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Córtese por esta raya. r (i.1 EL PERRO Y EL GATO ÉDvidiaobo el Peppo al Gato y el Gato al Peppo... ¡qué pap! qüisiepoi? 5 e voz carobiar 60 TOütaoy foproal cootpato; accedió Júpitep gpato óe arobos á la peticióo; pepo oi asustó al laópóo el Peppo óiciepóo miau OÍ el Gato coo sü güaü. güaü logpó cazap íio patóo. ooveocióos 5 e SÜ yeppo, p ¡5i epoi) ambos 5 ai) zai) tes el Gato roáyap coroo aptas y áallap caal aptes el Peppo. Jove, 5 es 5 e SÜ alto cfeppo, volvió á escücbaples propicio, y el Cao, topoadó eo SÜ juicio, 5i jo al Gato: AbüP, coosocio; cada cual á su negocio; quiero decir... á su oficio. y) MiSüEL A PRINCIPE. -46- f i. ANECDOTAá INFANTILES 5 I LA MEJOR D E C L A R A C I Ó N J ¿tlll, ¿W C ÍÍ. c ív M 01 wc- Iguna vez que vayáis al Museo de Pintura llamarán vuestra tención, entre las innumerables joyas de arte que allí se conservan, los cuadros de Aníbal Carracci, particularmente los titulados La Virgen y et Niño Jesús, La Anunciación y otros de asuntos religiosos. Este Carracci fué un gran pintor italiano del siglo xvi amigo de Veronés, Tintoretto y otros artistas célebres, y sus obras admirables- se conservan en los mejores Museos de Europa. El apellido es famoso en la historia del arte, pues hubft también otros dos grandes pintores así llamados: Agustín, hermano de Aníbal, y Luis, suprimo ckrnal. Aníbal había nacido en Bolonia y era hijo de un sastre. De pequero demostró poco apego á los libros; pero en cambio manifestó sus excelentes disposiciones artísticas. Era un ñiño cuando ya asombraba á todo el. mundo con el lápiz. ¡Cómo dibujaba... Esta prodigiosa facilidad, está destreza consumada, fué siernpre el mejor título de su gloria. Los cuadros de Carracci, en efecto, siendo admirables por el colorido, sorprenden sobré todo por la firmeza y seguridad del dibujo. Por aquellos tiempos de su infancia, cuando comenzaba á causar la admiración de todos con el lápiz, volviendo una tarde del campo, Aníbal y su padre fueron sorprendidos por unos ladrones que, abalanzándose sobre ellos, los dejaron sin blanca. Al llegar á la ciudad presentáronse á las autoridades para darles noticia de lo ocurrido, y como les preguntaran las señas de los malhechores pata averiguar quiénes fueran, Aníbal pidió un papel y un lápiz y dibujó las figuras de aquellos desconocidos. Tan perfecto era el dibujo, que bastó para reconocerlos y detenerlos. Purgaron, pues, los ladrones en la cárcel su delito gracias al arte prodigioso del niño dibujante. A