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ijji PAGINAS F E M E N I N A S CRÓNICA DE P A R Í S MIÉRCOLES 7 DE DXlEMBnE Tn mi última crónica anuncié que hoy me ocuparía de algo alegre para atenuar la triste impresión que siempre produce el hablar de lutos. Los zapatos de terciopelo negro siguen haciendo furor, á pesar de ser muy feos. Yo, involuntariamente, al verlos, pienso siempre en las zapatillas de invierno que usan algunas personas. Pero puesto que la mayoría los proclama, hay c ue acatarlos. Es el resultado lógico del engojcnient ele este verano por el daini noir, cuyo efecto es muy iarccido, y aunque sus adictos no lo crean lo mismo daim que velonrs ensanchan y acortan el pie, dos cosas que hasta ahora se han considerado como defectos para cjue un pie fuese calificado de bonito. Los que están destinados para toilette de día son completamente lisos; los de noche en demi toilette, se adornan con una hebilla de acero ó de strass. P a r a la verdadera toilette de baile son indispensables los zapatos de tissu de oro ó de plata. Puesto que, sin pensarlo, he hablado de los trajes de noche, describiré algunos de los que han obtenido mayor succés. U n o en extremo fantástico, pero muy original, denominado la robe Moitsmé, es de tissu japonés una especie de crepc muy sedoso, estamijado con grandes flores; la túnica está hecha con malla de cristal y plata, y el cuerpo en forma de kimono incrustado de encaje. Las elegantes se ponen un par de veces en el año alguna de estas toilettes extravagantes; pero generalmente, hasta ahora triunfa el estilo Imperio. P a r a las muchachas jóvenes se hacen verdaderas m o n a d a s el estilo se presta, porque tiene algo muy infantil y mignon. Los colores predilectos son el bleti Natticr y el rose corail; cualquiera de los dos, en muselina de seda sobre fondo de liberty con fichú de encaje antiguo, una faja ancha de terciopelo chiffon con caídas largas y una rosa sujetando ambos extremos. La falda completamente lisa, con un ligero bordado al borde. P a r a señoras de alguna edad he visto un modelo precioso, destinado á una dama española. E s de tissu de plata, tejido con seda violeta de los Alpes, bordado de strass, menudito como gotas de rocío, 3 cubierto de gasa fumée de Londres bordeada de skungs. El revoilage, que al principio de temporada estaba un poquito relegado al olvido, ha vuelto á conquistar el primer puesto, que en justicia le corresponde porque es muy bonito. Generalmente, esta especie de cubre vestidos para que caigan bien se guarnecen con un borde de algo que pese. Si se bordean de piel, deben buscarse los cont r a s t e s por ejemplo: la gasa negra, con chinchilla; la de tonos medios, con marta, y la de co- E lores muy claros, con skungs. Si se desea hacer algo más sencillo, puede substituirse ia piel con un bies de terciopelo ó de liberty bordado con un galón queue de rat. Las toques cada día tienen mayor número de partidarios. Son más prácticas para diario que esos sombreros colosales que tropiezan en todas partes y diiicultan de un modo insufriljlc la entrada y salida del coche, y no digo nada de las molestias que proporcionan á las señoras que van á pie cuando llueve y ven con desolación que el paraguas no puede cubrir su sombrero; para estos casos es indispensable íine toque. U n o de los modelos más bonitos que he visto es de terciopelo negro drapée, con un pequeño borde sobre el pelo de gasa blanca encima una guarnición de piel, dividida en el centro por un cordón de oro viejo, y detrás, hacia el lado izquierdo, voluminosa aigrette blanca ó negra. Resulta muy graciosa y favorece mucho. CoxDESA D ARMONVTLLE. ¿VERDAD Q U E NO? I as mujeres están autorizadas en alguna ocasión para abrir las cartas de sus maridos? Sobre este tema se han desarrollado discusiones tan interesantes como graciosas, tlay quien afirma con profusión de argumentos que cuando en un matrimonio existe la intimidad de ideas y la confianza indispensable á la felicidad, no deben tener secretos el uno para el otro, en cuyo caso puede la mujer abrir sin escrúpulo de conciencia las cartas dirigidas á su mando. Yo me uno á los que opinan en contra. En primicr lugar, creo que un hecho que en sí es incorrecto siempre, no debe realizarse bajo ningún pretexto sin incurrir en una falta que no tiene disculpa ni atenuante, y en segundo lugar, se me figura que precisamente la intimidad y perfecta armonía de ideas 3 el cariño verdadero deben de ser los obstáculos que impiden á una mujer de sentimientos elevados abrir una carta que no esté dirigida á su nombre. Lo que se llama curiosidad, y que gcnerahnentc es lo que sin advertirlo impulsa á personas que pasan por bien educadas á romper un sobre, suele ser una falta de delicadeza, que sin la menor duda llegará á ser muy molesta. Además, el marido que se acostumbra á que su mujer lea su correspondencia antes que él, pierde el hábito de confiarle todo cuanto le sucede y de contarle hasta sus más insignificantes proyectos. ¿Para qué, puesto que ella se encarga de averiguarlo sola? üo hay nada tan bonito como respetar una carta, ni tan halagador para una mujer como que su marido se las lea tedas, y muchas veces, si por algún indicio conoce que su contenido es agradable, que la llame para leerla los dos á un tiempo. El respeto es la base de la felicidad de ua matrimonio, y no debe omitirse el menor detalle para que siempre vaya en aumento y llegue á convertirse en veneración mutua; el primero c ue dé un paso hacia atrás por el camino de las consideraciones será el responsable si algún día se obscurece su dicha. Amables lectoras, no abráis nunca las cartas de vuestros maridos.