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Con su poder fenomenal este hombre opera milagros. Los ciegos ven y los paralíticos andan. Los enfermos desahuciados por los médicos son curados por éU NO EXISTE ENFERMEDAD QUE NO PUEDA SER CURADA Hace desaparecer los dolores, cierra las heridas, cura el cáncer, la t u berculosis, los tumores, y opera maravillas que asombran á la Medicina moderna y desafían toda explicación. Notable ofrecimiento de consultas gratuitas hecho á los enfermos y afligidos. Gura á los enfermos en sus casas, sin verlos, t a n fácilmente como si estuvieran en su presencia. Invita á los médicos á que le lleven sus enfermos incurables. parís, Francia. -Correspondencia especial. Las curaciones casi milagrosas, llevadas á, cabo por el señor profesor G. A. Mann, de esta ciudad, son de un carácter tan sorprendente, que causan la más viva curiosidad, gran asombro y no menos admiración. El ha devuelto la salud de la manera más incomprensible á enfermos que hablan sido declarados incurables por los médicos. El método que él pone en practica está envuelto en el misterio más profundo, pues es sabido que él no hace uso de ninguna clase de drogas de las prescriptas por los médicos. El pretende haber descubierto una cierta ley de la Naturaleza que posee propiedades especiales y que, hasta la fecha, han sido desconocidas. Haciendo uso de ellas, ninguna enfermedad puede llamarse incurable. El ha demostrado, con pruebas Irrefutables, que el misterioso poder que este descubrimiento ha puesto en sus manos, le permite dar vista á los ciegos, y á los paralíticos el uso de sus miembros. Por medio de este poder, él revive la chispa de vida pronta á extinguirse en enfermos al borde del sepulcro, y devuelve la salud aun á aquellos desahuciados por los médicos más renombrados. Parece que él ejerce autoridad absoluta sobre las enfermedades y dicta su voluntad á la misma muerte. Sus consejos son enteramente gratuitos, y aunque su saber le pone en con diciones de limitar su práctica á clientes ricos y amasar de esa manera una fortuna considerable, él prefiere dar sus consejos á todo el mundo sin distinción de rango ni fortuna. MI descubrimiento me pertenece- -dice él- -y puede usarlo de la manera que me plazca. Fácilmente puedo curar la tisis, el cáncer, la parálisis, la albuminuria, la neurastenia. No importa que la enfermedad haya sido declarada incurable. Puedo curar el reumatismo, los desórdenes del aparato digestivo, el catarro, el envenenamiento dé la sangre y otras enfermedades que afectan el organismo. Deseoso estoy de dar mis consejos á todos, pobres y ricos. Cuando se trata de la vida y de la salud, el dinero deja de ser ante mis ojos un factor importante. Yo trato al príncipe y al mendigó con igualdad. Ante mí, como ante la ley, todos son iguales. No tengo en cuenta la diferencia social que exista entre mis pacientes. Si es mi voluntad el prestar mis servicios á todos, indiferentemente, nadie puede impedírmelo; diré más, continuaré curando á los enfermos, partiendo de este prmcipio, por tanto tiempo como me sea posible. Lo que otros hagan 6 dejen de hacer, en nada ha de influenciarme. Creo que estoy en el deber dé curar todos los que sufren; no podría ver impasiblemente- á mis semejantes luchar en vano en contra de las enfermedades, estando en mi poder el venir en su ayuda, pues nuevamente afirmo que no existe ninguna enfermedad que no pueda cu- rar. Esta afirmación parecerá algo, osada; no obstante, no es nada más que la misma verdad. Conozco el maravilloso poder que poseo, puesto que lo he probado infinidad de veces. Es sabido que la tisis es consideraüa como mcurable; pues bien, no hace mucho tiempo que una joven, miss H. L. Kelly, fué informada por sus médicos que padecía de tisis y que sus días estaban contados. En la opinión de estos médicos, la enfermedad era incurable. Puede suponerse la angustia de la joven. No obstante el- Veredicto de los médicos, yo la he curado, he curado sus pulmones y he devuelto. á- su cuerpo el vigpr perdido. Una señora de Montbelllard, quien en la actuálidaS hace úsd de mis servicios, me escribe que está casi curada, y que muy pronto podré decir que he ganado una victoria más sobre la nauerte; la enfermedad que aflige á esta señora es la tuberculosis. La terapéutica moderna nunca jamás ha curado un cáncer; la cirugía es la que lleva á cabo las operaciones; mas el cáncer reaparece y causa la m. iiierte lenta, pero seguramente. Yo curo el cáncer sin él auxilio del bisturí; no necesito cortar la carne y aserrar los fiaesos; mi tratamiento es fácil, agradable y no causa mingfin dolor. Una de mis pacientes, Mme. Melón, padecía de este teirible mal; veía aproximarse la muerte, pero se puso bajo mi cuidado y fué curada completa y radicalinente. La parálisis es otra enfermedad que se supone incurable. El Sr. A. Tournant sufría de este terrible mal. Después de unos días de tratamiento pudo dejar el sillón de inválido que habla ocupado por más de ocho años. El señor Etienne Ducret fué curado en ocho días de una neurastenia que habla estado sufriendo por espacio de once años. Este señor decía á todo el mundo que yo había hecho un nailagro en su favor. El Sr. Rene Larchier habla estado sufriendo por más de treinta años de un reumatismo articular; no podía andar, y aunque no comía apenas, engrosaba á la vista de los ojos; tampoco le era pasible trabajar. Quince días de mi tratamiento fueron suficientes para devolverle la salud. El Sr. Seoáne Alonso fué curado en poco tiempo de la anemia cerebral, que por espacio de mucho tiempo había venido sufriendo. La señora Esquer fué curada en pocos días de una gran anemia, que los médicos que la asistían no hablan podido combatir. Estos casos que cito son tomados á ciegas de entre los muchos testimonios que poseo; si ISÍS hago públicos, es simplemente con el objeto de probar que no existe ninguna enfermedad incurable. Esas enfermedades se consideraban incurables antes de que yo hiciese mi descubrimiento, pero hoy no pueden conceptuarse de la misma manera. ¿Cómo podéis llevar á cabo estas eurapiones? ¿Por qué poseéis ese poder tan extrañó? Me tomaría mucho tiempo el explicarlo, mas ved aquí un libro del que yo soy autor y. en el que describo mi descubrimiento y la manera de curar las enfermedades; yo no vendo este libro, lo distribuyo á todas las personas que estén interesadas en mi descubrimiento; lo envío gratis á todos aquellos que me escriban solicitándolo. Aún más: á toda persona que íne escriba indicándome el sexo á que pertenece y describiéndome los principales síntomas de su enfermedad; le enviaré el diagnóstico de su caso, así como mi libro, titulado LAS FUERZAS SECRETAS DE LA NATURALEZA También le diré la causa de los síntomas que le aquejan y la manera de obtener su curación por medio de la radiopatía. Es necesario solamente dirigir una carta á Mr. G. A. Mann, Boite, 92, section 103, D. rué du Louvre, 48, París, France. Aitodos los que me escriban les daré pruebas, evidentes del poder que poseo. ¿Creéis que todo el mundo, sin excepción; se aprovechará de vuestra generosa oferta? Yo digo lo que siento y haré lo que digo; todo aquel que nie escriba recibirá mi libro, el diagnóstico de su enfermedad y pruebas evidentes de mi poder, todo ab stíltttá rrL- felig -gratis. -4 567-