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TRAS LA F A L T A VA EL CASTIGO na hermosa mañana de primavera el bueno de don justo iarcia, notario de Cifuentes, salió á hora desusada, y cruzó el pueblo, dirigiéndose á casa de ü Policarpo López, fallecido la antevíspera. Kn el comedor le esperaban los hermanos Gómez, Tomás y Ramón, primos y herederos del difunto, y Manolito, sobrino lejano de todos ellos, que hah ia asistido con mucho cariño á D. Policarpo. Manolo quiso marcharse cuando el notario se disponía á leer el testamc; o; pero D. Justo le hizo llamar á su madre y quiso que los dos estuviesen presentes. Con asoniDro de los herederos, sus nombres figuraban en el documento oñcial. Tomás, no tratando u y- m tí Jb M i 5 -A ti te parece perfectamente porque eres tonto; se! e dará, puesto que no hav otro remedio; pero le adjudicaremos la tierra maldita. -Si él se conforma. -Yo le aconsejo que no la acepte- -observó Juana. El notario intervino para decir que nó cra recto adjudicarle un terreno que sólo producía zarzas. -Que él decida- -dijo Tomás. -Acepto la tierra maldita con mucho gusto, y os doy mil gracias por ella- -contestó Manolito. -Magnífico- -exclamó J omás; -este chico es un sabio. Todos se levantaron para marcharse, y fueron saliendo de la casa. Ramón se quedó detrás y, apoyándose en el brazo del muchacho, le dijo cariñosamente ¿En qué estabas pensando, chiquillo? ¿Qué vas á hacer con la tierra maldita? -J n campo muy fértil, ya verá usted. El tío Policarpo me contaba últimamente que cuando era joven ese terreno le daba una cosecha inmensa, hasta que un año, durante la iega, echó á los pobres que iban á espigar, y desde entonces las zarzas empezaron á crecer é invadieron el campo. Como yo daré á los pobres lo que les corresponde, conforme lo quiere Dios, desaparecerá la maldición. -Pero, criatura, ¡qué tralmjo tan grande! Tú no sabes lo que te va á costar arrancar las zarzas y remover la tierra. En fin, ya no tiene remedio. Cree que si yo hubiese sido único heredero te hubiese dado algo mejor. -Muchas gracias, ya sé que usted es muy dísintcresado. -Se me olvidaba decirte que mi primo nos dijo en una ocasión que sobre esa tierra volaban siempre unos pájaros negros, c ue si alguno pretendía entrar le rodeaban para sacarle los ojos. -Gracias, ya tomaré todas las precauciones necesarias. Cuando Juana se quedó sola con su hijo dio rienda suelta á su furia. ¡Eres imbécil! Todo el pueblo se va á reír de ti, y además, no encontrarás nadie que quiera trabajar contigo. -Va, eso es lo de menos; lo haré solo. En cuanto á protestar, hubiera sido inútil; el tío Tomás no me hubiera dado otra tierra, y además, el tío Policarpo me decía á menudo frotándose las manos: Estoy seguro de que te adjudicarán la tierra maP dita; acéptala, que tu fortuna será su castigo. Concluirá. de disimular su disgusto, dio un golpe sobre la mesa ííxclamanclo: -Por esto no paso. Y volviéndose hacia Juana y su hijo, añadió: -Debía de daros vergüenza quitarnos lo que es nuestro de derecho. -Perdona- -repuso la pobre mujer con timidez, yo no sabía nada. Siempre nos hemos portado bien con Policarpo, y el pobre ha querido recompensarnos. -Claro, á expensas nuestras. Es demasiado duro que la casa sea para ti. -Está tan vieja que el legado no es espléndido; tendrá que gastar un dineral para arreglarla- -añadió en tono conciliador Ramón, -Pasemos por esto; pero ¿qué piensas de la tierra que deja á Manolo? -Ouc debemos dársela. EL GOZQUE Y ELMCHO DE NORIA Bien habrá visto el lector, en hostería ó en convento, un artificioso invento para andar el asador. Rueda de m. adera es con escalones, y un perro, metido en aquel encierro, la da vuelta con los pies. Parece que cierto can que la máquina movía, empezó á decir un día; 2 3 4 5 6 7 8-