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e Fama de sabia tenia en todo el reino animal, y los zorros en sus dudas le solían consultar. Pero á pesar de su fama, en la opinión general, de bachillera en fingir y doctora en engañar, tenía la tal raposa un defecto colosal: que fiada en lo aprendido, no discurría jamás. A manera de recetas, siempre solía aplicar para tal caso, cual cosa siempre así: tal para cual. Y como muchas astucias que había empleado ya, al repetirlas de nuevo daban resultado igual, muy lejos de arrinconarlas por su mucha antigüedad, las aplicaba, pensando que no podían fallar. Un día miró una urraca en la rama de un peral, con un gran trozo de azúcar en el pico, y sin tardar, colocándose debajo, usó el recurso especial que usaron siempre los zorros de halagar la vanidad. ¿Por oué no cantas, Maruia? ¡Me gusta tanto escuchar tu canto! Los ruiseñores no tienen un canto igual. Esta tonta, se decía aparte, querrá cantar, y si abre el pico, el azúcar en mi boquita caerá. Y así fué. Cantó la urraca, abrió su piquito y ¡zas! la zorra lanzó un quejido... pues notó con gran pesar que era aquel trozo de azúcar... ¡un trozo de pedernal! CH. P O HS A V -Mientras encierro este animal, lleva á tu padre el cacharro de la leche. 0. -V- k í ¡i il DÍA P E R D I D O (HISTORIETA) ¡Adiós mi dinero! Bueno se va á poner tu padre cuando se entere 1 -No se quejará hoy tu padre de los rendimientos de la vaca. -i Cómo es oso? Yo esperaba hoy, por lo menos. siete cuartillos. Pues... ha dado siete cuartillos y una coz.