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IOS TOROS NOTAS TAURINAS HISTORIAS NOVELESCAS EL A B E N C E R R A J E MANCORNADOR au- -C uándodefué ello? Ginés de Hita, 1l eído tor la obra donde hemos el suceso, no dice, cuál fué el. año; pero puede suponerse que fué en uno del siglo XV. corno había de estar para la fiesta, el Rey, acompañado de muchos caballeros, ocupó los miradores y reales que para aquel efecto estaban dispuestos. La Reina, con muchas damas, se puso en otros miradores de la misma orden. que el Rey. Todos los ventanajes de las casas de Bibarrambla estaban llenos de muy hermosas damas. Y tantas gentes acudieron del reino, que no se hallaban, tablados ni ventanas donde poder estar, que tanto número ¿a, cori- jendo los toros con tanta gallardía y gentileza que era cosa de espanto. Serían ya las dos de la tarde cuando soltaron un toro negro, bravo en demasía, que no arremetía tras hombre que no le alcanzas- e, tanta era su ligereza, y no había caballo que poruña se le fuese. A este toro- -dijo el Rey- -fuera bueno alancear, por ser muy bueno. El malique Alabez se levantó y le suplicó que le diese iicen- n í L El caso es curioso, interesante, novelesco, -y mejor que refrescar con giros del día el relato será dejarlo tal como en la crónica está expuesto. Copio, pues: Paesta la plaza de Bibarrambla de gente nunca se había visto en fies- cía para irse á ver con aquei bravo tas que en Granada se hiciesen, por- toro. El Rey se la dio, aunque bien que de Sevilla y Toledo habían veni- quisiera Muza salir á él y alancearlo; do muchos y muy principales caba- mas visto que Alabez gustaba de salleros moros. Los caballeros abence- lir, sufrióse. Alabez, haciendo reverencia al Rey y á los demás caballerrajés andaban á caballo por la pla-