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áss- c r JZ P o Se juega entre dos, y cada uno de los jugadores dispone de cinco peones de diferente color, para evitar las confusiones. Se echa á suertes la salida, por cualquiera de los procedimientos conocidos, y el jugador á quien le toca salir coloca uno de sus peones en el punto que quiera. El otro hace lo mismo, y esto se repite hasta que están colocados todos. Ya situados los peones, se van moviendo sucesivamente, hasta que cada jugador coloque todos los su 3 os en cualquiera de las tres líneas transversales que tienen cinco puntos. Tal vez alguno píense que como al empezar el juego cada jugador puede colocar sus peoneí, donde quiera, los pondrá seguidos en una de las líneas indicadas; pero esto es una inocencia, pues el contrario se cuché á mí misma... Pero ai cabo de algún tiempo, íomo yo sólo podía reproducir mí son, empezó á reraltarme monótono, y aburrida, sin fuerzas ya para ontinuar mi labor, me decidí á volver á vuestro lado. -Y has hecho bien- -dijo el Sol. -Aqiú nada te ha le faltar. Déjate de correr en busca de aventuras y onfórmate con tu suerte, como nosotros nos conformamos con la nuestra. -Tienes r; zón, fui una loca- -murmuró el Fa. -No- -agregó el Sol. -Lo que te ha ocurrido es lue te cegó la vanidad y quisiste hacer tú sola lo que in la unión de nosotras es imposible. JOSÉ RAMOS M A R T I N FÁBULAS ESCOGÍ DAS EL ÁGUILA Y EL LEÓN El águila y el león gran conferencia tuvieron para arreglar entre sí ciertos puntos de gobierno. Dio el águila muchas quejas del murciélago, diciendo: ¿Hasta cuándo este avechucho nos ha de traer revueltos? Con mis najaros se m. ezcla dándose por uno de ellos, y alega varias razones, sobre todo la del vuelo; mas si se le antoja, dice: Hocico y no pico tengo, ¿como ave queréis tratarme? ¡Pues cuadrúpedo me vuelvo! Con mis vasallos murmura de los brutos de tu imperio, y cuando con éstos vive, murmura también de aquéllos. Está bien- -dijo el león; -yo te juro que en mis reinos no entra más. Pues en los míos- -respondió el águila, -menos... Desde entonces, solitario salir de noche le vemos, pues ni alados ni patudos quieren ya tal compañero. Murciélagos literarios que hacéis á pluma y á pelo, si queréis vivir con todos miraros en este espejo. Toitós DE IRIARTE. EL J U E G O DE LOS CINCO P U N T O S g s t e juego es tan divertido como todos los que venimos publicando para recreo de nuestros pequeños lectores, y también muy fácil, puesto que sus reglas son semejantes á las de otros juegos análogos. Hay que hacer un tablero de la forma indicada en este dibujo, con sus 21 circunferencias, ó puntos, para decirlo más expresivamente, y con sus líneas bien trazadas, á fin de que resulten muy visibles. encargará inmediatamente de estropearle la combinación. Hay que desechar esa idea, por lo tanto, y sujjoner que cada peón está colocado donde buenamente pueda colocarle el jugador. El que primero consiga poner los cinco en una de las líneas indicadas, será el vencedor. Las reglas son las de costumbre: no se puede mover más que un peón cada vez, hay que seguir los caminos trazados y tampoco se permite saltar por los puntos ocupados, ni andar sino de un punto á otro, sin dejar ninguno libre en medio. Puede ocurrir que cualquier peón se quede rodeado por otro, y, por consecuencia, inmovilizado. Entonces, si ambos jugadores se encuentran en el mismo caso, pueden llegar i. un acuerdo: el de libertar esos peon- s esclavizados y colocarlos en otros puntos que les parezcan admisibles. Conque, ya lo sabéis... ¡Practicad este juego y divertios mucho!