falta, la educaciófi No, la verdad 1 -y: laA S 0l jrá vanidad. í s que mi hermanito tieilév Y lejoá de dái se tono, muy buen fondo. Lo que ha como pretendé, se hará es que fen seguida sé pica a ntipática á la gente, por todo. c ue la juzgará muy mal. JUAN Venga usted conmigo. (Al soldado. JUAN Guardia, á formar. (Al soldado. Muchachos; vamos á ver, ¿quién ha sido el animal Sigúeme. BLANCA y u e un soldado, poco ha; la ha dicho cuatro tontunas. ¡Nada de partictilar! ANÉCDOTAS INFANTILES LA GRU 2 DE L REY C abido es que el Rey de Espafja Carlos I I subió al t r o n o siendo niño, y que recibió de sii m a d r e una educación mijy religiosa y fructífera en obras de caridad. Tendría, nueve ó diez años cuando el día de Jueves Santo, recorriendo á pie las calles de Madrid para visitar las Estaciones- -piadosa costumbre que han seguido sie npre los Reyes de España, -reparó é n u n pobre viejo, cubierto de harapos y en actitud de implor a r uha limosna. Carlos I I sin que nadie le viera, se quitó precipitadamente una cruz de diamantes, qué llevaba, al pecldo y se la entregó al pobre. Al llegar á la iglesia adonde se dirigían, observaron algunos cortesanos la falta de la alhaja é inrriediatamerite se pusieron á g r i t a r i L e han robado, le han r o b a d o! Al rriismo tiempo aparecían unos soldados trayendo al pobre viejo, que decía con voz apagada por las lágrimas: -i E s t a cruz me la ha dado Su Majestad! i Dios lo sabe! Apareciendo entonces Carlos I I confirmó las palabras del mendigo, insistiendo en su deseo de que conservara la joya p a r a i emediar su miseria; con que todos quedaron admirados de la caridad d e l Soberano. Sin embargo, aunque se considefaba sagrada aquella limosna, y respetaWe, por lo tanto, no se creyó oportuno dejarle al pobre una, alhaja que tenía piedras de la corona. Entonces se ordenó que se ta- Sara la cruz, y lo fué en 12.000 escudos (120.000 reales) que le entregaron inmediatamente al pobre. El cual dejó de ser pobre, cómo se comprenderá 67- -70