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reloj de sí mismo, el hombre metódico no P. sr i adelanta ni se para... Se diría que es tan seg uro como un extraplano que lo sea, si no supiéramos C ue él no puede tener nada de extra. Esta seguridad es, acaso, la única de sus cosas que á los demás les aprovecha. ¿Qué hora es? dice cualquier vecino del hombre metódico. Y otro vecino le contesta: Las nueve, porque D. Fulano acaba de marchar á la oficina ó la una, porque D, Fulano se ha sentado á la mesa ó las tres, porque D, I ulano sale ahora mismo de paseo etc. e t c Podrá no ser llano en su trato, pero es una llanura el hombre metódico... Carece de historia. Entre sus dos inevitables fechas, sólo puede colocarse las horas donde se compendiaron todos los actos de su vida. Sobre la lápida de su tumba, debería ponerse, por ejemplo, esta inscripción: QUI YACE DON FUL A N O OUE SE ACOSTÓ PARA S I E M P R E A LAS O C H O COMO T O n O S LOS DÍAS Entrad, entrad si os place en la casa de un hombre metódico, v os encontraréis en el templo de la simetría, Y si él es hombre de desiJacho, veréis en su mesa todo en orden y perfectamente arreglado. Será una de esas mesas de trabajo que dan la im resión de (lue allí no se trabaja nunca, y habrá en sus cajones diferentes legajos encarpetados, sujetos con la correspondiente cinta, con sendos letreros expresivos: Recibos Cartas particulares Documentos de interés Inventario etc. e t c Así no habi- á nada que hacer si la muerte le sorprendiera, y se evitarán esos epílogos entretenidos que, á más de amenizar un tanto la existencia, han hecho precisa la creación de todo un Cuerpo facultativo con su natural acompañamiento de escalera abajo. El hombre metódico no da motivo para las diversas interpretaciones de as leyes. El hombre metódico no concede nada á lo ini) H evisto, i Cuan desagradables son estos hombres- reglas, escapados de la escala zoológica y metidos por equivocación en la especie á que se creen pertenecer por fuero de Natura. Y, sin embargo, forzoso es confesar que hay quien los defiende y hasta se atreve á presentarlos como modelo del bien vivir y hasta del bien obrar en ocasiones. Alguien que, revestido de todo c nrini- -ifn cíc i co que deslumhra y sobrecoge, nos dice que es preciso ser metódicos para alcanzar segura y larga vida, como si no supiéramos la diferencia que existe entre vivir y vegetar ú olvidásemos que en extensión se gana lo que en intensidad se j) ierde. Alguien tam. bién que sólo nos asegura la educación de la voluntad por ese camino. ¡Pobre voluntad, que dejará de serlo así tratarla, Como esos infelices niños admirablemente educados, que no se mueven ni hablan en visita sin el consentimiento do sus padres y nos hielan la sangre con su aspecto triste y enfermizo, A mí no nie ¡jai- ece mal el método para ciertas cosas. Para aprender el francés (método de Ahn) para aprender el solfeo (método de Eslava) para ciertas conquistas amorosas (método (íórnz) y demás titiles y recreativos menesteres; pero someter la existencia, de suyo tan varia y tan compleja, á un método que ha de ser forzosamente simple y uniforme, resáltame un absurdo C ue no tiene disculpa. Y en cuestión de método para vivir, creo preferible no tener ninguno. Desagradal) cs son los hombres metódicos, pero, al mismo tiemi) o, bien dignos de comijasión. Porque, aunque así se lo proponen, jamás llegan á la cúspide de su ideal, á ser perfecta y absolutamente metódicos; porque, aun aproximándose á la perfección, no lograrán detener la terrible sentencia que los comprende, como á cada quiscjue, con su onmia pcrccereairr; porque, al ser vencidos, no les queda el recurso de suponer que fué por falta de método, como á nosotros los del bando ccntrarig. Y todo recurso es un consuelo. Los hombres metódicos, además, tienen el deber de no equivocarse jamás, y no se ¡es perdona nunca cuando se equivocan. ¿Quién no ha entrado alguna vez, por curiosidad ó por tentar á la suerte, en la sala del crimen de cualquier casino... Allí habrá visto á esos jugadores que ajjuntan en un cartoncito las jugadas, y sólo aventuran su dinero cuando creen qn. e van á ganar seguramente... Ye los he visto tan hién y he tenido con ello: diferentes cuestiones al ver que se les daba la contraria, Porque nosotros podemos equivocarnos, pero ellos tienen la obligación de acertar todas las jugadas, ¡ó les sobra el lápiz, el cartoncito y el cálculo! Lo mismo se os puede decir á vosotros. homl) res metódicos, que habéis suprimido el mapa de los sueños, y esta pregunta, la más grande de cuantas alientan bajo el cielo: ¿Qué pasará mañana? GIL PyVRRADO. Dibujos de M e d i n a Vcr