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EL ClEGí CUENTO VIEJO janto á un templo muy bonito y de los más frecuentados se cscuchít e doliente grito de un coro de desgraciados. Una viuda, un manco, un cojo una vieja desdentada con un, tumor en un ojo, una chica desmirriada... Triste montón de lacerias y de averías sociales que pregona las miserias más ó menos naturalcsl Pasan los fieles cristianos con el alraa conmovida, dejando en aquellas manos la limosna perseguida; sólo quien teniendo orejas tenga el pecho endurecido, no escuchará tales quejas ó se hará el desentendido. Y la caridad se aplica y ejerce su santa gracia, pues con una perra chica se socorre una desgracia. Como no tengo un tesoro que acabe tanta yo he escogido, en ese coro, mi pobre de preferencia. Es un triste vicjccito, con su traje lamentable. su garirota y úh pertito de aspecto desagradable. Por su clásica figura puede que me conmoviera, pues parece una pintura de Veiázquez ó Ribera; bien que dá pena infinita su prolongado lamento: ¡Una limosna bendita á un ciego de nacimiento! Siempre me acerqué á ese pobre y con impulso ferviente le daba un disco de cobre hasta ayer, prccisamcníe! Hasta ver, Pues deteniendo mi acción, me llenó de dudas... Me! o devolvió: diciendo: ¡Este es más falso que ji. drisíc Y era verdad. Sin fijarme, le di e falso que tenía que á mí acababan de darme con la vuelta en un tranvía... Cálleme un instante, y luego le pregunté con voz queda: -Dígame usted, siendo ciego, ¿cómo ha visto la moneda? kiendo c. mo un bendito, me dijo: ¿Lamento mucho su confusión, señorito! -íPues quién es el ciego? -j 5I chucholl Gil, P A R R A D O Dibujo ríe Medina Vcru.