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-j B a l d o m e r o ¡U n a libación en h o n o r del señor... Y subrayaba el apellido. P e r o ¡e r a de e s p e r a r ü Alanucl acabó por c o n t a g i a r s e ¡l i s tan difícil s u s t r a e r s e á la influencia de un ambiente, cuando no se tiene la costumbre de vivir en todos sin p e r d e r la cabeza... F a m i l i a r i zado con los escritores y artistas de la tertulia, don M a n u e l se lanzó á e s c r i b i r y s e g u r a m e n t e no pretendió ser actor, p o r q u e á todo el m u n d o le parece m á s fácil llenar unas cuartillas que un escenario. Cultivé los géneros que veía m á s celebrados, mejor dicho, que estaban de actualidad en el elogio de los contertulios. Así, por ejemplo, cuando todos bombeaban los c u a d r o s de costumbres que dieron á uno de ellos legítimo r e n o m b r e D M a n u e l se sintió costumbrista cuando se c e m e n t a r o n les artículos de combate de otro, fogoso luchador, D. Manuel escribió terrible: diatribas c o n t r a el Gobierno que, al ser publicadas, hubiéranle alejado p a r a siempre de la n o m i n a y, ta vez, cambiado su cadenea de oro or otra más pesada y menos visible; cuando se repetían unos versos satíricos, D. Maaucl esgrimió! a sátira... Y, finalmente, el éxito alcanzado per un d r a m a t u r g o popular, acabó de descomponerle, activando su imaginación c r e a d o r a D. Manuel escribió un d r a m a también m o d e r n o y t e n d e n c i o s o La cangrena social. ¡A s í l ¡C o n su c -todo, acaso ¡jara que la gang r e n a fuese más rápida y corrosiva! El mismo dio confidencialmente la noticia, que produjo menos asombro que regocijo. Y esta alegría general subió de punto cierta tardo, cuando al ir lleg a n d o los contertulios v i e r e n á D Álanuel en u n rincón de la cervecería, al lado de uno de los más j ó v e nes compañeros, muy conocido por sus ideas radiea- n i ó n tal vez pensara, como muchos, que los actores pueden e x a m i n a r las obras con menos p r e j u i c i o s Lo cierto fué que un día, previa amistosa solicitud y encargándole el secreto, se llevó á comer á un restaiirant á cierto actor genial y sin c o n t r a í a ¡P r e cisamente por sus genialidades, casi n u n c a estaba contratado 1 Después de comer, porcpie antes se lo prohibió el solicitado, tirando D. Alanuel de m a n u s c r i t o leyó con la entonación debida el p r i m e r a c t o ¡Y aquel gabinete hermético y r e s e r v a d o recibió los p r i m e r o s alientos dramáticos de un h o m b r e de buen sentido que acababa precisamente de perderlo! ¿N o te e n f a d a r á s si te digo una c o s a? -c o n t e s tó el actor cuando lí. Manuel le pedía su opinión s i n c e r a -P u e s b i e n me h a s s o r p r e n d i d o ¡N o te creía capaz de hacer esto... ¡E s admirable, a d m i r a ble... 1 ¡Q u é asunto más o r i g i n a l j Q u é diálogo... i Y qué acto p r i m e r o ¡R e d o n d o r e d o n d o -i P u e s a h o r a verás el segundo! -respondió don- VIanuel resplandeciente. -i X o i T e lo s u p l i c o Déjaine con esta impresión... Quiero meditarlo, pensar en c ¡reparto, componer unas frases de mi papel... ¡P o r q u e eso se estrena, ó yo dejo de ser quien soy... Y levantándose de pronto, el actor genial adoptó Lina postura d r a m á t i c a mascullando unas p a l a b r a s ue á D. Manuel le sonaron á gloria. A los pocos días se leyó el acto segundo, en el mismo sitio y con el propio final. A la semana siguiente se leyó el t e r c e r o Y aquí el actor, torciencío r: n poco el gesto, dijo al d r a m a t u r g o que esperaba ansioso su juicio definitivo: -N o me satisface, Manolo... Está bien, pero muy por debajo de los otros, y yo no debo decirte una cu a por o t r a Creo que debes rehacerlo, y me parece también i, ue deberías añadirle un acto p a r a que lio el de Ciiiacc tan precíiiífado... ¡P o b r e D M a n u e l L a tertulia no llegó á conocer u d r a m a aunque se enteró con tristeza de otro m i s i) enos j or ser m á s intimo... E n g a í í a d o p e r sus a l e d o i e s políticos, fué agotando sus fondos en espera de su reposición admini. strativa, y dejó de acudir á la cervecería, tal vez p a r a que no le n o t a r a n el descenso. Uno de los contertulios dijo que se le h a bía encontrado en la calle y que no llevaba la famosa cadena. Después se supo que aceptó un destino infer i o r á su c a t e g o r í a p a r a una capital de p r o v i n c i a s Si aún vive, s e g u r a m e n t e se r e ú n e alli con los escritores locales, les habla de sus íntimos los de M a d r i d y espera á u n a compañía t r a s h u m a n t e que le r e p r e sente La cangrena sociaL ANTONIO P A L O M E R O les, el cual escribía a f a n o s a m e n t e al mismo tiempo que tomaba café con media tostada. -A h o r a vamos- -gritalía 1) Manuel á los recién llegados. ¡E n cuanto acabe Rafael, que me está echando un oco de socialismo en el d r a m a! ¡D i o s de D i o s ¡C o m o si fuera sal, azúcar, pim e n t ó n ó cualquier o t r a sub. stancia e s p o l v o r e a n t e G r a n d e s deseos tenían todos de conocer La cangrena social, pero D M a n u e l prefirió que la catara u n actor antes de someterla al gusto de la tertulia. A c a s o c r e y e r a en la escasa defensa de su sola opi- Dibujos cb lli; i