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EL JUEGO DE LAS SOMBRAS los niños se C uandotiempo, en algoven obligados á permanecer ennocasa por el mal tienen que pasar el rato para aburrirse. Ya han estudiado sus lecciones, ya hicieron sus labores, ya ha llegado la hora de divertirse... A veces no tienen ganas de dis 44- traerse con sus juguetes, o ics canadu uc yuro conocidos; á veces también tienen cíeseos de moverse y no permanecer sentados, pues la infancia necesita, por ley natural, estar casi siempre en movimiento para gastar asi su sobrante de vida. Y si vienen otros amiguitos á pasar la tarde en su compañía ¡cualquiera se está quietecito... Entre las diferentes diversiones que pudiéramos llamar caseras, ninguna tan sencilla, tan interesante y alegre como el juego de las sombras. ¿No lo conocéis? Este juego es una especie de variante de la gallina ciega, y no puede ser más fácil. Generalmente es para niñas, pero también pueden jugarlo los niños, y los niños y las niñas juntos, si se quiere extender la diversión á toda la gente menuda que esté en la casa, pues no hay para qué hacer limitaciones. Vamos á explicarlo ligeramente, pues, en verdad, no necesita muchas explicaciones. Atención. Se da la china, como saben todos, y el que se quede se coloca en el hueco de una ventana ó de un balcón, ó en cualquiera otra parte de la pieza, pero detrás de una cortina ó de un lienzo transparente, que hay fiue poner muy estirado, como si en él fuesen á reflejarse las sombras chinescas ó las figuras que se proyectan con la linterna mágica. La habitación ha de quedar á obscuras, y á, cierta distancia de la cortina se pone una mesa y encima de ella una ó varias luces. Es preferible la luz de la vela á ninguna otra, entre otras razones porciue hace oscilar las sombras cjue proyecta, y esto ayuda á la confusión y complica el juego. Las niñas ó niños van pasando sucesivamente, entre las cortinas y la mesa haciendo gestos y ademanes que los desfiguren para no ser conocidos. También pueden disfrazarse con ropas de otros, á fin de cambiar por completo su figura, que ha de reproducirse en el lienzo. En viendo una de estas sombras, quien se haya c uedado dice: i Es Fulanita! ó Es Fulanito! Y si, efectivamente, adivinó qué niña ó qué niño era, el adivinado se queda, y ocupa el puesto de quien adivinó, que entonces pasa á formar parte clel grupo, que desfila sucesivamente. Como se ve, no puede ser ni más fácil ni más sencillo el jtiego de las sombras. Y ya por su explicación puede suponerse si será divertido, por los disfraces que se le ocurran á cada quisque y por las equivocaciones que puede sufrir quien se ha quedado. 45-