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circos de Castilla, y en todas partes lucía una audacia sin ejemplo y unos alardes de exposición de su persona, que sin una estrella declaradamente propicia le habrían costado muy en breve 1 a existencia. He oído afirmar que Marttncho tuvo amistad íntima, con el célebre Goya y aun que daba lecciones de toreo á nuestro insis ne pintor. Barcaiztegui murió en Deva, de calenturas pútridas, el i? de Febrero de 1800. Aspirando á mejorar de suerte, se hizo torero Martincho. Su valentía, su afán de sobresalir por encima de todos, no tenían límites. Nadie alcanzaba tantos aplausos como él. Na, die se atrevía á imitarle. Intentó y ejecutó suertes no vistas antes que él ni reproducidas después, como la de saltar desde una mesa con los pies sujetos por gjrilletes, por encima de un toro; como la de matar sentado en una silla, también- con grilletes en los pies y con un sombrero por m. uleta. Suya es, según parece, la invención del capeo á la navarra. Dando el Quiebro á cuerpo limpio, n o tuvo igual. Le llamaban el inimitable, y al cabo de más de un siglo sigue mereciendo el calificativo. P. P. CHANELA. EL P A S E DE LA M U E R T E A cabará por llamarse el pase del ri dículo, en cuanto se convenzan todos los aue van á los toros de qui; es tan fácil su ejecución como el hacer de Don Tancredo. Llueven cartas en esta redacción, destinadas al Averiguador taurino en las que se nos pide expliquemos qué clase de pase es ese que se denomina nada menos q u e pase d e la muerte. Risa nos produce la expectación que tan tremebundo título ha producido entre los aficionados, sobre todo, cuando se está en antecedentes del origen de la frasecita. Era una tarde en que se celebraba una corrida de las primeras del abono del oreseiite año, y le tocaba matar al Gallito uno de esos toros que no son codiciosos, oue no se revuelven, que corren y corren por su terreno hasta que llegan á las tablas ó alguien les corta el viaje. En este último caso, si es con capote ó muleta, toma el lance que le ofrecen y sigue su camino, por su terreno natural, sin tratar de molestar al que le ha distraído durante ese breve memento. Rafaelito Gómez, que tendrá todos los defectos que se quiera, pero que sabe aprovechar donde hay palmas fáciles, vio un diluvio de ellas en perspectiva y se propuso ganarlas. Para ello extendió la muleta, cogida con la mano izquierda, y aprovechando im viaje del toro á la querencia de las tablas, juntó los pies, esperó el paso de la res, al llegar ésta á jurisdicción, levantó en alto el engaño y la fiera siguió su viaje, quedando el diestro en la primitiva postura, inmóvil como estatua y la ovación estalló. Por la noche, en el café Inglés, donde suele haber algunos inteligentes, p e r o muchos más analfabetos taurinos, se habló del pase y hubo quien no tuvo inconveniente en quitar hierro, al general entusiasmo. Entonces, uno de los más ardientes defensores del Gallo tuvo un arranque gallardo, y dijo en alta voz: Ya verán ustedes cómo no lo da nadie más que Rafael, y es natural; porque el que lo intente, muere. ¡Ese es el pase de. la muerte! Entre los circunstantes hubo auien soltó la carcajada, pero no fueron pocos los que quedaron- convencidos de que la tal suerte era realmente el pase á la eternidad. He aquí explicado el por qué le llaman pase de la muerte á lo que en otros tiempos le llamábamos sencillamente pase de telón, calificativo muy gráfico y muy justificado, ahora más que antes, pues que las muletas de muchos toreros se parecen á los telones de boca de los teatros. Explicado esto, falta decir si sirve para algo ó no esa maravilla del modernísimo arte de los toros. A este pase le ocurre lo que á otro que se prodigaba mucho hace diez ó doce años, y ya se va retirando de la circulación: aquel ayudado por alto, peinando ó barriendo los lomos, aue tan encomiado y jaleado era por los públicos, hasta que se empezó á tomar á chufla y se convencieron muchos de que no era útil para nada y estorbaba para mucho. Con el de la muerte y ese, que unos hemos llamado el pase del ¡ole! y otros el del Celeste Imperio, puede probar el torero que quiera con el toro más bravo y noble que salga del toril, y alternar por el lado derecho el del ¡ole! y por el izquierdo el de la muerte, á ver cuándo logra cuadrar á la res sin la intervención de los capotes. Dará cuatro, ocho, veinte, treinta, y se acabará la bravura de la fiera; se quedará sin nobleza y comenzará á buscar por donde coger ó por donde marcharse; pero no sufrirá más destronque que el del aburrimiento. Com. o efecto teatral, está bien que se dé uno de vez en cuando, como no está mal uno de rodillas; pero solamente con el objeto de presentarlos en calidad de floreos en una faena en la que los demás lleven el objeto de preparar al toro para la muerte. I El pase más difícil, el de mayor mérito, porque hay más exposición y es el que más quebranta á las reses, es el natural; y no vale confundirle con el alto ó con el medio pase. En el natural, aguanta el torero la acometida sobre el trapo, debe tener el cuerpo derecho y los pies quietos, algo adelaiitado el derecho, pero no tan abierto que, en lugar de airosa y gallarda la figura, resulte grotesca y ridicula. En tal posición, girará el brazo izquierdo, llevándose á la res como si la llevara atada, y dará un cuarto de vuelta, despegando más ó menos el brazo del cuerpo, según lo que se ciña el cornúpeto. A tres pases de éstos, bien dados, no hay toro que no junte las manos y se deje matar con facilidad, contando, por supuesto, con que se trate de toros nobles y bravos, que acudan bien. Cuando no son tan fáciles, hay que tantear con precaución para ver en qué formia se puede seguir la faena, y en todo caso, no debe el torero dejar que el toro se le escape, como se escapan siempre en el ridículo pase de la muerte y en los no menos ridículos esos qué barren los lomos. Con estas líneas ya tienen explicado el origen de la frasecita los que nos han preguntado por la novísima calificación, y aquellos aficionados de buena voluntad piensen en la verdad de lo que. decimos, sin ánimos de molestar á nadie. Todos los toreros que quieran da rán el pase con sobra de facilidad, y, sin embargo, cada temporada se ve una vez dar tres naturales seguidos. Este dato es el que da la medida del respectivo mérito ÁLBUM BJCGIÍAFICO TOMAS ALARCON (MAZZANTINITO) I f no más. tocado de la manía de buscar apodos en nombres prestigiosos, sin necesidad de apelar á tales recursos, pues que él tiene suficientes méritos para haberse abierto paso, aunque se hubiera quedado en Alarcón solamente. Es éste un torero de mucha afición y con facilidad grande para ejecutar las suertes que ve á oíro, hasta el extremo de que, apenas se dio á conocer como novillero, mataba bien, ponía banderillas á la perfección en toda clase de suertes y manejaba con gran soltura el capote y la muleta. Le pasó lo que ocurre siempre á todo el que tiene condiciones que se salen de lo vulgar, y fué que, apenas se presentó como matador en la plaza de Tetuán, armó una revolución, se dio á conocer en Madrid y se colocó al nivel de todos los buenos novilleros de entonces, siendo á poco obligado