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EinU ER IM eSH fi c MIÉRCOLES PAGINAS FEMENINAS lazar con una bonita imitación de crin, mil veces mejor que todas las t uc hasta ahora se habían hecho. El encaje sigue ocupando un rimer pne. sto; Chantilly ó encaje de acero sobre un color liso, ó un dibujo de cachemir antiguo. La forma Nai) oleón bruscamente levantada por delante, sigue llevándose; cro la gran novedad la constituyen los sombreros inmensos, plats, y cuyo adorno respeta en absoluto la línea. Se dice ue las toques no se volverán á usar más que para viaje. E s una lástima, orc ue no hay nada tan cómodo como una toque ara las correrías de la mañana en un día lluvioso. Yo csi ero que su desaparición no será total, y que conseguiremos conservarla como el complemento inseparable de un taUlcur sim lc. En las toilettes de media estación ha habido pocos cambios dignos de mención. La amplitud de las faldas, á esar de la cami) aña que en su favor venimos haciendo, no es todavía todo lo franca que el buen gusto aconseja, y lo peor es riue los modistos exclaman con acento doloroso en resencia de los modelos ingleses, tan artísticamente elegantes: ¡C est ne fms notrc faiite! Son las señoras las que nos exigen las faldas estrechas. Los grandes contrastes han decaído un poco; las túnicas se bordean con una franja alta (de l o ó 12 centímetros) de pasamanería de seda en el mismo color de la tela. El cuerpo, hechura de kimono, es decir, sin costura en los hombros, se une por un capricho de la moda á la manga llamada brctonne. Tiene cierta gracia un poco gauche, recta; termina en el codo con un puño de encaje igual al de la guimpe, y un bordecito de tercio 5 elo. El tul de Alcncon imi está muy en boga por sus bonitos efectos de transparencia. U n o de los detalles principales de la toilette ha sido siempre el cinturón. Liemos tenido la faja japonesa muy en armonía con el kimono; luego, el noeud moulin, que duró solamente días, y ahora tenemos el na ud dahlia, que á jiesar de ser muy bonito, no reina en absoluto solo. Los vestidos de noche no nos ofrecen nada nucV O. Siempre los cuerpos con la menos cantidad posible de tela sobre encaje ó tul, con viso de gasa, combinando los diferentes coloridos de modo que resulte un tono indefinible. CoNDES. D AP. A CRÓNICA DE PARÍS iS DE ENF. PO Tps indudable que la vida moderna, con su te 1) ril actividad, preciispone el espíritu á la inconstancia. Se hacen tantas cosas de diverso carácter en un mismo día, y los acontecimientos más ó menos dignos de nuestra atención se renuevan tan á menudo, (lie es com letamente im osible aficionarse y fijar la imaginación en algo determinado. La inñuencia de este ambiento cinematográfico c uc nos rodea ha invadido tambi ni la fantasía creadora de los modistos, en ve: ce estudiar detenidamente las necesidades de cada estación, para imir lo cómodo con lo bonito y artístico, lanzan al! i iblico cientos de modelos cada semana, muy extra va. gantcs y totalmente exentos de sentido práctico. De estas anomalías tienen gran parte de reslíousabilidad los teatros. Antes se consideraba el teatro como una escuela de moral, de buenas costumbres y de corrección en el lenguaje; hoy, para una gran mayoría del púlilico, ha ciuedado reducido á un escai: iaratc donde se exhiben las últimas maravillas de la moda, si se trata de los buenos teatros, porque en los llamados de género chico sólo se aprenden un sinnúmero de palabras impropias de ser repetidas por las personas que, por su clase, debían cultivar la pureza de su idioma. Hace pocas noches asistí á una representación, y la protagonista, cjue encuentra al dueño del castillo en el campo y acepta la invitación de éste para almorzar con su madre, se presenta en escena cubierta con un gran abrigo, y al c uitárselo aparece vestida de gasa verde, bordada de plata. ¿Se puede idear nada más absurdo? ¿Es concebible que una señora, por alta que sea su alcurnia, salga or la mañana para hacer una excursión en auto vestida de gasa con plata? Siguiendo estos ejemplos, hemos visto en plena canícula los sombreros de terciopelo, écrasant audazmente los vestidos ligeros y vaporosos, y ahora nos vemos en la precisión de aceptar los sombreros de crin, siirniontant frileuscment, suntuosas pieles, ó soportar el calificativo de dxmodée, que ias elegantes aplican sin piedad á toda la que prescinde un poco de sus caprichosas variaciones. Algunas, menos arriesgadas, forran el ala de icrciopclo; pero no consiguen cpie el sombrero resulte en armonía con las toilettes de invierno, i Por Dios, señoras! H a y que dominar la imi) aciencia; so bre todo, las que no vayan á disfrutar del clima dulce de la Riviera, que dejen dormir en sus armarios los sombreros de crin por lo menos un mes. Los que he visto están exclusivamente adornados con aigrettes ó p l u m a s las bonitas flores de terciopelo ó cabritilla vivieron momentáneamente hoy se ve alguna c ue otra en lo S sombreros de jcunes filies. Como las aigrettes tienen unos precios inabordables, muchas veces se pueden reem- LAS L os trabajos vorita de LABORES manuales suelen ser la distracción falas señoras que viven mucho en sus casas. La lectura y las artes, íii cualquiera de sus manifestaciones, exigen que el cerebro trabaje, y, por lo tanto, no es posible leer, pintar ó hacer música más de dos ó tres horas, y además, estas distracciones -4 5 6 7 8-