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mCSARLVULLTA lue tiene el rastro redondo y ovalado, de perfil correcto, contorno lleno y miradias que derraman amorosa ternura. Beaumarchais ya había dicho, en términos más precisos y elegantes, á ía mujer: Sé hermosa si puedes, sé buena si quieres, pero sé estimada, pues lo necesitas. A lo que agrega Stendhal, que sin estimación no hay admiración, y, por lo tanto, no hay amor Lo que buscan los japoneses al exigir en la mujer ideal las condiciones expuestas, es precisamente rodearla de ésa estimación, sin la cual no cabe verdadero cariño. CONTRA LOS CABALLOS INQUIETOS médicos no contraen la enfermedad. La oferta ha creado una serie interminable de discusiones entre los hombres de ciencia, pero todavía no ha aparecido ningún médico que esté dispuesto á someterse á esa prueba y el prestigio de la vacuna como preventivo de la viruela se ha resentido mucho á causa de ello. EXTRAER U N ANZUELO -Pero ¿no le han hecho á usted nada esas aguas? -Sí, señor; me han hecho gastar más de mil pesetas. or regla general, los caballos sftelen estar tranquilos en el pesebre; pero no son pocos los que por su fogosidad ó por otras causas suelen estar inquietos frecuentemente, cuando no empiezan á cocear, con grave riesgo de las personas que tienen que estar á su cuidado ó en sus inmediaciones. Para k) S caballos que tienen el re sabio de cocear existe un mecanismo cncillo y práctico á la vez, que sin molestar al animal, le impide dar botes y alargar las patas más allá de lo debido. En el grabado adjunto se ve P I os pescadores están expuestos con frecuencia á herirse con los anzuelos; cuando no á clavárselos comÍ) létamehte. No hay que decir lo doorosa que es la herida, ni lo qué aflige al que la padece la convicción de lo difícil que ha de ser extraer aquel pincho, que en un extremo tiene un tope y en él otro un arpón. Sin embargo, la operación puede realizarse fácilmente y sin agrandar la herida ni ocasionar dolores. Para ello se comenzará por cortar el anzuelo con unos alicates por el punto señalado en la primera figura con N EL BAILE F q: i es esa rubia Quién- -Una viuda. tan hermosa? una A, y, luego de desinfectarlo esmeradamente, se le hace pasar por la herida en la forma que indica la figu- ¿No te parece que una viuda no debía bailar? ¿Y eso qué importa? No siendo la tuya ni la mía... LA TASA perfectamente el armazón, qué no ne cesita de más amplias explicaciones, orno no sea para indicar que en los puntos señalados con una A existen travesanos que son precisamente los qué impiden los movimientos bruscos y las coces traicioneras del c u a drúpedo. LA VACUNA FIQ: 2 C a l e n dos borrachos de tina taberna y el que está un poco razonable le dice al otro: -Vamos á casa, que ya has bebida bastante. ¡Eso no es verdad... H e bebida mucho, pero no lo suficiente. ra segunda. Luego se cuida la herida como otra cualquiera, que esto no es necesario decirlo aquí, pues pocos desconocen lo que hay que, hacer. PENSAMIENTOS El avaro no ama á su patria, ni a sus hijos, ni á sus padres; no conoce otro parentesco que la íortima. DiON C R I S O S T O M O FRANQUEZA 1 a lucha entre los partidarios é im pugnadores- de la vacuna ha tomado nuevo incremento en los, Estados Unidos con motivo de una oferta hecha por Mr. Joseph F. Rinn, presir dente de la Sociedad Filosófica de Brooklyn, quien no cree en la vacuna y está dispuesto á sostener sü opinión con su dinero. Mr. Rmn declara que regalará i.ooo doUars á cualquier institución caritativa, si hay cmco doctores que después í é haberse vacunado a su propia y entera satisfacción, permiten que se les; inyecte el virus de la viruela, nia, nifestando que está dispuesto á cutnplii su oferta si tres de los cinco CHISTES ecía un su D lo que señor áustedcriado: no Bautista, no hace más le digo. ¿íís que jame comprende usted? -Sí, señor; le comprendo muy. bien lo que manda, pero es que en seguida se me olvida: LAS AGUAS Los hombres vanos se i arecen á las armas doradas; parecen pireciosas por fuera, pero en quitándolas la superficie, no se encuentra más que un vil metal. DEMOFILO: No solamente es ciega la fortuna sino que, por lo general, trae ciegos á los que favorece. CICERÓN. r ierto médico aconsejó á un, cliente que se fuera á tomar unas aguas; medicinales- y, al volver, le preguntó cómo estaba. -L o mismo que siempre. N o hay hermosura sin comparación. CLEMENTE XIV.