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-i Cómo quiere usté que esté, Bardómcro? -repuso el Rastrojo. ¿Como ana casiyá é la feria? ¿No sabusté que está er Señó de cuerpo presente? i Sileqc io! -tTdijo, uf! a yoz- á espaldas de Rastrojo. -Para hablar, á la calle- -añadió con cierta ira una viejccilla que SoUozalja oyendo la palabra áivina. -Compare, vamos á cáyarnos, porque esta gente tiene. mal, yinO: -expuso por lo bajo Bayonetas. Es verdá; vamos á escucha lo que dise er cura, qM pue que cuente argo nuevo. Un instante volvió á reinar en la penumbra del templo el silencio de las grandes emociones. El elocuente orador sagrado describía de un modo ádm rabie y con vivísimos tonos la sublime tragedia dei Clavario. ¡Sed tengo! -decía modulando la voz y prestandp á su acento la más triste de las inflexiones. ¡Sed tengo! I i Uyuyuy, compare! -exclamó en voz alta Bayonetas. -i Lo mismito que el año pasao... i En la iglesia se produjo, cierto revuelo; más de ¡A la calle ese borracho! -dijeron otros en tono peco tranquilizador. -Entonces- -seguía el orador, -uno de aquellos desalmados aplicó á los divinos labios del Redentor una esponja empapada en hiél y vinagre. -i ¡Lo mismito que el año pasao! -volvió á repetir á voz en grito y en tono de chunga el tozudo borracho. i La que se armó entonces! -i A ver! ¡Un guardia! -gritaba vmo. ¡A la cárcel ese tío! -gritaba otro. ¡Fuera, fuera! -gritaban muchos. Interrumpió el orador su sermón y tranquilizó desde el pulpito á los que, ignorando lo que sucedía, pugnaban por salir del templo poseídos del más terrible de los pánicos. Entre tanto, y en medio de un soberano escándalo, fueron arrojados de la iglesia a empujones y á puntapiés Baldomero Torregorda y Ramón Garduña. Dos guardias de Orden público, que acudieron presurosos, se hicieron cargo de los alborotadores. Si íf i- A V cien personas miraron con avidez hacia el sitio de donde había partido aquella irreverente exclamacién. Cayese usté, compare! -suplicó en voz baja Rastro jo. -i Sed tengo! -continuaba el sacerdote. -Y la soldadesca, hermanos míos, acogió con risotadas de júbilo aquellas frases, reveladoras del más intenso de los dolores. ¡Sed tengo... -i N a lo mismito que el año pasao! -exclamó de nuevo Bayonetas. -i Fuera, fuera zumbaron algunos fieles. -i Ea! Vamos p alante- -dijo uno de ellos. -Y derechitos, ó saco la hoja. ¿Ande nos llevaste, amigo? -preguntó Bayonetas. -Presos; á la Casilla. -I- resos? ¿También hoy? ¡M a r ü i t a sea mi ¿sombra... Y Rastrojos, imitando la voz y el tonillo de chunga de su compañero Bayonetas, exclamó, ahogado de risa: Uvuyuy, compare! ¡Lo mismito que el año pasao. PEDRO MUÑOZ SECA. Dibujos de Medina Vera,