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parece un cromo inglés, animado por singular prodigio una raya muy fina parte en dos sus cabellos, que caen á un lado y otro, envolviendo en el oro de su seda el óvalo exquisito de la cara; son sus ojos muy negros, y su boca riente es de labios carnosos y bermejos como guindas maduras. E L CORO (canta) Yo me quería casar, -yo me quería casar y mi madre no me deja (Lulú, en voz apenas perceptible, core: la canción. M. NOLO (que avanza) -i Gracias á Dios! Por fin te encuentro. LULÚ (que estaba pálida y nota que la púrpura invade sus mejillas) ¡Manolo... ¿Eres t ú? MANOLO. -Yo mismo; ¿no me ves, criatura? LULÚ (en tono de reproche) -Sí, te veo; pero no me atrevería á afirmar si en realidad ó en sueños. ¡Te vendes tan caro... MANOLO. -j Muy caro! ¡A ver si así encuentro quien me compre, aunque sea barato... LULÚ. -No digas tonterías; lo cierto es que durante mi enfermedad no se te ha visto el pelo; he estado muy grave, á punto de morir, según me han dicho; pero te has escondido de tal modo, que el muerto parecías tú... MANOLO (con seriedad infantil) ¿Quién afirma qiue yo no sea el muerto... LULÚ (asombrada) MANOLO. -Sí, sí; muerto de pena; también las penas matan. LULÚ. ¡Tus penas... Déjame que me ría; las llevas bien... MANOLO (con malicia) -Las llevo bien porque tú estás mejor; al mirarte curada, me olvido de mis penas; y eso que aún no he hablado de las grandes, de las terribles que quizá me aguardan. LULÚ (coqueteando) ¡Si las puedo aliviar... MANOLO. ¡Ya lo creo que puedes! aliviarlas y... amularlas. LULÚ (con timidez) ¡Ah! pues entonces... Hay un corto silencio turbado por la brisa que sopla mansamente moviendo los rosales; se estremecen las hojas y las flores, se estremece Lulú, y el brillante azabache de sus ojos busca con insistencia la ardorosa mirada de Manolo; los dos quieren hablar, pero los dos se callan... E L CORO (muy lejos) Me casó mi madre, -me casó mi madre chiquita y bonita, ¡ay, ay, ay... MANOLO (repitiendo) -Chiquita y bonita... oye, Lulú, ¿pensaría en ti el autor de la copla? Porque también tú eres chiquita y bonita... LULÚ (burlona) -Sí; pero á mí no me casó mi madre. MANOLO. -Ya te casará cuando menos lo pienses; y de fijo que no te casa con quien yo proponga. LULÚ (vacilando) -Dime, Manolo: ¿con quién deseas que me case? MANOLO. -Con... con un amigo mío. LULÚ (riendo) ¿Un amigo... muy íntimo... MANOLO (haciéndose el sueco) ¡Muy íntimo, muy íntimo... i Pschs... j Regular... LULÚ (mimosa) ¿ÍLS el que yo imagino... MANOLO (con sequedad) -No lo sé... Dime: ¿estás ya completamente buena? No temes una recaída... LULÚ (desi) cchada) ¡Recaída... No puede recaer sino el que cae; el que cae (intencionada) el que cae. Manolo. M NOLo (zumbón) -El que cae; tres veces lo he oído. (Pausa; la brisa continúa soplando. ISL CORO (canta lejos) Yo cogí una rosa blanca, -yo cogí una rosa blanca y á mi novio se la di... MANOLO (conmovido) ¿Te acuerdas, Lulú... ¿Te acuerdas de cuando éramos niños, y jugaba- rr. os en este jardín, y cantábamos esas canciones... Diríase que no ha pasado el tiempo; el jardín está hoy igual que estaba. LULÚ (tristemente) -El jardín es el mismo; nosotros, no. MANOLO. -Al revés; nosotros somos los mismos; el jardín, no; sobre él han alentado muchas primaveras... LULÚ (interrumpiendo) -Pero con ellas han nacido unas mismas flores... MANOLO. -Tampoco son las mismas; son otras iguales á las de antes, pero otras... en cambio, yo SO mi pobre rosal que, á travé. de los años, se viste y engalana con unas mismas rosas; las últimas; porque bien sabes que las últimas serán las primeras... y perdona la cita; no puedo dar con otras n ás exactas. LULÚ (mirándole) ¡S i y o m e atreviera á creerte... MANOLO. -Atrévete; de los cobardes no se ha escrito nada. LULÚ (entornando los ojos) -De los ingratos, sí; la ingratitud me rodea y acecha; ha sido la constante pesadilla de mis sueños de fiebre; soñaba en mi delirio... MANOLO (grave) -Yo no he tenido fiebre; es decir, i! i he tenido y la tengo, fiebre interior, fiebre del alma que no acusa el termómetro, y soñaba... LULÚ í nendiente de los labios de Manolo) -Si, cuéntaní s sueños. MANOLO. -Cuéntame antes los tuyos. LULÚ (terca) -No, no, primero tú. MANOLO (inflexible) ¿Estás loca? Las señoras delante. LULÚ (ruborosa y vencida) -Me vi triste y abandonada soñé que me iba de este mundo, y el hombre á quien quería por encima de todos se olvidaba de mí, no se sentaba al borde de mi lecho, no lloraba mi muerte, no me decía adiós ni estrechaba mi mano... ¡qué tormento! M. AN 0 L 0 (lacrimoso) -Yo soñé que el amor de nii vida, la mujer que yo adoro, una muchacha rubia, de ojos grandes y negros, estaba muy enferma... LULÚ (anhelante) ¿Y se ha muerto la pobre... MANOLO (mirándola) -No; está mucho mejor; i) álida todavía, un poco débil, pero, en fin, casi buena... ¿Y tu amigo? LULÚ. -Ya no me hace sufrir, porque ha venido á verme. MANOLO (con enfado fingido) ¡Ah, el miserable! ¿Cuándo, cuándo ha venido... LULÚ (que baja los ojos) -Hoy; esta misma tarde. MANOLO (saltando) ¡Lulú, I ulú de mi alma... LuLÚ. ¡Manolo mío... Las manos se buscan, se enlazan y se aprietan; los ojos, encendidos, se dicen, sin hablar, muchas cosas muy dulces; la tarde muere, las estrellas arden, y el coro canta lejos: Yo cogí una rosa blanca, -yo cogí una rosa blanca y á mi novio se la di... MANOLO (corea la canción) Yo cogí una rosa blanca, -yo cogí una rosa blanca... Lulú se alza des 5 acio está muy encendida; anda torpe y premiosa; se dirige á un rosal, y con tímida mano arranca aquella flor de blancura de nieve. MANOLO (que la observa, continúa cantando) Yo cogí una rosa blanca, -yo cogí una rosa blanca... LULÚ (como la grana Y á mi novio se la di. La flor adorna la solapa de Manolo; los ojos de ella y do él se dicen nuevamente madrigales idílicos; los novios, conmovidos, entrelazan sus manos. La madre de Lulú se asoma á la terraza, y al contemplar la escena sonríe vagamente. La tarde ha muerto; el violento soplo de la brisa sacude los rosales, y cae sobre Lulú una lluvia de flores... El telón baja. Y así termina La canción de las rosas MANUEL DE M E N D I V I L Dibujo de Méndez Bringa.