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mmi En m f PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE P A R Í S MIÉRCOLES 2 3 DE NCVIE. B; r ñ 1 coger la pluma para trazar estas líiien? se me ocurre una idea, y me pregunto á mí mism a Una SLi. ra conivic ü faut debe de tener traje ele casa ó debe salir de su cuarto ya vestida de calle? Mi opinión está en favor del traje de casa; pero, bien entendido, no me refiero á la bata, aunque también la creo indispensable. Toda mujer ordenada y ciue disfrute de buena salud se ocupará de su casa, vigilará todo, hará mía minuciosa visita de inspección desde el salón hasta las últimas dependencias para ver si cada criado cumple con su deber y hacer que no descuiden el menor detalle. P a r a estas primeras ¡loras de la mañana es indispensable tener balas de piqué blanco, cortas y muy sencillas, solamente adornadas con tiras bordadas, soutaclics ó entredoses; en fia, aíg o cjue no dificulte el lavado y planchado y que, al mismo tiempo, sea fuerte para resistirlo. Llegada la hora de almorzar, es necesario hacer otra toilette. Lo más cómodo, no teniendo gente, fuera de familia ó amigos íntimos, es ponerse el vestido que ha de servir para ir á paseo; pero si hubiese alguien de cunipUdo, entonces se i uede utilizar una toilette como la siguiente: faina larga en redondo, de terciopelo cliiffon gris toi) o; cuerpo de tissú de plata, bordado en tonos verdes 3 rosas, desvaiiecitíos, cubierto de gasa gris p k gadita, sujeto en la cintura, subiendo un poco el talle con una banda de liberty del misi. io color, anudada en el lado izquierdo. Al volver de paseo es conveniente desnudarse, porque siempre se trae polvo, y enioj; ces es el momento de recurrir á esos dcl cicjsos tcagin un, que tienen un charnie extraordinario. Reúnen la comodidad del traje de casa, y ai niisiiio tiemuo un aspecto de tenue, correcta y í) ien c j u d u i á a que le hace de una utilidad muy extensa. No siendo en los días de gran recepción, con un teagovou se puede recibir á las visitas y hasta bajar al comedor, cuando, después de la cojnida, sólo se espere á los contertulios diarios. Los primeros modelos de esta temporada se hicieron en pana inglesa; pero no han tenido acepiación, porque la elevadísima temperatura de las casas exige telas más ligeras. -Hasta ahora, ha merecido todas las preferencias el voile ninon, que es una especie de muselina de seda un pociuito más sólida. Los colores suaves y vienx son los más bonitos. Si se cmicrc imprimir al traje de casa un cachet de estudiada senc llez se adornará 1 menos posible: con una c orde re de plata patinada y un cuello de encaje. Si v c desea que resulte muy vestido, entonces la fantasía puede velar á su antojo, y, por ejemplo, cubrir el voilc ninon con una túnica de tul bordado. H e visto un modelo suntuoso y muy original. De x lianneusc fleiir de con un gran paldot de tul bordado, anchamente éciíancré, cruzado por delante con un maravilloso botón de strass antiguo. L échancrure está bordeada con una banda estrecha de skungs. P a r a que el conjunto resulte armónico son necesarias las medias de seda y los zapatos de rosa fleur de pecher, cubiertos de encaje. J, as mangas cortas y el cuerpo una pizquita escotado darán un cachet delicioso á la toilette. CONDESA D ARMONVILLE. ¿EN QUECONSÍSTEEL CHIC. 1 1 na revista extranjera ha publicado una enquéte sobre en qué consiste el chic, dando lugar á una iiifiniciad de cartas llenas de gracia é ingenio. Entre ellas y. iy una que yo creo es la que mejor lo define. Dice así; El chic no es nada concreto. Se compo. e de mil peciueñlsinios detalles i n v i s i b l e s é insensibles en cuaiiLO no están unidos. Se manifiesta en una silho nctte, en una línea, en un movimiento, ó en la gracia de un gesto. Es semejante al alma de las flores... Es un perfume que emana de los espíritus superiores y flota en torno suyo. Del mismo modo que muchas flores carecen de aroma, muc! ¡as mujeres carecen por completo da chic. Es un misieric ele la creación que nadie podrá jamás descifrar. Cuántas veces dcciuios, hablando de una persona que nos encanta: Indudablemente, no es una belleza ni tiene un talento avasallador- se viste bien, pero tampoco deslumhra con su lujo en cambio, tiene un no sé qué que atrae y subyuga. En eso consiste precisareeute el ciiic. Por el contrario, hemos oído mil reces decir: ¿Quién, Eulana... Es una hermosura, ricne una figura escultural y siempre parece un figurín, pero le íalra algo. Justamente ese algo es el chic, nnc, como dice la revista á que me refiero, se compone tic mil pequeneces desconocidas. Pero como todo? los espíritus no son capaces de ereibir ni apreciar esc encanto, patrimonio de muy pf c. s mujeres, h. an vulgarizado la palabra tergiversíiriic su sentado, y la aplican á cualquiera que reúna algu a eu. -didades muy de su gusto. Para vncz, c. chic lo sintetiza una criatura rubia, cip iituí; envue ta en gasas, c ue se mueva indolenteUiC itc y pase l. -i vi. -ia soñando con los oíos abiertos. Pa: a otros, le simboliza un poquito de descuido en el vosLr, la r. xei ijiva libertad del lenguaje y los mírvimlentos varoniles. Hav (piien caHllca de chic á una mujer porc ue lleve lijii S zai) a. tos irreprochables, un sombrero de exíraordin. udas dimensiones ó cualquier otra cosa más ó menos br. nita. N o; el chic es im don que n puede subsistir más que en un ambiente de distinción, de gracia y de inteligencia. Alguien ha dicho que es un privilegio esencialmente parisiense Yo creo que es un don que pi edcn poseer las mujeres de todas las naciones, puesto que es algo intangible que iiace oue unas sean más atractivas cue otras, y en todos los países se encuentra ese tipo de mujer encantadora, no siendo seguramente el nuestro el menos favorecido. ¿Me equivocaría si afirmase que mis simpáticas lectoras, aquellas en cuyas cabecitas se está elaborando la novela de los veinte años, exclamarán, ó al menos pensarán al teruuuar estos renglones: El chic