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H O M B R E S DK PARÍS TRISTAN l RiST. iN no se llama Tristan, se llama Pablo; pero estos escritores parisienses, antes que la reputación se hacen el nombre... Un nombre eufónico, simpático, que case bien con el apellido. Tampoco Anatole France se llama Anatole, ni Fierre Loti, ni casi ninguno de los hombres de París que escriben para el teatro, para el periódico ó para el libro. Tristan Bernard quedamos en que no se llama Tristan, porque su verdadero, su auténtico nombre es Pablo. Este Pablo estaba enamorado de Isolda y renunció á Francesca para convertirse en Tristan... Es el autor más popular de París. Viste muy mal, es muy descuidado y usa una barba negra espesa é inculta... Su sombrero de copa es legendario... No le substituye hasta que no se cae á pedazos... Cuando v e m o s á Tristan Bernard por primera vez, de lo que nos enteramos ante todo es de que este hombre está reñido con el sombrerero, con el sastre y con el peluquero. El suele decir que es hombre de mu: ho corazón 3 que posee la virtud más inverosímil en stos tiempos: la gratitud. -Claro! Toma tanto cariño á las prendas que viste, que no puede separarse de ellas... hasta que no le abandonan. Al autor de Triplepattc le conoce todo el mundo y apenas se le nombra en una reunión ó en un círculo de amigos, en el café, en el teatro ó en el club, advertiréis que la- gente sonríe... Son sonrisas de agradecimiento á un hombre que se pasa la vida haciéndonos reír... Los chistes de Tristan se han popularizado tanto, que ya no corre una frase ingeniosa por el bulevar que no se la atribuyan en seguida á este padre de todas las gracias... El caso es que Tristan es serio, muy serio... Es un señor bromista que no se ríe jamás y hace que se tumben de risa los que le escuchan. Es aficionado á gastar las bromas lo más pesaditas posibles, por aquello de que ó pesadas ó no darlas, y aunque abusa alguna vez, todo le está permitido, porque... son cosas de Tristan Suele decirse que por regla general no hay nada más triste que un escritor alegre, pero ésta no sería una regla general si no tuviera sus excepciones. La obra entera de Tristan Bernard, desde L C Í secreís d Etat hasta Le danseur inconnit, es risueña y alegre, y, sin embargo, su autor, en la intimidad, es todavía más jovial y alegre que sus producciones. Su casa está siempre llena de amigas, las más lindas actrices de París buscan su amistad... Tristan Bernard, á pesar de los descuides lamentables de su indumentaria, es hombre solicitadísimo por las damas... Es un hombre alegre y los hombres alegres son los que suelen tener mayor fortuna con las señoras, porque á la mujer no la satisface que la quieran... Prefiere que la diviertan. Pero Tristan Bernard, cuando tiene que ponerse á trabajar, sufre horrores... Es difícil y premioso, necesita rodearse de soledad y aislamiento y en su casa de París esto no puede conseguirlo. Cada vez que tiene oue escribir una obra, sale de su casa, se mete en BERNARD un tren cualquiera y en donde le parece se apea y, sin enterarse de la ciudad en que se encuentra, busca un hotel, se instala y comienza á escribir. Cuando ha dado fin á la comedia, sale a la calle y entonces pregunta qué ciudad es aquella y se dedica á visitarla y á divertirse un poco antes de regresar á París. Al volver, entrega su comedia al teatro y reanuda sus antiguas costumbres... Un día se levantó de buen humor y pensó que él podría ser u n excelente político. Inmediatamente anunció que pre ntaba su candidatura y la Prensa parisiense comentó el acontecimiento, porque no cabe duda que se trataba de un verdadero a c ontecimiento. Dos días después, el simpático burlón se arrepentía y enviaba á los Deriódicos un manifiesto retirando su candidatura. ¿Por qué? Oídle... Por varias razones- -decía Tristan Bernard. -Porq u e parece que hace reir á las gentes mi denominación de nacionalista pacífico... Y o creí que se podía amar la patria y tener horror á la guerra. Esto, por lo visto, es incompatible... Además, yo me he preguntado si poseo bastante cantidad d e civismo para, una vez lanzado en la carrera parlamentaria, cada vez que mis intereses particulares estén en contra del interés general, sacrificarme en beneficio de estos últimos... i Ay! Y he comprendido que no nací para la política... Este descubrimiento no le ha quitado el buen humor... Una tarde del pasado verano viajaba Tristan Bernard en un vagón de primera clase. En el mismo coche iban una elegante dama y un caballero... Tristan encendió su pipa y comenzó á fumar, sin reparar en que la señora tosía á cada instante. E; 1 caballero le llamó la atención cortésmente, pero Tristan, sin contestar una palabra, continuó impertérrito echando bocanadas de humo. Cuando el tren se detuvo en la primera estación, el caballero llamó al jefe para dolerse de la falta de cortesía del fumador. Tristan Bernard, entonces, separóse la pipa de la boca y dijo al jefe de estación; -Lo que puede hacer esta señora es irse á un vagón de segunda clase, puesto que el billete que lleva es de segunda y no de primera... Es posible que en segunda encuentre un compartimiento donde no se fume... Efectivamente, la señora en cuestión llevaba un billete de segunda clase y el jefe la obligó á descender del vagón... Momentos después, el tren se puso en marcha y Tristan volvió á echar humo. -Pero ¿cómo ha adivinado usted que esa señora tenía billete de segunda clase? -le preguntó el caba llcro que se había puesto de parte de la dama. -Es muy sencillo- -respondió Tristan Bernard cor, la mayor seriedad. -Cuando guardó el billete en su bolsillo, vi que era del mismo color que el mío... Y Tristan sacó su billete... ¡que era de segunda En seguida se puso á fumar de nuevo... TOSE Ju. w CADENAS.