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Bs al verle, ó se ocultaban en sus nidos ó buscaban los altos palomares para librarse de su cruda saña, ücúrrele un proyecto, y lo ejecuta con astucia y maña. De una pobre paloma que entre sus negras uñas despedaza, las blancas plumas toma, y con ellas al punto se disfraza. Teme, al mirar su traje de soslayo, del sol brillante el encendido rayo, y espera á que, cubierto el horizonte de rojizo celaje, se oculte en Occidente sobre el monte, para lucir su candido ropaje; porque el que ostenta la virtud ajena, al ver la luz, de confusión se llena. Púsose al fin el sol, y el buen milano se acercó á les pajares muy ufano, y vio á bandadas las palomas bellas en las eras buscando el rico grano, ó lentamente obscureciendo el cielo, ir dirigiendo al palomar su vuelo, sin que infundiera su fatal presencia el más leve recelo tanto puede el aspecto de inocencia. Pero ve la ocasión, lanza el plumaje, y se presenta con su propio traje, f as aves inocentes so desbandan, jiian, huyen, y en medio la sorpresa, hace el milano entre sus uñas presa. Tal el malo, de astucia siempre lleno, e viste con la máscara del bueno. así más fácilmente rrasira al precipicio al inocente. EL HORTELANO Y EL PERRO Viejos todos los árboles de un huerto, escaso fruto daban ya por cierto, y á pesar del trabajo, el hortelano no podia pagar en el verano. j (Mi! -decía entre sí, -de la alquería me harán salir; es fuerza economía. Y redujo sus gastos, lo primero despidiendo á un mastín, su fiel portero, y á una huérfana pobre, Cjue se cura de venderle en las plazas su verdura. Puso en el huerto un guarda l) icn pagado, y él llevaba las frutas al mercado. Mas, ¡pobre labrador! de cada día, menos grano su huerto le rendía, y ya ni por asomo produce para el nuevo mayordomo, briste un día en la puerta lloraba, cuando á ver en torno acierta al fiel mastín que abandonó inhumano, que humilde iba á lamer su dura mano. Señor- -le dijo, -en vez de economías, habéis tenido menos granjerias, porque os cebasteis en la parte flaca y os olvidasteis de quien más atraca. ¿De qué sirve el quitar í astos menores I quedan en pie siempre los mayores? BARÓN DE ANDILLA. lana, los recursos de su casa no eran suficientes, sin duda, á llenar cum lidamente su estómago, y para completar su alimentación se hizo artista, se dedicó á la talla, y la ejecutaba primorosamente en la escuela. Otros muchachos de su edad se llevaban á clase V unas tortas muy planas, delgadas, muy metidas en harina y pasadas de fuego, con lo que adquirían una contextura seca y frágil. En cuanto el Negro veía una coscarana (así se llaman aquellas tortas) en manos de un condiscípulo, se le acercaba muy cariñoso y le decía: -i Vaya una coscarana (uc traes! ¡Con esa sí que haría yo un gallo inglés bien plantado! -Anda, sí; házmele- -contestaba el incauto compañero. Y á mordiscos, y sin dejar de engullir, recortaba E L NEGRO. 1 Negro era un muchachito de ocho años, muy mo renb, que asistía, como yo, á la escuela munici pal de mi lugarejo. Hijo de un pobre cardador d E cuidadosamente y con gran habilidad un gallo, con sus galas de cresta, barbas y plumaje, y asi el dueño de la torta se cpiedaba encantado y el Negro con el estómago fortalecido para toda la mañana. T. GA. SCOK