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ñ afí IHi 3 b V A í B V B T r P M iiT jiJ t X 4 B ifflSSAOr JBKKMVHiii i i ta r S Í Ú: M LA PARTIDA y la puerta, al cerrarse, parece que suspira. i Viaje que nos arranca de los plácidos lares! V olveremos á ver los queridos lugares que abandonamos llenos de ansiedad y amargura? ¿Tornaremos un día de ilusión y ventura? ¿Sabremos que hay amores, brazos que nos aguardan? Gustaremos el goce de las dichas que tardan? Hay algo que se queda para siempre enterrado en los lugares que hemos con pena abandonado, lugares cuyas breves visiones cariciosas surgen un día en medio de las horas brumosas, y otro algo que adquirimos como impregnada esencia y que ya para siempre va con nuestra existencia. Suspiros que se escapan involuntariamente por el lugar querido que hemos abandonado: solamente vosotros, desandando lo andado, volvéis para decirle que no le olvidaremos y que viajamos tristes porque ya no le vemos. Lejos, allá á lo lejos, al final del camino, la casita blanquea como un copo de lino. ¡Adiós... Sólo el recuerdo queda de su fragancia. La casa, poco á poco, se pierde en la distancia. Corre el tren por la parda de la llanura. La madrugada exhala su aliento de frescura. El silencio parece que cobija al paisaje. Todo pasa volando con la inquietud del viaje. El tren ya se ha ocultado, y en el campo abrileña se evaporan las últimas nebulosas del sueno. De azul y oro se tiñe el cielo en lontananza. Un pájaro repite su cantar de esperanza. I. ORTÍZ DE PINEDO. Oihtijo de Rc íd 0 r. La noche huye á los ruidos precursores del día; la casa, que en la paz campesina dormía, des ierta á la brumosa luz de la madrugada, que se filtra á través de la casa cerrada Interrúmpese el sueño á la hora convenida, la activa servidumbre dispone la partida y el huésped se prepara á emprender el viaje cuando el tren estremezca la quietud del paisaje. Los ojos del viajero dan un adiós doliente á la mansión amiga, que generosamente brindóle familiares cuidados cariciosos; al huerto que le ha dado momentos deleitosos; al campo que á la casa le sirve de regazo... á todo da la ingenua ternura de un abrazo. Instante fugitivo, cruel, de la partida; tristeza del viaje, de tantos que en la vida hacemos como obscuros, cuitados peregrinos, por tan inciertas sendas, por tan tristes caminos. Jimoción del momento final, cuando la mano tiembla al estrechar otra, cuando el silbo lejano del tren anuncia al oueblo su llegada inmediata y aún hasta la estación hay una caminata. i Emoción de la marcha! Dícense balbucientes las palabras que intentan brotar indiferentes, apresa al corazón una tierna congoja y los labios palpitan como tiembla una hoja. La planta titubea y á partir se decide. Miramos, y parece que todo nos despide: la casa, el huerto, todo creemos que nos mira,