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M O N Ó L O G O S CAMPESINOS LA ROSA DEL AZAFRÁN El día es del manto. ¡Cómo están de rosa los azafranales! Hogaño dan tanto que algunas roseras ganarán cien riales. A fe que nos cuesta sudor y desvelo desde el arrompió ú sacao de suelo, qu en nadica vienen de pronto los goces sin que antes pasemos angustias atroces. Cuando veo que coge mi Juan los ramales de la yunta parda, y puesto á labrar aprieta la esteva y el palo d ijar, p abrir la besana en broncos rubiales que al romperlos saltan como pedernales, me vuelvo d azogue y m echo á temblar, paece qu el arao surquea mi ser y toico mi cuerpo siento estremecer como el día qu el probé me llevó al aJtas Dejamos la tierra cernía, limpia, pura, monda la cebolla con tanto cudiao que cuando á mi cuerpo doy un jabonao. y aluego la entierro con igual ternura que cuando encunamos una criatura Porque en esta planta too es cosa divnu el heno tan verde... la rosa tan fina... Hogaño nos vale casi un dineral, trece duros libra y el adarme un r ai Si en tantos baldíos dejaran plantar zumaque, olivares, viña y azafrán, seguro tendríamos un piazo de pan sin ir á buscarlo más allá del mar. i Qué angustias. Dios mío, más grandes me dan, ca vez qu enfadao me jura mi Juan que al postre nosotros hemos d embarcar dejando estos campos y valles disiertos, á obscuras la ermita, solicos los muertos, tiraos los ancianos, sin lumbre el hogar! Veo que lasí roseras vienen presurosas, las- cestas al brazo, colmadas de rosas; salieron cantando muy de madruga, y vuelven cantando coplas amorosas, serranas muy jondas y alguna albora. Cuando el sol despunta los azafranales, asemejan prados sembraos de cristales, el rocío qu esmalta el heno y las flores esparce en el aire rayos cegadores, el humo que arroja la tierra mojá, según sube paece luz arrebola, y tantas lumbreras de recios colores encienden las almas en ansias de amorc; y ponen la gente algo dispara. Yo también de joven fui con las roseras á coger la rosa muy de madruga, 3 sentí esas cosas, que son las primeras que siente una moza qu está enamora. Agora m agobia im grave cudiao, y ni sé, ni quiero, ni puedo cantar, que tengo en la guerra un hijo soldao. y otro probetico se marchó embarcao á ver si en las Indias logra un pegujar. En fin, las muchachas están al llegar y, según costumbre, hoy á las roseras como día del m. anto las debo osequiar con uvas pardillas y migas ruleras, magras y torreznos y vino malvar. O. CUARTERÜ riihnio de eíri- or.