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F O L L E T Í N D E BLANCO Y NEGRO LOS BANDIDOS DE LA HOGUERA NOVELA POR ELIAS BERTHET 30 CONTINUACIÓN ximo enlace había obtenido una licencia por ocho -No, hija mía- -respondió la señora de Meredías, á cuya terminación debía volver á Chartres ville; -y cuidado que estas alhajas son. bellísimas á establecerse con su mujer. y de cuantioso valor. ¿Dices que las ha traído ésta Aquella tarde, ya cerca del anochecer, Daniel y tarde un hombre á caballo, que no ha querido silas señoras de Mereville se hallaban reunidos en quiera apearse y que ha vuelto á marcharse inmeel salón del castillo, amplia estancia revestida de diatamente, sin dar otra explicación sino que era encina, pintada y dorada en otro tiempo. para ti esta caja? Era el mes de Diciembre. Un cierzo helado so- -Así me lo ha referido Contois... plaba al exterior y penetraba con sordo mugido en- -Es incomprensible. La intención revela una los corredores, mientras los árboles del parque extremada galantería; pero ¿de quién puede pro- chocaban entre sí con estrépito. ceder este hermoso regalo? Daniel, vestido de negro, estaba sentado en, un- -No os esforcéis en adivinarlo- -dijo Daniel. -ángulo del salón, al lado de su bella prometida, Yo sé de quién proceden esas alhajas. cuyo traje elegante, aunque sencillo, era como una- ¿De quién, Daniel? alianza entre las miserias del pasado y la prospe- -De nuestro amigo Leroux, que no queriendo: ridad presente. ofrecerlas en persona por temor de una reprilsa, María abandonaba su mano en la de su primo, ha buscado este medio de hacerlas aceptar de buen que la oprimía dulcemente, y ambos conversaban ó mal grado. en voz baja. S o y de vuestra opinión, Daniel- -dijo MaLa marquesa no parecía cuidarse de los dos jó- ría; -son tantas las obligaciones que debemos aJ venes y examinaba con atención una cajita que señor Leroux, que habrá temido ofenderme... contenía un collar y pendientes de rubíes, de un- ¡Leroux, siempre Leroux! -exclamó la martrabajo maravilloso. quesa con mal humor. -Pero discurrid uno y otro. Una ráfaga más violenta que las anteriores con- ¿No hay nadie que nos haya prestado también movió la casa y vino á arrancar á Daniel de los grandes servicios, y sin pensar en prevalerse de encantos de la conversación. ellos, como ese advenedizo? Levantóse y, acercándose á una ventana, apartó- -Sois injusta con ese servicial Leroux, querida la cortina y dijo con inquietud: tía; pero ya comprendo: queréis hablar de nuestro- -Se hace tarde, el temporal es horroroso, y Le- primo Francisco Gauthier. roux, que debía estar aquí temprano, río viene. ¿Y por qué no? A la verdad, no es tan rico, ¿Le habrá sucedido algo? como el proveedor, pero ¿no es posible que con- -Dicen que estos alrededores no son muy se- esta acción generosa haya querido castigaros por guros- -añadió Maríá. ¿Sabéis que, h a c e dos vuestras pasadas injusticias? Sería por cierto la días han vuelto á ser asaltados algunos viajeros venganza de un alma noble y altiva, precisamente en el camino de Orleáns, no lejos de aquí? cuando no os acordáis de él, y cuando, á pesar de- -Lo sé, lo sé- -contestó Daniel, cuya frente se nuestro parentesco efectivo, ni siquiera habéis traobscureció; -y esos miserables deben de tener nu- tado de averiguar su paradero. merosos espías para burlar así la activa persecu- -Bien sabéis, tía mía, que ese joven, no obsción que se les hace... Pero por lo que toca á nues- tante sus promesas, no nos ha dado todavía notitro amigo, querida Maria, no tengáis ninguna in- cias del sitio de su residencia, ni yo he podido avequietud, porque el caso está previsto. Esos bandi- riguarla por mucho que he hecho. Por otra parte, dos, que todo lo saben, podrían tener noticia de la tía mía, tal vez no habría sido conveniente, dadas. visita de Leroux, uno de los más ricos proveedo- nuestras recíprocas situaciones, invitar al señor res de la República, y tratar de interrumpir poco Gauthier á nuestra boda, y yo os hubiera consulagradablemente su viaje; por lo mismo, he encar- tado para... gado al teniente Vasseur que vigile con cuidado el- -Tiene razón Daniel- -interrumpió María; -camino, y aun, si fuere necesario, que dé á Leroux pero si las suposiciones de mi madre respecto á una escolia para protegerle hasta aquí. esas alhajas resultasen ciertas, debo confesar que- -Dejemos esto, Daniel- -dijo en voz baja la jo- el proceder de nuestro pariente en esta ocasión seven señalando á su madre. -Nuestros convidados ría altamente delicado. van á llegar sin contratiempo y, según ¿odas las -i Ya era tiempo de hacerle justicia! -dijo susprobabilidades, con excelente apetito; iió estaría pirando la marquesa. demás, f) or lo tanto, ir á dar un vistazo á los preEn aquel instante entró corriendo Juanita en el parativos de la comida; oigo disputar á Contois y salón, y tras ella iba Contois, cuyo serio continenJuanita en el comedir, y ésta es mala señal. te contra. staba con la vivacidad de la muchacha. Antes de salir se acercó á la marquesa, que se- ¡Aquí están, aquí están! -exclamó ésta con guía examinando delante del fuego el collar y pen- precipitación; -el coche sube ya por la cuesta, sedientes de rubíes. ñor Ladrange... Vienen postillones, lacayos con -Y qué, mamá- -preguntó, ¿habéis al fin adi- antorchas... Es una cosa soberbia. Dentro de cinvinado de dónde procede ese rico presente que me co minutos estarán aquí. hacen con motivo de mi boda? Salió Dáiiiel á recibir á los viajeros y pocos nio-