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LOS HOMBRES METÓDICOS K í o sé si existirán muchos hombres como mi amigo Pepe. Si acaso existen, sepan que les admiro con entusiasmo y que daría cualquier cosa por imitar su conducta. Mi amigo Peijc come cuando tiene gana, se acuesta cuando tiene sueño, se levanta cuando está cansado del lecho, v hace, en fin, los demás menesteres de la vida siempre que el cuerpo se los pide y no cuando los demás se los imponen. No es éste el verdadero ideal de la existencia... ¿No es así como el hombre puede gozar de su libertad individual, que es el primero y acaso el tínico de sus derechos? Claro está que no todos pueden permitirse el lujo de vivir de esa manera; pero, por eso mismo, hay que admirar á quien lo consigue, y envidiarle también, sobre todo, cuando se vive á la fuerza en la acera de enfrente. ¡Y sin embargo... Al hablar de Pepe, todo el mundo dirá que es un desarreglado, como no diga otra cosa peor. Porque, aunc ue parezca mentira, la humanidad tiende al falansterio y alimenta el terrible deseo de hacerlo todo á toque de campana. Los verdaderos apóstoles de este ideal igualitario, ue no vacilo en calificar de abominable, son los hombres metódicos, cuya extinción me parece más nececaria que ia del miuíeiv, la filoxera, el poit roif ó cualquiera otra de las infinitas plagas que consume- li créditos ordinarios y extraordinarios votados pi Cortes. Los hombres metódicos son at uellüs seres de turados que se parecen á un tren mixto en ir despacio, en ser incómodos v en andar sobre rieles. Sólo se diferencian en que el tren mixto suele descarrilar ó chocar algunas veces, lo cual es ameno v entretenido, mientras los hombres metódicos ni chocan ni descarrilan jamás, para que su vida resulte tan monótona como la soñaron. Nunca hará nada un hombre metódico, si está fuera del método por que se rige. Se levantará, comerá y volverá á su lecho siempre á las mismas horas acatará también invariablemente las de sus diversiones ó quehaceres, no menos invariables; no ingerirá jamas sino lo acordado por él mismo... Se agita en el mundo con la regularidad de ui péndulo y por nada ni por nadie es capaz de salirse del reglamento, que él solo se aprobó en junta general... ¡l í a suprimido los hors d wiivre, que son lo más abroso del consabido banquete de la vida Para el hombre metódico no existe el calendario, porque mide á todos los días con el mismo rasero. Ko precisa tampoco ese gracioso chisme que los demás mortales suelen llevar en el bolsillo del chaleco, ya tangible y sonoro, ya eu una papeleta; convertido en