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PO R ESCAPARSE CONCLUGION Violeta hizo una seña á Insaciable para que hablase. El se adelantó, y, después de inclinarse respetuosamente, preguntó si se veía el río desde la fortaleza; le dijeron que lo podría ver por entre las almenas del lado Sur. Se fué al sitio indicado, y, sacando del bolsillo una cañita, que se hizo inmensamente larga en cuanto estuvo en contacto con sus manos, se metió en la boca uno de los extremos, introdujo el otro en el agua y en dos ó tres minutes dejó el cauce del río completamente seco. lü Rey, tan contrariado como sorprendido, exclamó -En verdad que el poder de este hombre es ma- f ruin deseo, y Mirada de Fuego fijó sus ojos negros en el campo de trigo, que empezó á arder instantáneamente. El Rey, vencido, mandó aue introdujesen á Violeta en la sala donde dormía el furioso dragón que custodiaba al prisionero. lula avanzó con paso ñrnie, la fiera se irguió altiva; pero á la vista del puñalito retrocedió atemorizada. La princesa aprovechó aqueí momento, y, armándose de valor, clavó el puñal en el ojo izquierdo del monstruo, que quedó muerto en el acto, convirtiéndose en una espiral de humo denso y negruzco, en medio de la cual apareció Rodulfo radiante de alegría al verse entre los brazos de su hermana, que le abrazó con cariño, diciendo: -Ya nada ni nadie volverá á separarnos. -Si yo lo permito- -dijo el hada Poderosa, que, al verlos felices gracias á la intervención de otra hechicera, se puso furiosa, y se disponía á jugarles otra mala pasada, cuando la viejecita del haz de leña apareció espléndidamente ataviada, y extendiendo su varita mágica sobre la cabeza de los príncipes, exclamó -Nada temáis, yo os protejo; vuestra desobediencia ya ha tenido el castigo que merecía; id tranquilos á vivir en vuestro castillo, recientemente edificado por orden mía, y no temáis el maleficio del hada Poderosa, porque desde este momento queda convertida en gato negro. ¿Y vos quién sois? -preguntó el príncipe Ro; dulfo asombrado ante tanta maravilla. -Yo soy el Perdón, que está siempre al lado del que sufre con resignación el castigo de sus faltas. MARÍA DE P E R A L E S LA S UER T E (CUENTO) ravilloso pero veremos si puede complacerme con la misma facilidad ahora. -ETable, señor- -contestó Violeta animada por el éxito de la primera prueba. -Necesito que ese núcleo de casas desaparezca, porque me priva de poder contemplar el hermoso valle que se extiende al otro lado de esas viejas construcciones. La princesa miró á Ciclón, que la contestó con un gesto de inteligencia, y acercándose á la ventana sin decir palabra, sopló con toda la fuerza de sus pulmones, y las casas, como si fuesen de pai) el, quedaron completamente destruidas en pocos segundos. El Rey empezaba á inquietarse viendo que perdía al prisionero; se quedó un momento pensativo, y dijo al fin, seguro de que pedía un imposible: ¿Ves aquellos campos sembrados de trigo... Pertenecen á uno de mis mayores enemigos, y me gustaría verlos arder en este mismo instante. Violeta se sonrió ante la insignificancia de tan Unos jóvenes ricos y holgazanes, cabalgando, á tomar el sol un día salieron, en soberbios alazanes, la gala y prez de toda Andalucía. Era la bella vega de Granada y entraron por un valle frondoso al mediodía; hicieron alto, y desmontaron de un ligero salto, dejando cada cual á que paciera su caballo un momento en la pradera, mientras que de su alforja un pienso bueno echábanles de avena ó de Sentáronse sus amos, y por vía de un tente pie, comiéronse una polla, un salchichón de Vích, dos salmonetes, un poco de jamón, cuatro molletes, dejando aire no más en una ampolla de rico Valdepeñas del tiempo de los godos, por más señas. Después que los despojos contemplaron, tendiéronse, durmieron y roncaron. ¡Vida de poderoso, buena, á no ser también vida de ocioso! A muy corta distancia, dos pobres jornaleros, contemplando á estos ricos caballeros. -1 2 3 4 5 6 7