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diaba, durmiendo al llegar la uocne en el quicio de los portales, apretándose unos contra otros para proporcionarse un calor que les faltaba. ¡Oh, me he engañado; son muy infelices... -dijo quitándose rápidamente los cristales. -No debo envidiarles. Por la noche entró en un circo establecido en los alrededores de la población y estuvo admirando á los artistas que, haciendo alarde de su fuerza y de su habilidad, levantaban pesas de hierro macizo, hacían piruetas sobre el lomo de un caballo y daban saltos inverosímiles. Pero lo que más le gustó fué el trabajo de un clown que divertía á los espectadores con sus diabólicas ocurrencias y sus ingeniosos chistes. -A mí me gustaría ser payaso- -dijo para sí. -Ese hombre debe ser muy feliz, la alegría al menos se retrata en su rostro. Y al colocarse los anteojos se presentó ante su vista un cuadro tristísim. o. Vio al cloii n del circo abrazado á un niño de corta edad, hijo suyo al parecer, que agonizaba, y entonces pensó que aquel homljre era muy desgraciado, pues á pesar de la pena que le consumiría, tenía que pintarse la cara y sahr vestido de mamarracho á divertir al público. Julián experimentó el segundo desengaño de aquel día y se dispuso á regresar á su casa. III Al pasar por una calle obscura y solitaria, vio que detrás de los balcones de una casa un hombre escribía sin levantar ni un momento la vista del papel. Juilán le estuvo contemplando largo rato, y pensó: -Ese sí que debe ser desgraciado. Siempre que paso por aquí le veo trabajando. Y al ir á contmuar su camino se acordó de sus mágicos anteojos y se los puso, viendo con asombro á través de sus cristales al hombre que trabajaba, aclamado en el escenario de un teatro por multitud de espectadores que le arrojaban coronas de laurel, premiando de este modo su labor fatigosa. Entonces se convenció de que el estudio y el trabajo son losqu. e conducen á la felicidad, y al llegar á su oasa lo primero que hizo fué abrir los libros y empezar á estudiar. JÓSE RAMOS MARTIN. -10- EL VUELO DE PERICO CONTINUACIÓN Y luego se le soltó la otra... ¡Cayó en la inmensidad del vacío! Apenas hubo lanzado un layt, sintió que alguien le asía de la ropa. Y le colocaba suavemente en un pico muy alto, ¡pero muy alto... i Era también un pico su salvador! Y en seguida llegaron tros... Todos los cuales querían apederse rarse de él... ¡La que se armó... Al fin se quedaron solos, viendo ahuecar el ala á los asaltantes. (Se concluirá. -16-