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r ét DE PARÍS HENRY BERNSTEIN fT L comité de lectura de la Comedia Francesa reci bió ayer la nueva producción de Henry Bernstein. Esta noticia, publicada por la Prensa parisina, puso en movimiento á los fotógrafos, que anduvieron detrás del afortunado autor para sorprenderle en una postura interesante... Una postura de autor de la Comedia Francesa... La noticia es una pura fórmula, porque el comité de lectura sabía que no podía rechazar la obra... Bernstein entregó el manuscrito con esa condición... Ya dijo que á él no le juzgaban cuatro cómicos reunidos en cuadrilla, por afamados que fueran... La Comedia Francesa esperaba la nueva obra de Bernstein todos los meses, todas las semanas, todos los días... Julio Claretie dijo una noche: ¡Ya tenemos el título... Todos los cómicos se estremecieron de curiosidad. ¿Sí? -preguntaron. ¿Y cómo... ¿Cómo se titula la obra? Julio Claretie se llevó á los curiosos á un rincón de su despacho, y en voz muy baja, dijo: -Se titula... ¡y pres- moi! ¡Ah! -exclamaron todos. ¡Ah! Y por espacio de cinco minutos se quedaron con las bocas abiertas en forma de O mayúscula, y las cejas arqueadas como acentos circunflejos... ¡Apres- moi! En efecto; este es el título de la nueva producción de Henry Bernstein; pero desde que dio el título hasta que entregó la obra pasaron dos años, y cualquiera hubiese creído que Bernstein esperaba que amainase el temporal de aguas que desde hace diez y ocho meses disfrutamos en París... El autor puso el título en el paquete de blancas cuartillas: Después de mí... Y esperó... Efectivamente... Destapáronse las cataratas celestes y descargó el diluvio... Confiemos en que ahora que la obra está concluida, mejorará el tiempo... Ya conocéis á Bernstein... Es el autor de El ladrón, de Israel, de Sansón... Es un judío que ha revolucionado el metier dramático, llevando al teatro situaciones escabrosas, asuntos originales y frases de xa. atrevimiento inaudito... Henry Bernstein es alto, delgado, pálido y rubio... Su rostro afeitado es impenetrable... Marcha, y al andar parece un autómata; se mueve, y sus ademanes son bruscos y rápidos; habla, y sus ojos se iiuminan feroces... Es un hombre que ama y odia con todas las fuerzas de su alma, pero que ha sufrido horriblemente... ¿Por qué? Todo en la vida le sonríe... Joven aún, tiene los teatros abiertos de par en par, gana un millón de francos por año y se ve aplaudido en el mundo entero... Y, sin embargo, este hombre ambicioso pasea por París su alma torturada. Sí... Henry Bernstein l; a sufrido mucho, y como no quiere sufrir más se ha estado entreteniendo en matar una por una todas sus libras sentimentales... ¿Se sentía una vez compasivo? i Pues hay que extirpar la compasión! ¿Veía que invadía su pecho la piedad? ¡Asesinemos la piedad! Y poco á poco su fisonomía fué adquiriendo esa expresión dura, esa máscara impenetrable que hoy nos ofrece... Sus pasiones fueron tempestuosas... Quiso usar y romper sus nervios, y cuando se creyó curado empleó el sistema experimental... Para probarse arriesgó quinientos mil francos en un solo pase de bacarrat, y los perdió sin pestañear... No me negaréis que lá prueba era decisiva, porque Bernstein, ya os lo he dicho antes... ¡es judío! El autor de La Griffe navega en un océano de amargura... Ha visto cómo se desvanecían todas sus ilusiones y ha debido sufrir todos los tormentos de un Ashaverus moderno; nuevo judío errante que pasea su eterna inquietud por los palacios y los granJes hoteles en pleno siglo xx... Hoy es, quizá, un inliferente, un maufutista al que todo da igual... Se na desprendido de ese pesado lastre que llevamos los lombres: el senrimentalismo, el amor, la piedad... Su orazón libró la batalla contra estos enemigos y los v enció, quedando triunfador y soberbio, como un demonio invencible v rebelde... JOSÉ JUAN C A D E N A S