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Eni PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES 9 DE NOVlEMBiíE ontinuando la tarea empezada en mis anterio res crónicas, hoy nos ocuparemos de los sombreros, que, hablando en verdad, son la mayoría monísimos, pero vemos algunos que hacen temblar al buen gusto. La moda actual es atrevida y necesita un arte exquisito para no caer en a m a n e r a m l c t o s ó exageraciones de un efecto deplorable. Hace algunos días paseaban por el Bois el conde de M. y Mr. de la R. y su conversación basaba sobre la belleza de dos distinguidas americanas recién llegadas á París. El conde so. stenía que la de los ojos negros era mucho más perfecta que la rtibia, y su amigo afirmaba que había oído asegurar lo contrario, pero que él no las conocía. A imos cuantos metros más allá, paró un automóvil, del que bajaron dos señoras; el conde exclamó: Míralas, esas son y detuvo el paso para cruzarse con ellas miuy despacio. P e r o i qué decepción! Mr. de la R. hizo todos los esfuerzos imaginables para verlas; empeño inútil. Sus sombreros, encajados en la frente y con un ala cloche que bajaba hasta la altura de la nariz, hacían imposible admirar su belleza Casos como éste he oído muchísimos, y realmente es una lástima que las caras bonitas pasen inadvertidas por seguir una moda que seguramente (ahora que no me oyen) inventó alguna fea. Las toques de piel son deliciosamente elegantes, como también los chambergos de nutria, levantados por el lado izquierdo con una pluma de faisán. Los sombreros de fieltro peludo son los más á propósito para diario. Se adornan muy poco, con un pájaro ó solamente con un lazo de liberfy. P a r a toilette de visita ó recepción, como siempre, siguen imperando las plumas, pues aunque alguien se ha empeñado en relegarlas á un segundo lugar, creo que no llegará á conseguirlo y que las plumas serán siempre el adorno predilecto de los sombreros para las grandes solemnidades. E n t r e los más originales se puede citar el de forma niniche, con calotte drapée de terciepelo, un encaje gordo en forma de banda y cocarde de seda sobre el lado izquierdo. También ha tenido gran aceptación otro modelo, con el ala de terciopelo y la calotte cubierta por completo con tres ó cuatro armiños enteros con cabecitas y patas. L a piel de un bicho cualquiera, en su forma natural, con patas, cola y cabeza, caídos como llovidos del cielo sobre un sombrero de fieltro ó terciopelo, es la última palabra de la moda, procurando que los colores del uno y el otro sean lo más parecidos posible, si no son exactos; exceptuando el contraste favorito del m o m e n t o el blanco y negro. P o r ejemplo: sktmg sobre fondo blanco y armiño sobre negro. P a r a esta clase Je sombreros hay que adoptar peinados sumamente plats; pero como á todas las fisonomías no les van bien esas severidades, es muy conveniente tener unos cuantos grupos de ricitos dispuestos sobre el tocador, y al volver á casa y quitarse el sombrero, en un momento se puede transformar la cabeza. Por cierto que, afortunadamente, tienden á reducirse, conservando sus proporciones naturales, en vez de aquellos monumentales peinados tan poco artísticos. CONDESA D A R M O N V I L L E LA EDUCACiON DE BEBÉ 1 os niños, que, generalmente, son tratados con cierta indiferencia, más ó menos cariñosa, mientras son chiquitos, deben ser, por el contrario, tratados con una atención, nunca bastante exagerada. Muclias veces se oye decir á una madre buenísima, que adora á sus hijos: Ahora no me preocupan, son muy chiquitos; luego, cuando empiecen los estudios, será cuando se acabe mi tranquilidad. ¡Qué error tan grande! La educación de los niños debe de estar hecha cuando vayan á parar á manos de maestros ó institutrices. Esto parecerá á muchos un al) surdo, y no serán pocos los que piensen que mientras no se tenga uso de razón no es posible corregir á un angelito. Seguramente; pero la educación á que yo me refiero no necesita acudir á correcciones, ni mucho menos á castigos. La educación perfecta, la que no se olvida nunca, se inculca en los niños con el ejemplo, que es el mejor maestro. Al ser un niño mañoso, nunca es justo acusarle de su falta; debe pensarse que las personas que le rodean son caprichosas y mal criadas. Los pequeños son fieles imitadores de todo lo que ven y oyen, y con la misma facilidad que aprenden un idioma extranjero, poroue lo oyen hablar constantemente, aprenden á moverse con distinción, á expresar sus deseos y sus contrariedades con dulzura y respeto, no usando nunca ese vocabulario, tan usual desgraciadamente, que ha nacido en los teatros del género chico, y que á fuerza de repetirlo en broma se ha convertido en costumbre. No hay nada que más entusiasme á todo el mundo, sin excepción, como un niño bien educado, ni hay nada más fácil que conseguirlo, naturalmente, para las personas que se mueven en el ambiente que respiran las amables lectoras de La Mujer y la Casa Para convertir una niña en una mujer perfecta es necesario rodearla desde que nace de un verdadero lujo de precauciones morales. Su inteligencia y su corazón son de cera, donde se graban las menores impresiones; si son buenas, la base será sólida para soportar sin sucumbir las tempestades de la vida; pero si, por el contrario, son defectuosas, la pobre criaturita será siempre víctima de sus defectos. Mrs. Reed, persona de extraordinario mérito que ha hecho grandes estudios sobre la infancia, asegura que para hacer feliz á la mujer es necesario educar á la niña, y que para que ía educación sea sólida, profunda y verdadera es necesario que el niño no sospeche siquiera la existencia de las faltas que se oponen á ella, hasta que su razón pueda comprender lo que está bien ó mal hecho.