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EL HIPNOTISMO Mo he conocido en mi vida persona que más disfru tara dando una broma al prójimo que mi amigo Juanito Macasar. Hombre de negocios, formal y serio en sus asuntos, era en todo lo demás de la vida la alegría andando y se la pasaba ideando guasas que dar á la familia, á los amigos y á todo el que podía. Capaz era de estar preparando lo que él llamaba muy satisfecho una de las mías días y meses, y no reparaba ni en gastar dinero en la preparación de la bromita, pues de todo trabajo y de todo gasto le indemnizaba plenamente la satisiacción de dar un chasco y morirse de risa. Kjaiian tener gracia de verdad sus bromas, así en el fondo como en la forma, y para prepararlas y llevarlas á feliz término le ayudaban poderosamente sus especiales aptitudes de actor, pues dominaba tan fácilmente ios míisculos expresivos de su fisonomía y acertaba á dar á su conversación tales tonos de sinceridad naturalísima, que aun para los íntimos que á diario le tratábamos costaba trabajo distinguir cuando hablaba seriamente ó daba rienda suelta á su burlona fantasía. Tenía Juanito unos parientes, labradores en un pueblo de la ribera del Jarama, á los que ouería mucho pero como ni la amistad ni el parentesco más cercano defendían á nadie de sus burlones instintos, les había hecho algunas jugarretas de su repertorio y ellos estaban siempre recelosos temiendo una pega, como ellos decían. En una ocasión, uno de esos parientes dio una caída en el pueblo que le produjo una dislocación de alguna importancia, y el hombre, como pudo, se vino á ñladrid para que le viera un buen médico. Se hospedó en casa de Juan, que le atendió con el mayor cariño y encomendó su curación al doctor M. íntimo amigo de todos nosotros. Afortunadamente, la inteligente intervención de M. remedió el mal en brevísimo plazo, con gran alegría de Juan que, como queda dicho, quería muy de veras á su pariente, y ía hora de la visita y de la cura, á la que asistíamos los íntimos, era amenizada con las bromas de costumbre. Uno de aquellos días empezó Juan á referir á su pariente maravillas estupendas del hipnotismo, que el lugareño oía con gran recelo, á pesar de que el doctor, siguiendo la broma, las confirmaba en nombre de la ciencia; pero esta circunstancia y el gran prestigio que para él tenía persona tan entendida y competente, le llegaron á hacer dudar, con grandísima satisfacción de Juanito. El primer día que el convaleciente salió á la calle, quiso Juan, que era muy espléndido, celebrarlo con una comida en su casa, v, sin decir nada á su pariente, había escrito á la mujer de éste para que viniera del pueblo, con objeto de que asistiera también al banquete, dando así á su marido una agradable sorpresa, y dio la casualidad de que la mujer llegó á la casa en ocasión en que su marido había salido. ¿Qué más quiso Juan? Ideó en seguida todo un plan bromista y encargó seriamente á su familia ue la recién llegada no saliera de la habitación contigua al comedor y que nadie dijera al marido que estaba allí. Cuando nos sentamos á la mesa, sacó Juan de nuevo la conversación del hipnotismo y apeló al testimonio del doctor, que también estaba presente, el cual, preparado ya por Juanito, no sólo confirmó sino que amplió humorísticamente las maravillas hipnóticas. -Hoy es una cuestión resuelta por la ciencia- -decía con la mayor naturalidad del mundo, y esto de la ciencia le hacía abrir un palmo la boca al admirado campesino. -No ha nada de brujería ni de magia- -continuó el doctor- -y todo el mundo ¡juedc hacer la prueba. ¿Todo el mundo? -preguntaba Juan, simulando el mayor asombro. ¡Eso sí que no lo sabía yo! Creía que se necesitaban condiciones especiales. -Nada de eso. La telepatía está al alcance de todos. ¡La telepatía! -exclamamos todos. -i La telepatía! ¿Pero ustedes no han experimentado nunca los fenómenos telepáticos? -preguntó el doctor, muy extrañado de nuestra ignorancia. -Pues eso se hace cuando ustedes quieran. ¿Ahora mismo? ¿Por qué no? ¿De modo que sin movernos de aquí y sin ninguna preparación, nos podíamos poner en comunicación con una persona que está lejos? -Seguramente. ¿Quién de ustedes quiere hacer la prueba en el acto?