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HARADA ilBPRESENTABLE CONTINUACIÓN y cm 0, y ni una páíabra ra s. (La envuelvCiJ. ¿Qué otra cosa? ¿Pañuelos, puños, bastones; paraguas? SEÑORA PEIMERA DEPENDIENTE Por el momento, no... DEPENDIENTE No quedan, felizmente; En confianza, les diré que era un artículo muy inferior CABALLERO PRIMERO Tengo, perfumería alemana, mglesa y francesa... géneros de punto, medias de lana. SEÑORA SEPÜNDA, ¿Si? Pues dabn el Chasco, porque la vista... DEJE- ENDIENTE No; cóbrese. (La señora da dos duros. DEPÉNDÍENÍE i Oh, la vista extraordinaria! ¡Pero la clase... Un rásete rnuy flojo, con una trama... Corbatas, éstas (Mostrando una caja. inglesas. CABALLERO SEGUNDO ANECBOTAS I N F A N T I L E S PETICIÓN DE MAN O Y yeinticincOj son nueve, y una, diez. Gracias, (Al SEÑORA PRIMERA público. ¿Inglesas, eh? UEPENDIENTE Con su marca. (Leyendo varias. Señores: prima y segunda de la presente charada. (Vdnse Britis, Iritis, britis, britis; las señoras y etítran, dos caba- todas de la Gran Bretaña. Es una clase riquísima. lleros. CABALLERO PRIMERO CABALLERO PRIMERO Muy buenas tardes. DEPENDIENTE S í pero no me hacen gracia. CABALLERO SEGUNDO. DEPENDIENTE caballeros. Felices, Ni á mí. Tengo cakétiñes; CABALLERO PRIMERO CABALLERO PRIMERO Una corbata que vi en el escaparate al pasar esta mañana, que es verde con... DEPENDIENTE Ya lo supongo. DEPENDIENTE ¡Caracoles! CABALLERO PRIMERO De lana, Escocia, seda; CA 1 BALLER 0 SEGUNDO r ¿Que, valen los de seda? DEPENDIENTE Cóñ caracoles, no; franjas rojas. DEPENDIENTE Pues por. eso dije caracoles ¡porque acaba de venderse en este instante. CABALLERO SEGUNDO (Sacando una caja. Estos, que acaban de llegar, nueve pes, etas. CABALLERO PRIMERO Caritos son. DEPENDIENTE. iQué casualidad tan r a r a! ¿Y no quedan más? -14- Si le agradan Continuará. iete años tenía Mozart cuanao le presentaron en la corte de Viena. A pesar de su corta edad, había ya revelado tales condiciones artísticas que su nombre se pronunciaba con el asombro q u é causan los niños prodigiosos. Y los Étnperadóres de A u s t r i a d e s e a r o n conocer al sorprendente niúsJco, alferiófneriÓá quien tanto lealab ba. i. i Estuvo, pues, Mozart en Éalaciq, y allí, fué: objeto de toda clase d e atenciones. U n a vez, caminando ppr aquellas galerías en unióri de las archiduqüesifas, el hiño resbaló y cayó al suelo, haciéndose daño. Y más sé hubiera hecho si una dé las archiduquesitas, M a r í a Antonieta, la que dé píiés fué Reina desgraciada de Francia, n o le hubiese levantado én seguida. Caltnó también sus lágrimas con caricia. s y cariñosas frases, que Mozart agradeció en el alma. T a n t o que, pasado el susto, la dijoá quemarropa: -Yo quiero casarme contigo. M a r í a Antonieta tenía entonces ocho años, y ál escuchar aquella petición d e mano, t a n rápida como imprevista, se puso m u y seriecita, respondiendo: Se lo diré á mi m á ñ i á! Y se lo dijo. Guando su madrea la E m p e r a t r i z M a r í a Teresa, supo lo ocurrido, preguntó sonriendo á M o z a r t i- ¿P e r o qué píetensiónes son esas? A ío que contestó el niñq sublime: -j H a sido t n buena conmigo que quisiera digmoitrarla a i r a títudl y O t r a sonrisa sirvió de comentario á sus palabras. Cofno buen artista, MOzart creía que el. amor es el mejor primólo que. podemos ofrecer en la vida; 11 S