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POR ESCAPARSE CONTINUACIÓN Era tanta su ilusión de verse solos y dueños de su voluntad, que calcularon mal el tiempo, y cuando pensaron en volver al castillo ya era tarde. El hada había descubierto su escapatoria, y en el colmo del furor prometió veng- arse de los insubordinados príncipes. Haciendo uso de la varita mágica, hizo creer al Rey de un estado vecino que el príncipe Rodulfo iba á su encuentro en son de guerra, y le aconsejó que enviase sus tropas para evitar una sorpresa. Las tropas acudieron inmediatamente (las hadas todo lo pueden) y sin atender á razones le hicieron prisionero, dejando á la princesa Violeta sumida en la desesperación. Cuando fatigada de llorar y convencida de que sus ruegos eran inútiles decidió volver al castillo, se le apareció Poderosa, la cogió entre sus brazos, y la transportó en un decir Jestis á lo alto de una colina para que presenciase el formidable incendio que estaba destruyendo su palacio. La pobre princcsiía no pudo soportar tantas emociones, y se díísmayó. Sola en el mundo, sin hogar ni protección, recorría Violeta bosques y ciudades pidiendo limosna, cuando uia tarde vio venir á una viejecita cargada con un haz de leña: la dio lástima, y se acercó á decirla. con mucha dulzura; lo que esperaba, viendo con gusto que la desgracia no ha destruida en tu alma el sentimiento de la caridad. V loleta no se atrevió á decir palabra; pero en sus hermosos ojos se reflejó el deseo de interrogar á la anciana, que prosiguió de esta manera: -Sé toda tu historia, y vengo á enseñarte el medio de libertar á Rodulfo. -i Ay, señora, qué buena es usted! -No soy buena; pero me gusta ser justa. El hada Poderosa os ha tratado con un exceso de rigor, y yo, com adecida de vuestra desgracia, vengo á socorreros. Tu hermano está en aquella fortaleza, cus- todiado por un dragón, que nadie ha podido matar; sólo este puñalito podrá darle muerte. Tómale, é ingeníate para entrar en la fortaleza. -Si yo fuese hombre- -suspiró Violeta. Apenas pronunciadas estas palabras, se encontró ataviada al uso de los guerreros de la época. -Ahora- -exclamó- -me gustaría que alguien me acompañase. -Ya tienes escolta- -repuso la viejecita, y de su haz de leña salieron tres hombres altos y fornidos, que atendían á los nombres de Ciclón, Insaciable y Mirada de Fuego. -Id sin temor, pide permiso para ver al Soberano accede á todas las condiciones que te ponga para el rescate, y el triunfo será tuyo. La viejecita desapareció, y Violeta, seguida de su escolta, se dirigió á la fortaleza. Pidió y obtuvo autorización para ver al dueño y señor de aquellos Estados, y le expuso su deseo. -Serás complacido si eres capaz de hacerme tres favores. -Pide lo que quieras- -contestó Vi leta. -Necesito que el río que separa mis dominios de los del príncipe Rodulfo se seque. Continuará. V LA T O R T U G A VOLADORA Allá va un caso tomado de un viejo libro de fábulas tai como, en forma de cuerit. mi abuela me lo contaba. Pues señor... allá en los célcl tiempos de Mari- Castaña, donde, según las historia: les animales hablaban, érase una gran tortuga sumamente aficionada á los viajes, que quería recorrer tierras extrañas pero como las tortugas ya se sabe lo que tardan en ir de una parte á otra, estaba desesperada. Dónde voy yo- -se decía con esta picara marcha, si para andar una legua necesito una semana? Y renunciando al proycct. de viaje aue la encantal a, quedó la pobre tortuga llorando muy apenada. -Dos águilas que la vieron -12 3 4 5 6 7 S W SS 7 ¿Quiere usted que la lleve la leña? Debe de ¡asar mucho, y si va usted lejos, se va á cansar demasiado. -Gracias, hija mía, ya hr llegad; al término de mi viaje; iba á buscarte, y te, he encontrado antes de