Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
I I I I I I- I M F 1 H n í n M p A flto A V 1 ÍN doctor eminente- -no recuerdo quién- -dijo en cierta ocasión que en sus múltiples disecciones del cuerpo humano no había tenido la fortuna de tropezar con el alma, ni de rajarla con el bisturí. Decía esto el sabio con cierta sorna científica, como queriendo dar á entender que, ya que él no la había visto, el alma humana no existía; este razonamiento es idéntico al que muchos- -j ay! pudiéramos emplear, negando con escepticismo demoledor la existencia de los billetes de mil pesetas porque no hayamos tropezado con uno desde el día de nuestro natalicio. Es el caso que el humilde servidor de ustedes que scribe estas líneas ha tenido más fortuna que el abio de marras: porque yo, después de estudios sin cuente é investigaciones prolijas, he llegado á saber con toda exactitud en qué sitio del cuerpo humane reside, no el alma precisamente, pero sí una de las más importantes secreciones anímicas- -hablemos en materialista brutal: -el honor. Por el hilo del honor podremos sacar el ovillo del alma; hablemos, pues, del honor con todo el cuidado y la atención que i. sunto tan escabroso requiere. He logrado localizar el honor, como diría un joven ex pensionado en Leipzig, tras infinitas noches en vela, y, después de consultar más de cien volúmenes de uno y otro sexo, he llegado á la conclusión definitiva: el honor reside en las mejillas. Me veo precisado á demostrarlo: insultad á un amigo, zaheridle con el recuerdo de sus pasadas miserias, poned ante sus ojos el espectáculo de algún acto bochornoso por él realizado, y al punto veréis que sus mejillas se colorean y un pavo delator invade sus carrillos desde el vértice de las sienes. ¿Qué es eso? Es el honor sublevado, es la protesta roja de un honor en entredicho que revulsiona más acá de los dientes y de las muelas ¿Cuál es la ofensa que más humilla á un caballero? Una bofetada; ¿será por el dolor que pro- duzca? No, porque más dolor produce un puñetazo sabiamente administrado en los vacíos estomacales. i Será por lo que la bofetada implica de audacia en el que la da y de cobardía en el que la recibe? No, porque más cobardía y más audacia- -respectivamente- -supone un sablazo de 500 pesetas, y todavía no se ha visto que la víctima de uno de ellos envíe los padrinos al peticionario; lo más que hará será enviarle las 500 pesetas se dan casos. Es que la bofetada cae directa sobre una de las mejillas- -á veces sobre las dos, -es decir, sobre el sitio donde radica el honor; abofetead á un amigo, si tenéis con él mucha confianza, y veréis como la ofensa no os la perdona nunca; también os exponéis á ver cómo el amigo se levanta del asiento y os devuelve la ofensa á razón de ciento por una; es la voz del honor, porque nada- ¿habrá que repetirlo -nada mortifica tanto la dignidad humana como un bofetón; nada, á no ser una docena de ellos. Una advertencia: no es que yo afirme que el honor sea cosa material, como los paraguas y la sopa de hierbas, nada de eso; pero, no siéndolo, tiene su residencia en un sitio material y concreto del organismo humano, conforme se sube á derecha é izquierda el rostro. Mil frases populares y comunes lo prueban por modo palmario: dar la cara, se dice del acto de asumir honorables responsabilidades que alguien ha intentado poner en entredicho. -Pero hombre, ¿no se le cae á usted la cara di vergüenza? -A. mí ¿por qué? -Todo se sabe: en el Casino aseguran que es uste el que se ha llevado el abrigo del general. Y no me negarán ustedes que llevarse un abrigo aunque no sea el de uno, es un acto poco honorable. Descarado se le llama al individuo fresco y sin conciencia que no paga á sus acreedores ó que no admira incondicionalmente á, Ibsen. Con qué cara se presenta usted d- nte de m