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Jiijián da vueltas en su cama sin poder conciliar el sueño. El insomnio se ha apoderado de él, y cte vez en cuando abre los ojos para volverlos á cerrar en seguida. De repente, la habitación se ilumina por luces extrañas, y de u a de las paredes surge la esbelta figura de una mujer bellísima. ¿Quién eres... pregunta el joven asustado. No te hace falta saber mi nombre. ¿Qué buscas aquí... -Tranquilízate; no vengo á hacerte ningtm daño, vengo á darte la felicidad. ¿Qué dices... Lo que oyes. Siempre estás quejándote de tu suerte; te cansa el estudio y mil veces me has dicho que cambiarías con gusto tu porvenir por el de otras personas que viven sin haber tenido medios de aprender los conocimientos que hoy rechazas. Eñ vista de ello, yo, que soy el hada que posee el secreto de la vida, voy á concederte la libertad de escoger la proíesión que más te guste; pero como no quiero que te llames á engaño al elegirla, te regalo estos anteojos. Cuando veas á una persona que desempeñe el oficio que tú quieras seguir, póntelos y á través de sus cristales azules contemplarás lo que ahora permanece oculto ante tu vista Y dicho esto, el hada desaparece y las sombras vuelven á invadir la estancia. Julián quédase absorto y se frota los ojos creyendo ser víctima de un sueño. II Á Í á mañana siguiente, al despertarse Julián, encontró sobre su mesa unos arít bjos de cristales azules. Entonces recordó la aparición de la noche anterior y se dijo: ¡Vaya; ha llegado ya la hora de que yo sea feliz! Merced al regalo del hada, podré elegir cómodamente y sin temor á equivocaciones la profesión que más me agrade y no volveré á mirar ninguno de esos malditos libros. Y después que se hubo vestido salió á la calle, llevando en el bolsillo los milagrosos anteojos. No bien había andado muchos pasos, vio á unos cuantos mozalbetes que, vestidos con trajes haraposos, jugaban á los naipes. rr- He aquí una ocupación descansada- -pensó. -Esos jovenzuelos Concluirá. -2- EL VUELO DE PERICO o ver DD ni Perico era el botones de un aviador muy famoso. Un día, esperando á su amo, se le ocurrió pensar: i Qué bien estaría yo de piloto! Y se acomodó en el sillín. Sintió pasos, quiso levantarse y oprimió sm querer la palanca. El aparato emprendió su vuelo y Perico con él muy asustado. Rendido de fatiga, se le soltó una mano á una altura considerable. Continuará,