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Córtese par esta Hyd. LA MUÑECA Y EL SOLDADO DIÁLOGO INFANTIL BLANCA JUAN (Con tina muñeca elegantísima. i Bah! Una peluca de estopa, Jtianito, eres orgulloso; unos ojos que son más no lo puedes remediar. grandesque la boca y una cara de torta... JUAN ¿Por qué dices eso, -Blanca? BLANCA i Me he metido yo quizá Será contigo? Te he dicho algo más guapo tu soldaducho, que te pueda disgustar? con un tipo üe gañán BLANCA y un iraj e tan ordinario. Pues por eso te lo digo JUAN me ha regalado papá Dónde vas á comparar esta muñeca preciosa la ñoña de tu muñeca y ni la quieres mirar. on este mozo barbián? JUAN Acerca el soldado á la muñeca habla por él. f- Por eso soy orgulloso? No presumo de bonito, Te asegjiro que no hay tal cñora? orgüllb. ÍNG he reparado en. ella BLANCA v BLANCAV Cogiendo su muñeca y hablando ¡Como que estás por ella. embobado cbtl; él woMO ¡yuite usté allá, que te lia traída inaittá! mal educado, ordinario! juANv ANÉCDOTAS INFANTILES LOS PERRO DE LA REINA I a condesa de Espoz y Mina, que fué aya de Su Majestad la Rei na Isabel. II, cuenta en sus Jf Jiwpmí aígynos ra sgos de la augusta niña, reveladores del carácter compasivo y del desprendimiento que, siendomujer, fueron admirados de todos. La condesa hizo que la Reina y su herjnanita, de cuya educación estaba encargada, pasearan por los sitios públicos, á fin de que se acostumbrasen desdé pequeñas al trató de sus subditos, enterándose también en. lo posible de las necesidades nacionales. En uno de esos paseos, al scender del coche, S. M. mandó al caballerizo que llamase á uri lacayo para que cogiese en brazos un perrito que llevaba en su compañía. El caballerizo le preguntó que cuántos teñía y la tierna Soberana respondió: ¡catorceÍ f ehüme rándólos después por sus nombres respectivos. Entonces el aya, aprqvechando el momento para decirla algo qiíe no sabía, pronunció con tristeza estas palabras: ¡Cuántos hombres envidiarían. la suerte de los perros de Vuestra Majestad, si la conocieran! ¿Por qué? -contestó Isabel I I con sorpresa. -Permítame Vuestra Majestad que- se lo diga... Porque sus pe- rros tienen buena habitación, comida abundante, médicos y medicinas cuando están enfermos; toda clase, en fin, de cuidados y de atenciones; y hay muchos hombres en este país que nada tienen. Quedóse la Reina pensativa, y al poco rato exclamó, dirigiéndose a l a condesa: -Estoy preocupada con eso que me has dicho y te aseguro que no quiero tener esos gastos inútiles. Efectivamente, algunos días después mandó reducir el número de sus perros, y al disponer que compraran collar á los restantes ordenó, aconsejada también por su excélente aya, que se distribuyera el importe entre los gastos de dos ó más meses. 61- 1 Poco á poco! Eso de mono no te lo consiento, ¿estás? Es un soldado. (Enseñándote. BLANCA JUAN ¿Se atreve usted á insultar a u n soldado de la patria? BLANCA tan bonita! ¡Qué cosa JUAN -i El atrevido será usíed, que habla á una seffora como yo sin más ni más! JUAN ¡Un militar, con su uniforme y sus armas, que par iece de verdad! Porque está divinamente; fíjate. (Mostrando el soldado. BLANCA i Compraré papel sellando y haré á usted un memorial! íEs usted ireina, princesa, duquesa? ¿Qué es usted? BLANCA Déjame en paz. Fíjate tú en, esta niña, (Por la muñeca. que es una preciosidad. i Bah! Hable usted con sus iguales y déjeme usted en paz. Continuará. 54-