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l A -sV l íi f l) r í UA V JÍ J k iü: por el ílolor en la tierra... J u n i o á los pinos soberbios se extiende lui i) rado de fresa- jimto á los cardos silvestres, roI) Usf a encina se eleva. Todo en la vertiente honda del arroyo lozanea, los lentiscos y las llores, los árl) oIes y la hierba! Y son una cabalgata que en busca lel río fuera, y ue avanza silenciosa por el cauce hasta la vega, como roecsión solemne del cortejo de una reina, del Guadalquivir amada y á la que en remanso es cra. ¡Oh, vertiente del arroyo, eterno Abril de la sierra! Y o contem lo la hermosura montaraz (ue te rodea: arriba, los pedregales calvos de cumbres desiertas; abajo, como un hechizo, í) rotan flores en las grietas de las rocas ¡con sus besos, el regato las despierta! Allá, las águilas locas que se ciernen altaneras; aquí, diminutos pájaros de vivos colores vuelan, y entre las ramas se dicen sus amorosas querellas, En la cumbre, el sol ardictite; en el cauce, sombra fresca y el puro cristal del agua, cuya sin par transparencia parece ser el espejo de zagalas que no llegan... En el arroyo tranquilo, cs lcndor cíe vidr nueva, y en la. cimas orgullosas, la soledad de las eñas. Allá se forja el consorcio del rayo y de la t o r m e n t a aciuí, la paz y la dicha como uní- santa pareja... ¡AiC uí, el jardín admirable, que i arece una cjuimera, el bello jardín, tesoro dcí corazón de ía sierra! E. efugio para el que sufre y gloria para el que sueña, i Vengan á vei- lo los tristes, y á cantarlo los poetas! F. CORTINES Y MURUBE HAY UN JARDÍN EN LA SIERRA De im arroyo en la vertiente hay un jardín en la sierra, jardín de flores bravias y de montuna belleza. Crecen a uí los rosales con el romero y la adelfa, y aquí se yergiien los álamos y un acebiuchc verdea. Tiene á sus lados los muros (le riscales ue lo cercan, y en el fonclo, caprichosa escalinata de piedras. Oyese correr el agua que los peñascales besa: ¡El agua de cien veneros, por los que ríe la sierra! Lejos de él están las minas, lejos también las haciendas, i Que es un jardín solitario este jardín de la sierra! N o bajan los jabalíes á destrozar su belleza, que es un sagrado recinto la incomparable floresta, y en su dulce apartamiento los ruiseñores la celan, como divinos guardianes ocultos en la arboleda, E s un lugar de reposo en la virgen aspereza de las abruptas montañas y de las agrias dehesas; paraje de encantamiento leí hada Naturaleza, i y nido de hechicería que formó la i rimavcra i Vengan á verlo los tristC v á cantarlo los ¡poetas! Verán junto á los zarzales los brazados de azucenas, V al par de hirsutos espino las humildes violetas; rejo mazo de claveles verán surgir de la hierba como un milagro de fuego q u e deslumhra y embelesa... H a y un vergel de elindas de amapolas, una senda; un lindo bosque de sauces, alio de gentil belleza para el amor, que la muerte y el amor se com 5 enctran: ¡Son constantes aliados r N -V