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mos por su cantidad como por su calidad, figurando entre ellos nuiciías de las grandes casas que son hoy orgullo de la industria española. El pueblo argentino ha hecho la más entusiástica acogida á tan soberbia manifestación y demuestra interés vivísimo por el importante Certamen, cuyo éxito no ha podido ser más brillante. Sería larga de contar la historia de los Pabellones españoles, pues constituye una serie de esfuer. zos representativos de considerable caudal de voluntad y de energía. Cuando la Cámara Oficial Española c. e Comercio, Industria y Navegación que preside D. José Artal aceptó el convite de la Sociedad Rural para tomar parte en la Exposición de Agricultura, muchos creyeron que el esfuerzo estaba ya cumplido. No tardaron en desengañarse; los 1.400 metros que se reservaban á España eran insuficientes para contener los primeros envíos y había anunciados muchos más. La Cámara entonces determinó p r o c e d e r autonómicamente. Hubo algunos que juzgaron aquello una locura. Pero la fe se impuso. La Comisión del Centenario concedió para la Exposición española un terreno de 45.000 metros cuadrados en la zona de Palermo, el denominado Palermo Chico, y aquel éxito aumentó el entusiasmo de los más decididos partidarios de la Exposición, no sólo en la Cámara de Comercio, sino entre la colectividad española. Desde entonces, la Cámara hizo incesantes esfuer- Salón de honor. zos, y por muchas que hayan sido las amarguras de la lucha, hoy celebra jubilosa la victoria, tan merecida y tan brillante. La Exposición española complementa la obra de aproximación política y social de las fiestas del Centenario, uniendo á la Argentina con España por medio de ¡os lazos firmísimos del comercio. DOSPAR. Vista tfeneral del Stadium en el interior de los Pabellones, Pots. M. anjuán.