Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Cs LA PAREJA KAMELOWSKl COSTUMHRADO la vida madrileña durante A tes años, eraáyo noctámbulo incorregible bastancuando me llevó á una capital de provincia mi destino: un destino de dos rail pesetas con descuento. No hay que decir cuál sería mi contrariedad al tenerme que retirar temprano, pues á las diez de la noche no se encontraba uno por aquellas calles un ser viviente, ni cuál fué mi gozo el día que descubrí un oasis en aquel desierto nocturno, que así califiqué yo un saloncito interior de un hotel afamado de aquella capital, donde de once de la noche á tres de la madrugada se reunían los trasnochadores de la localidad. Fuera al café, fuera al teatro, cuando lo había, que no era siempre, en cuanto daban las once sentía yo la irresistible atracción de aquella tertulia de última Tíora que me encantaba. Cenáculo verdaderamente democrático é igualitario era aquel local en que á las altas horas fraternizaban personas de las más distintas profesiones y jerarquías, desde un alto empicado de la Hacienda pública, que oco. cuidadoso de la privada se jugaba la mitad del sueldo y se bebía la otra mitad, hasta el camarero de guardia y el sereno de la calle, que de rato en rato aparecía por la entornada puerta, porque si, en cumplimiento de las órdenes gubernativas, las puertas del restaurant se cerraban á su hora, nunca se echaba la llave y todos los iniciados sabían que con un ligero empujón estaba la entrada franca. Las riñas de gallos, los lances de caza, los recuerdos taurinos y teatrales, la alta política, la baja y la de estatura regular; -las bellas artes y la crónica escandalosa de la localidad daban variados y abundantes temas á la charla incesante de aquel Areópago abigarrado y curiosísimo. Por si eran pocos tantos alicientes, quiso nuestra fortuna que el empresario del teatro- circo fuera uno de los precursores del espectáculo de varietés en España, digámoslo en honor de su perspicaz iniciativa, pues dieron en hospedarse en aquel hotel los artistas extranjeros y muchas noches se dignaban alternar con nosotros en la velada, aumentando de esta manera nuestro solaz y esparcimiento nocturno. E -trelIas muv notables, misses y mademoiselles aéreas y espirituales, bajaban á nuestro club y compartían nuestros pitillos y nuestro aguardiente de Cazaba y aun del Mono, asimilándose con asombrosa facilidad las ristras de ajos y cebollas de la conversación hombruna de nuestra tierra, tan rica en interjecciones de este género. Antoñete, un sobrino del dueño del establecimiento, que vivía en él y era lo que se llama la alegría de la casa, solía ser eí que nos ponía en autos de todas las novedades en el personal, y una noche entró en el cenáculo, diciéndonos: (Caballeros, gran novedad! Tenemos en casa á ¡los Kamelowski, que debutarán un día de estos. Parecen un matrimonio de veras. El es un tío muy grande y muy serio, de muy pocas palabras. Tiene un miedo terrible á los catarros y yo creo que no habla porque no le entre aire por la boca. Ella es monísima, rubia, metidita en carnes, muy mclosita. Parece italiana. -i Y él? -le preguntó el funcionario de Hacienda, nuestro presidente honorario. ¿El? ¡Cualquiera adivina de dónde es! ¡Tiene un habla más rara! ITabla el castellano de corrido, como nosotros, pero arrastra las erres como un redoble y lo más raro de todo es que ¡jonc la boca parapronunciar como la de un besugo, y todas las vocales finales le resultan oes. -Pero Antoñete del diablo- -le dijo un ex apuntador del teatro Principal que se pasaba la vida haciendo objeciones, -si apenas habla el hombre, según nos acabas de decir, ¿cómo demonios has estudiado su manera de pronunciar? ¡Mira éste! -repuso y ntonio. -Porque cuando me saluda me dice: Buenos dios, buenos tardos y buenos nachos. Por lo mismo que aquella pareja no bajaba nunca á nuestra tertulia y no hal iamos conseguido hablarla ni verla de cerca, sentíamos gran curiosidad y deseáliamos con impaciencia que llegara su estreno para salir de dudas. Yo fui al cabo el más afortunado, merced á los buenos oficios de Antoñete, á quien se le ocurrió presentarme una mañana á los esposos Kamelowski cuando estaban almorzando en el rcstnnrnnf.