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NOTAS TAURINAS cándele por carta que la librara del sepulcro er. vida, y Pedro Yuste, hombre de rápidas y enérgicas decisiones, respondió á la violencia con la violencia, robó á su amada, la depositó en casa de unos parientes y se presentó á la autoridad declarándose autor del rapto. v La protección de la condesa de Benavente le libró de ir á presidio, pero no oudo evitar que le condenaran á servir en el Fijo de Ceuta durante cuatro años. Yuste empezó á cumplir su condena, pero al poco tiempo desertó, se pasó al campo moro, renegó, aprendió el idioma árabe y ocupó cargos de confianza en la corte del Emperador de Marruecos, que el año 1807 le envió á España formando parte de la embajada que trajo al Rey Carlos IV unos caballos, regalo del Sultán. En Madrid asistieron los embajadores á una corrida de toros y Yuste el renegado pidió permiso, que le fué concedido, para rejonear una de las reses. Hízolo con mucho lucimiento, lo tuvo mayor aún agarrochando á otro toro, y, por último, se apeó del caballo, cogió un trapo y lanceó maravillosamente, produciendo el mayor entusiasmo en cuantos le contemplaban. Felicitáronle todos los presentes y entre ellos Godoy, al cual manifestó Yuste que no era lo que parecía, que nada tenía de moro y sí mucho de cristiano desventurado, de cuyas tristes andanzas podía informar la condesa de Benavente, que se encontraba entre los espectadores. La caritativa d a m a dio nuevas pruebas de su grandeza de alma obteniendo el indulto de Yuste y enviándole el documento en que tal gracia se le concedía, acompañado de una expresiva carta y de una considerable cantidad de omero. Siete años después reapareció en la plaza de Madrid Pedro Puyana, el más hábil y más popular varilarguero de su época. P. P. CHANELA. ÁLBUM BIOGRÁFICO tamos enterados de que aún está dedicado á su profesión, pero toreando muy poco, cada día menos, én las plazas de los estados mejicanos. Una intransigente terquedad, disculpable por el amor á su tierra y á los fueros de la plaza de Sevilla, pero indisculpable en todo artista que iiecesita de la benevolencia de todos los públicos, le distanció de la plaza madrileña cuando más necesitaba de ella, pues que hacía poco que había tomado la alternativa, y es mucho lo que ayuda á un principiante el figurar en los carteles de la plaza madrileña, primera en importancia por el número de corridas que en ella se celebran. Es muy posible que su afición deca- dedicarse al aprendizaje de la difícil profesión. Ninguno de los obstáculos que encontró al principio le hicieron retroceder, y se presentó en Sevilla cuando tenía veinte años, como sobresaliente para estoquear dos novillos que rejoneó doña Matilde Vargas Zabaleta dOliveira. No triunfó en aquella primera batalla pero no por eso se. desanimó; al contrario, se reavivaron sus deseos, y para- aprender mejor, quiso ejercer de banderillero, lo que hizo á las órdenes de varios novilleros de los más aplaudidos entonces. Después de haber trabajado con éxito en varias plazas, como las de FéUx Velasco. FÉLIX VELASCO I izo concebir grandes y muy fun dadas esperanzas aquel b u e n mozo, de complexión fuerte, con afición grande, que banderilleaba al quiebro, pisaba terreno difícil en los quites y se mostraba valiente al matar, lo que hacía muchas veces en la suerte suprema de recibir. Nadie diría cuando empezó á ser popular entre los novilleros que su nombre se había de borrar ccn la rapidez que se borró, pues que hace algunos años que sólo unos cuantos es- y e r a y al enfriarse sus entusiasmos, paralizase su marcha, que bien podía llamarse triunfal cuando alternaba en las iiovilladas con Ricardo Torres, Dominguín, Valentín, Jeresano, Gavira. Padilla, Vicente Pastor y otros, llegando á ser popularísimo é indispensable en plazas tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia, etcétera, etcétera. Nació en Sevilla el 24 de Diciembre de 1873, y s s padres, después que aprendió las primeras letras, le hicieron estudiar los primeros años del bachillerato, los que cursó con gran aprovechamiento. Sin embargo de esto, pudo más en él la afición á toros y tanto cuerpo tomó en él, que lo abandonó todo por Barcelona y Zaragoza, vino á Madrid de banderillero á las novilladas del año 1896, y como tal trabajó en la corrida de toros que en Octubre de aquel año se ceJebro á beneficio de la familia de Lesáca. Volvió á ensayar con éxito la suerte de matar, y en ella se soltó mucho en las plazas de Castilla la Vieja, hasta que logró debutar en Madrid el 29 de Agosto de 18 7, alternando como matador con Gavira y Padilla. Su trabajo gustó, y al año siguiente tomó parte en cerca de cuarenta corridas en Madrid y las más importantes plazas de España. Igualrnente agradó su trabajo al año siguiente, 1899, y después de hacer gestiones para tomar la alternati-