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ll- l Mii- -i 111 11, IMI. II.I MIWI. I lili liM- -IMIM- I l Útmm, MWIIi i m i i ii FOLLETÍN DE BLANCO Y NEGRO haj- nada. Habré comprendido mal las palabras de Daniel Ladrange, porque si el notario tuviese esos papeles importantes, yo hubiera dado con ellos. Se alejó de puntillas y se acercó á la ventana é hizo con la bujía la seña convenida para despedir á sus compañeros, advertir el movimiento sospechoso de su huésped. -Laforet tendrá que explicarse. Entre los dos le haremos entrar en razón. Oyéronse pasos precipitados en el corredor inmediato, y abriéndose de pronto la puerta, entró Contois pálido y azorado. -i Qué pasa? preguntó Ladrange. IV- -i Ah, señor Daniel! ¡Señor Daniel! -dijo el criado con ademanes desconcertados. ¡Qué desLA CARTERA gracia! Acabo de ir á llamar á la puerta del notario Laforet para darle vuestro recado, y no me ha P 1 siguiente día, por la mañana, Daniel, con za- respondido; he llamado más fuerte, y como no me patillas y de bata, trabajaba en la alcoba que contestaba á pesar de eso, empecé á alarmarme y constituía todo su departamento particular en el entré en la habitación. Entonces volví á llamar, y palacio de Mereville, cuando llamaron despacito á el mismo silencio. No sabiendo qué pensar, me la puerta, y á su invitación entró el visitante, que acerqué al lecho, separé la colgadura... El anciano era el Guapo Francisco, con su capa al brazo, señor parecía dormir tranquilamente... ¡pero estaba muerto! como quien se dispone á marcharse. Daniel le recibió tan afectuosamente como la- ¡Gran Dios! -exclamó Daniel palideciendo. víspera. -r- LHola, hola! -dijo el Guapo Francisco con- -Excusadme, primo Ladrange- -dijo el Guapo indiferencia. Francisco con su meliflua sencillez, -pero no puePero recobrando en seguida su actitud: do permanecer mucho tiempo á vuestro lado, y es- ¿Cómo es posible? preguntó con viveza; -toy decidido á dejar el palacio hoy por la mañana. ese infeliz anciano ha debido forcejear, quejarse, ¡Cómo! ¿Tan pronto? ¿Por qué no habéis de pedir auxilio, y yo, que sólo estaba separado de él quedaros con nosotros siquiera esta mañana? Esta por una puerta, no he oído el menor ruido. noche se firman los esponsales. ¿Quién podía presumir que una emoción tu- -No insistáis en eso, yo os lo ruego, querido viera tan funestas consecuencias? -dijo Daniel Daniel. Sed dichoso con María, como yo sincera- dejándose caer en una silla con los ojos llenos de mente deseo, pero no os empeñéis en que me lágrimas. ¡Pobre Laforet! quede. Ladrange permanecía abismado en su dolor, en Daniel creyó adivinar un sentimiento de delica- tanto que el Guapo Francisco acomodaba hipócrideza en aquella negativa y no reiteró sus ins- tamente su actitud á la de su pariente, sin dejar de mirar de soslayo la cartera del difunto y discutancias. El Guapo Francisco continuó después de una rriendo un medio para apoderarse de ella. pausa: Daniel se levantó. -La aflicción- -dijo- -no debe hacerme olvidar Y a sabéis, Ladrange, que tengo ciertos asuntos de interés que arreglar con el notario Laforet; mis deberes de magistrado y de jefe de la casa, y ¿no podría, antes de marchar, tener una explica- una muerte tan súbita exige ciertas formalidades legales. Contois, tenéis que bajar al pueblo y reción con él en presencia vuestra? -Yo también tengo mucha curiosidad por co- querir de mi parte al doctor Delmas para que se nocer los motivos en que funda el notario su obs- presente aquí inmediatamente, y al mismo tiempo tinada negativa á entregaros vuestra herencia. diréis al alcalde que venga con el doctor. Entre ¿Queréis que le mande llamar? A estas horas ya tanto, se cerrará la habitación donde se halla el debe hallarse repuesto de los sustos de ayer noche. cadáver y no entrará nadie en ella; id á traerme- -Me han dicho que su habitación estaba cerca la llave. de la mía- -respondió el Guapo Francisco con perEl criado salió y volvió á poco con la llave. fecta tranquilidad, y siendo así, ha debido dorActo continuo echó á andar con celeridad hacia mir mUy bien, porque no le he oído chistar en la aldea. toda la noche. Sucedió un intervalo de silencio. Daniel seguía meditabundo y abatido. El Guapo- -Ahora lo sabremos- -dijo Daniel levantándose y saliendo de la habitación para ir á llamar á Francisco imitaba su actitud; sin embargo, sus ojos, medios cerrados, no se apartaban de la codiContois desde el corredor inmediato. Durante su corta ausencia, el Guapo Francisco ciada cartera, y con movimiento insensible acerse quedó solo en la habitación del magistrado y caba su silla á la mesa para estar á su alcance, llepaseó una ávida mirada sobre los objetos que lle- gado un momento propicio. naban la mesa. En medio de los papeles timbrados Daniel se volvió maquinalmente hacia él y rey legajos esparcidos, llamó su atención una carte- paró en la extraña expresión de su fisonomía. Sira de tafilete. Inclinóse hacia adelante y descubrió guiendo la dirección de la mirada del Guapo Franla cifra de Laforet grabada en oro sobre el broche. cisco, sus ojos tropezaron también con la cartera Instantáneamente cruzó por su mente una sos- que el notario le había confiado el día ante ¡Pobre Laforet! -exclamó con tristeza. -No pecha. ¿No contendría acaso aquella cartera los documentos acusadores que el Guapo Francisco parece sino que obedecía á ciertos presentimientos al entregarme estos papeles. Hasta ahora no he había buscado en vano la noche precedente? Extendió la mano hacia el codiciado objeto, querido tocar á ese depósito, pero las circunstancias actuales exigen imperiosamente que no ío repero, ai; ir. á- cogerlo entró Daniel. jVaya, vaya! -dijo el joven magistrado, sin tarde. Contimmi á-