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ñ? m ER m (smn PAGINAS FEMENINAS m CRÓNICA DE PARÍS MIFRCOI ES 2 DB NOVIEV. B R p n mi crónica anterior prometí hacer una des cripción de todas las toilettes que necesita una señora. Hoy confirmaré la tarea empezada hablando de los vestidos de baile. H a y que convenir en que son deliciosamente bonitos; en tissus lames de oro ó plata, en brocado ó en tul perlé; su estilo fluctúa entre Luis X V I Directorio ó Imperio. Las grandes casas, todas sin excepción, recuerdan más ó menos visiblemente una de estas tres épocas, y ninguna puede engreirse de su originalidad, porque, examinándolas despacio, pronto se advierte que los modelos están inspirados como forma y colorido en antiguos grabados de la Biblioteca Nacional. Esto no merece censura; muy al contrario, más vale inspirarse en cosas bonitas, aunque sean antiguas, cjue crear novedades des rovistas de belleza estética. P o r consiguiente, los trajes de baile tienen el talle corto, pues el Luis X V I que está en boga, es el Luis X V I de los primeros dias de la revolución. Escotes completos, con los brazos desnudos casi enteramente; la mayoría de estos vestidos llevan coselete de cordones de oro, formando enrejado, con perlas y sujetos en los hombros con tirantes. El talle alto y el coselete encima, dejan el cuerpo reducido á la menor cantidad posible de tela. P a r a las grandes comidas ó recepciones, vuelven las colas muj largas, casi como los mantos de corte, de forma cuadrada; para la ópera y comidas íntimas, la cola será más corta y puntiaguda; también se iiacen con dos picos rematados con borlas; es gracioso y de una novedad inesperada. Se empican mucho las telas rayadas para trajes de noche, siendo, como es natural, de un supreme chic las auténticamente antiguas; pero las imitaciones son tan bonitas y están tan bien hechas, ciue hasta los más inteligentes en esta materia suelen confundirse. Con uno de estos vestidos he visto el nunca bastante ponderado fichú de muselina de seda blanca, sencillamente prendido con ima i- osa France. Es ideal. Con los vestidos dixhuitiéme s e t r a t a de resucitar el peinado alto, con los bucles cayendo sobre el cuello, que favorecen tanto y son graciosamente elegantes. E s un peinado muy seyante y que, con los pendientes largos, tiene un encanto extraordinario. A h o r a pasemos á ocuparnos de los abrigos. El triunfo indiscutible es para los de liberty negro. Su sencillez permite usarlo á todas horas y sobre cualc uier vestido. Se hace en forma de saco, cruzado y sujeto con un botón de pasamanería. Los abrigos de noche son muy anchos y ligeros, con las bocamangas inmensas. El fondo, generalmente de voile de seda, se guarnece con una banda de piel por abajo, que puede ser de topo ó petit gris, si no se quieren emplear pieles demasiado caras. Casi todos tienen tm gran cuello formando ca- pucha, pues sabido es ya que la capucha ha destronado al cuello marinero. Estos abrigos, tan bonitos como poco prácticos, porcjuc su cachet especial consiste en la soiiplesse de la tela, y por lo tanto no pueden forrarse, serían intolerables sin el apéndice que la casa P ha ideado. Debajo del abrigo de voile coloca un gabán largo, con poco vuelo y mangas medio cortas de armiño ó cualquier otra piel suave, forrado de seda y apuntado solamente en el cuello, para que el abrigo no pierda su graciosa y flexible pleguería. Esta idea es digna de todo elogio, porque evitará muchos catarros. El año pasado hicimos una verdadera déhauche de pieles, y algunas de sus fieles admiradoras temían que después de tanto entusiasmo decayesen un poco este invierno. Su temor, afortunadamente, no se ha confirmado; las pieles seguirán siendo obligatorias y necesarias para todo género de toilettes. Gracias á la amabilidad de un peletero que dirige una de las casas mejor montadas, puedo dar detalles exactos sobre lo que constituye la última palabra de la moda. A pesar de la fama de inconstantes, qiue injustamente nos da el mundo, seguimos siendo fieles á nuestro encanto de la temporada p a s a d a el skung sigue siendo el rey de las pieles. Realmente merece serlo, porc ue su color obscuro y su solidez hacen que sea una piel de mucho uso. Este año ha aumentado bastante sti valor; pero todavía es una piel abordable, á la que recurrirán las personas prácticas Cjue quieran hacer un gasto útil para mucho tiempo. Nuestros vecinos d oiitre Manche han colocado á gran altura el renard lustré noir, que es precioso, y sin duda es una piel aristocrática por su indiscutible distinción. L a nutria, ó mejor dicho, las nutrias, porciue son muy. pocas las señoras que poseen la verdadera, tienen siempre sus adictos. Las C ue conocen y aprecian su tacto simpático y velante las conservan siempre, y si alguna vez las relegan, pronto vuelven á ellas convencidas de sus muchos encantos. Los manguitos siguen siendo extraordinariamente voluminosos. Se hacen largos y plats ó cilindricos, como se usaban en 1789. L a mayoría son á tablier, y realmente es muy razonable, ¡morque como los vestidos son ridiculamente veraniegos, la estola y el manguito ocupan el lugar de un abrigo de pieles, j rotegíéndonos del frío. Si las formas varían, los géneros de que se confeccionan no son menos fantásticos. H e visto un manguito hecho con tres renards colocadas sobre muselina de seda, las cabezas en el frente y las colas y las patas formando tablier. Las estolas han desaparecido, viniendo á reemplazarlas las echarpes muy anchas. L a melange, que es la nota característica de la moda actual, no exceptúa á las fonmires. Se combinan preciosos encajes con chinchilla, y m a r t a la nutria con maravillosos renards noirs ó bleus, y, además, como el colmo de lo bonito, la cibelina sola. E n resumen: muchas pieles