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pronto, y, tomando la ofensiva, atacó á César, hartándose de cornearle, y fe dejó hecho un ovillo, acobardado y maltrecho, mientras estallaba un aplauso ensordecedor en la plaza. César se acurrucó. junto a los barrotes de la jaula sin ánimos ya ni para huir. El toro le volvió la escalda, como despreciando á tan ruin ehemigo, y siguió andando. En una de las vueltas que dio Regatero pasó junto á César y se puso á olerle. El tigre estaba inmóvil, cotno muerto; pero cuando menos se esperaba, tiró un zarpazo y enganchó al toro por el hocico. Fué inútil. Regatero se desprendió de él fácilmente, y como castigo á su traición, le corneó repetidamente, hasta qué se dio por terminada la lucha, con gran disgusto del domador Spéssardi, que puso de su parte cuanto pudo para que venciera César. Se había dicho qué la lucha ánraría doce minutos, y duró veintiocho, i César entró en su jaula en cuá. ntO la arrimaron á la jaula grande, y Regatero, hermoso animal, de pelo berrendo en negro, fué ovacionado cuando le retiraron á los corrales; El espectáculo resultó poco agradable, como lo han sido- todos los del mismo género que se han verificado en Madrid. Más vale que no se repitan. P. P. CHANELA. ÁLBUM BICGRAFICO E y S E B l O FUENTES 1 a grave cogida que sufrió este aiHchachó el día 13 toreando en la píaza madrileña ha hecho que se hábie de éí mucho durante los últimos días. y esto es lo que necesita un torero que empieza: que su nombre corra ele boca en boca entre los aficionados. No quiere esto decir que necesite sufrir grandes cogidas (de ¡as qae Dios libre á todos) sino que es preciso ál principiante que el público hable de él, como primer paso para colocarse. Otros tardan más que este joven en hacer algo que llame la atención, pues sin necesidad dé que la popularidad primera se la diera una cogida gra- re, había hecho cosas que le habían producido aplausos y habían dado motivo á discusiones. Esto es esencial para todo el qué piense ser aígutea en los toros. Es Hiuy joven y se da buena maña para torear. Intenta bien algunas suertes j se le ven maneras, y se compreaífe desde luego que ha oído expü- c cfones y que ha toreado mucho sin ferrs. Lo que llamamos toreo de salón, aunque bien podía llamarse de corral. Que ha adquirido esa clase de conocimientos, se le nota en cuanto aparece en la plaza, y la práctica ante públicos inteligentes con toros hechos le hará desechar algunos vicios y olvidar ciertas precipitaciones que á nada conducen. Ha de poner mucho empeño én conocer en el redondel cual es el terreno del toro y cual el del torero. Es esto muy esencial para salir airoso siempre y evitar el riesgo de la mayor parte de las cogidas. Digo esto al hablar de este joven, porque en las novilladas que le he visto torear he notado algunas equivocaciones, que, además de dar credencia! dé ignorancia, pueden perjudicarle múchó. El día que debutó en la plaza madriléñá; al terminar aquella precipitada y valiente faena que hizo con su primer toro, entró á estoquear en un terreno completamente contrario al en que debe entrarse, pues que lá ¡salida del toro era, naturalrnénte, poj- el mismo lugar que tenía la suya el torero. No ocurrió nada, porqué el toro era muy noblecillo y el muchacho hizo todo aquello con tanta rapidez como suerte. La cogida que sufrió el día 13 de Noviembre tuvo su principal causa en el estado del piso. No cabe duda que fué así; pero ¿sé habría escapado el torero al tomar el toro el pase que le ofreció con la salida irremediablemente para las afueras, terreno en él que estaba colocado Eusébió? No olvide el muchacho estas cosas, que son imprescindibles, y cuide de repetir, todas las veces que pueda, la forma de hacer los quites con una sola mano que puso én práctica el día de su debut en dos ó tres ocasiones. Eso y matar, sobré todo matar, joven FuenteSj es lo que nay que saber para ganar dinero con los toros. Se coloca en buen terreno y apunta bien; pero hay que seguir el viaje con mucho coraje hasta lo último con la vista en el morrillo, no en los cuernos ni en la cola del toro, y con la mano de la muleta muy baja. Nació Eusebio Fuentes en Torrijos, provincia de Toledo, el 26 de Septiembre de 1887, i A los pocos años, cuando ya había aprendido las primeras letras, vino á Madrid, y fue dependiente dé ultramarinos en el establecimiento de D. Valentín Martín, calle die Preciados. Le dio por presenciar fiestas tau- riñas y por leer revistas de toros, naciendo en él el deseo de ser actor en el espectáculo. Luchó como todos, y salió por esos pueblos como banderillero de los. modestos espadas Hipólito Zumel, Co- cheritp de Madrid, Mataposuetos y otros. La primera vez que mató fué por casualidad; pero la prueba no pudo ser más definitiva. Fué el día 25 de Julio de 1907, en Ensebio Fuentes. la plaza de Val de Santo Domingo. El espada, que era Cocherito de Madrid, resultó inutilizado en el primer toro, y Eusebio, que iba de banderi-