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precipitadamente y, olvidairtclo todos sus deberes, pasó la noche admirando su vestido. Al día siguiente, en cuánto amaneció, se lo puso, y fué á contemplarse en el agua transparente de un arroyo; pero como el viento movía la superficie no podía mirarse bien, y se puso furiosa, gritando desesperadamente: ¡Quiero un espejo con marco de plata, que sea digno de reflejar mi figura! El bondadoso Fot trató de calmarla ofreciéndola traérsele aquella misma tarde, y el pobre se fué á buscar á la princesita Salmón. Llegó á la orilla, llamó dos ó tres veces y cuando el salmoncitvO salió, moviendo la cola en señal de alegría, le contó lo ocurrido aquella mañana, el disgusto de su mujer y la necesidad que tenía de llevarla un espejo para que se mirase día y noche hasta que se aburriese de su iDelleza. La hija del salmón se compadeció de él, y le dijo: -Echa el anzuelo al agua y duérmete tranquilo, que yo te proporcionaré lo que deseas. hÍ 2 en cuanto se durmió soñó aue una infinidad, de pescaditos traían un espejo precioso con marco de plata y que lo depositaban á su lado, sumergiéndose de nuevo en. el mar. Pero cuál no sería su asombro cuando, al despertarse, había desaparecido el anzuelo y vio i na luna, clara como el día, rodeada del precioso metal que su mujer quería. Haciendo un esfuerzo lo cogió y volvió á su casa. Fit le colmó de caricias en prueba de agradecimiento y V asee guró que desde aquel momento se consideraba el más feliz de ios insectos. Desgraciadamente no fué así, porque desde aquel día no hubo ni una hora de paz en la casa. Fit no pensaba más que en vestirse y bailar delante del espejo, y Fot, en vista de que la casa estaba sucia y que no había lumbre para guisar, se puso el delantal, encendió la cocina, cogió el plumero, arregló la casa é hizo el almuerzo; pero como no tenía costumbre, primero se quemó, luego tiró la leche y, por último, rompió dos tazas. Esto se repetía diariamente; se iban quedando sin cacharros; el desorden reinaba en absoluto, y cada vez comían peor, dándose el caso de que Fit le regañase porque todo lo hacía mal y le amenazase con abandonarle si no se enmendaba y no aprendía á guisar mejor. Esto puso en el colmo de la desesperación al pobre escarai: ajo, que, aprovechando un momento en que Fit se contemplaba embelesada con su fiel amigo el espejo, se escapó y fué á pedir auxiho al salmoncito. Continuará; -34- UN EXPLORADOR AFORTUNADO CONTINUACIÓN, 7. El monarca empieza á preocuparse al ver que el sabio va desmejorando con el trabajo excesivo. 8. Y le saca en su compañía á deliciosas excursiones y emoeionantes cacerías por las selvas, 9. En las que á veces surgen incidentes que al sabio le hacen ver que- aquello tiene su lado feo. 10. Y más que feo, horrible, pues llega á poner en gravísimo peligro la vida del eminente doctor. II, La oportuna llegada del rey, 12. Por lo que el econocimiento que da muerte á la hicha, salva la del d o c t o r no reconoce límites vida de aquél pozo de ciencia. para con su salvaje majestad. Continuará. 89-