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F O L L E T Í N D E BLANCO Y NEGRO LOS BANDIDOS DE LA HOGUERA NOVELA POR ELIAS BERTHET Zi CONTINUACIÓN X omó la cartera y la abrió. El Guapo Francisco hizo un movimiento como para arrojarse sobre su pariente, arrebatarle lo que tenía en la mano y huir al campo. Pero la conciencia misma de su fuerza le contuvo, porque llegado el momento del peligro, se complacía en desafiarle. Entretanto, el joven magistrado había abierto la cartera de Laforet y examinaba atentamente su contenido. De repente se estremeció y lanzó una mirada de fuego sobre el Guapo Francisco; éste no se movió, y su sonrisa tomó un tinte más sarcástico. Pero Daniel, atraído por un poderoso interés, había ya vuelto á emprender su lectura. Por último, arrojó sobre la mesa los papeles, é inclinándose hacia Francisco, le dijo con voz sorda y profunda: -i ¡Vos sois, miserable! ¡Vos sois quien le habéis asesinado... ¡Pero yo le vengaré! Ahora ya no podéis engañarme... Os conozco, Francisco Gírodot, escapado de las prisiones de Dourdan. -Y sin embargo, sigo siendo vuestro pariente Gauthier- -repuso el Guapo Francisco. -Si los papeluchos c ue acabáis de leer están completos, no podéis poner en duda estas verdades. ¡Qué vergüenza para nuestra familia... -dijo Daniel con desesperación. -Pero suceda lo que quiera, yo sabré emplear la autoridad dt que la sociedad me ha investido para defenderá... -Como queráis- -dijo con indiferencia el Cuapo Francisco; -pero, ¿podréis ú os atreveré á hacerlo? El Guapo Francisco había calculado hábilmente la impresión que ciertas consideraciones de prudencia debían producir en su pariente, pasados los primeros momentos. En efecto, no tardó Ladrange en prever todas las consecuencias de cualquier acto irreflexivo en tan graves circunstancias. Al fin, un ruido de pasos anunció la vuelta de Contois. El criado llegó á anunciar que el médico y el alcalde del pueblo esperaban en el salón. -Decidles que voy al instante- -contestó Ladrange. Vistióse con prontitud, tomó en seguida los sellos y varios papeles de los que. había sobre la mesa y los encerró en un mueble sólido, guardándose la llave. Terminados estos preparativos, se volvió hacia el Guapo Francisco y le dijo: -No puedo decidir de vuestra suerte antes de, puntualizar las causas de la muerte de ese desgraciado Laforet. La información que voy á comenzar determinará la conducta que en- lo sucesivo deberé observar con vos. Aquí os quedaréis entre tanto, y no penséis en escaparos, porque ahora tengo la. seguridad de apoderarme de vos. La ausencia del joven magistrado, duró más de una hora; Después de hechas las comprobaciones judiciales, volvió al lado de su. prisionero. Encontró al Guapo Francisco trscnqúilo é indiferente en apariencia, como le había: dejado, y después de volver á cerrar con cuidado la puerta, para que nadie pudiese oírles, dijo con tono firme: -Gracias al cielo, no tengo que acusaros del crimen que sospeché en un principio. Esta circunstancia me decide á ser todavía indulgente con vos. El Guapo Francisco se sonrió, murmurando: ¡Bah! Ya estaba yo seguro de eso. -Tal vez- -continuó Daniel con acento solemne- -hubiera debidonmandar que os prendieran inmediatamente tal vez hubiera debido asegurarme ante todo de que no habéis cometido otros crímenes desde que os fugasteis de la prisión. Pero no debo mostrarme implacable con el hijo de mi tío, sin haber intentado al menos algunos esfuerzos para hacerle entrar en el camino del arrepentimiento. Oíd, pues, lo que he resuelto y sabed las condiciones con que estoy dispuesto á devolveros 1- libertad. Vuestra condena bajo el nombre de Girodot ha echado sobre vos la muerte civil y os ha quitado el derecho á recoger la herencia de vuestro padre, que, por consiguiente, recae, según la ley, en los parientes más cercanos de Miguel Ladrange; es decir, en la señora de Mereville, su hermana, y en mí, su sobrino. Pues bien, yo me íomprometo, por mi honor, tanto en mi nombre (orno en el de las señoras de Mereville, á remiti Oí, en el más breve plazo posible, al extranjero las Sumas importantes procedentes de los bienes de vuestro padre, siempre que salgáis en el término ae tres días del territorio francés. -Y en el supuesto de que yo no aceptase esas proposiciones- -preguntó, ¿qué particjís tomaríais, pri aio Daniel? -Os concedería tres días para poneros á salvo, al otro lado de la frontera- -respondió el magistrado con firmeza, -y transcurrido este plazo, enviaría vuestra filiación á todos los agentes de la fuerza pública, á todas las gendarmerías de Francia, con orden de detener, donde quiera que fuese hallado, al llamado Francisco Girodot... -Deseo meditar con calma vuestras proposiciones antes de aceptarlas ó rehusarlas; pero no ardaré en haceros conocer mi resolución. Mientras llega ese caso- -añadió con aire altanero, ¿puedo considerarme enteramente libre para salir de esta casa é ir donde me acomode? -Libre sois, y durante tres días me abstendré de tomar contra vos medidas de rigor, pero coii una condición... ¿Cuál? -Que durante estos tres días os abstendréis vos también de toda maquinación culpable y de todo acto reprobado por las leyes. -Basta- -interrumpió con aspereza el Guapo Francisco, como si ya considerase inútil escudarse en su infame hipocresía. -Nunca me han gustado los sermones ni- las frases retóricas. Ahora, señor Ladrange, lo que me urge es marchar. ¿Estáis seguro de que esa gente del portal no me hará ninguna jugarreta? -Ignoran para qué se les ha llamado y os consideran como un huésped de mi familia. -Entonces, nada se opnne á que me acompa-