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INTREPIDEZ NO BASTA A 1 volver de la escuela, se detuvic on tres ó cuatro muchachitos en el canal, debajo del grandioso puente de Virginia, pr. ra mirar los cientos de nombres esculpidos en la piedra. Uno de ellos sintió un vivo deseo de que el suyo figurase entre los más altos, y decidió escalar aquella inconmensurable altura para satisfacer su vanidad. Los otros chicos trataren de disuadirle, haciéndole ver el peligro á que se exponía; pero él tenazmení; e desoyó los consejos y las súplicas de sus amigos y empezó á trepar, utilizando una navajita para sacar la tierra que une unas piedras á otras y tener donde cuanto le era posible, diciendo: ¡Paco, hijo mío; no mires hacía abajo; fija la vista en lo alto de la torre y ten confianza en Dios, que aquí estamos todos rezando por ti El niño no miraba á la torre; sus hermosos ojos negros, llenos de lágrimas, no podían separarse del cielo, implorando el auxilio del Todopoderoso. Hasta entonces no había comprendido la enormidad de su loco capricho. El lejano rumor de la gente que se agitaba al pie del pilar que él escalaba, le decía que se encontraba á mucha altura del suelo para poder retroceder y se sentía incapaz de llegar más arriba. Haciendo un esfuerzo desesperado, intentó escarbar con el cortaplumas para dar otro avance; pero se le escaño de la temblorosa mano, yendo á caer á los pies de su madre, que se imaginó ver al niño en el espacio, v extendiendo los brazos como si intentase recogerlo, dio un grito y cayó sin sentido. El pánico se apoderó de todos; se hizo un silencio sepulcral; se hubiera sentido el aleteo de una mosca. En la torre apareció un hombre; una exclamación de alegría resonó en el espacio. Con mucha serenidad, pero sin perder tiempo, se ató una cuerda á la cintura, hizo un nudo corredizo al otro extremo, y con gran precaución, para que el golpe no hiciese perder el equilibrio á Paquito, fué soltando la cuerda. El niño, al verla, tuvo esperanza de salvarse y recobró ánimo para agarrarse á ella. Primero pasó la cabeza y un brazo, luego el otro, en seguida se afianzó con ambas manos y gritó: ¡Ya estoy salvado! El hombre, desde arriba, tirando con bríos, subió al chiquillo, que al verse entre los brazos de su salvador rompió á llorar amargamente. En la puerta que conduce á la escalerilla de la torre, se agolpaba la gente, deseosa de verle; sus padres fueron los primeros que se precipitaron hacia él para abrazarle con efusión y asegurarse de que estaba vivo; pero en cuanto pasaron los primeros momentos de expansión, dijo el padre: -Ahora, vamos á dar gracias á Dios, que te ha salvado de una muerte inevitable, y pídele que lo aue has sufrido te sirva de lección para corregir los impulsos de la vanidad. No olvides este día y aprende que para colocar tu nombre á la altura que tú has pretendido, no basta ser intrépido; para subir hasta allí, hacen falta virtud y ciencia. MARÍA DE P E R A L E S RECURSOS VIEJOS afianzarse. Con asombrosa agilidad subía, riéndose de los temores de su. s compañeros que, con más juicio que él, comprendían todos los riesgos de tan peligrosa aventura. Uno de ellos corrió á decir á los padres de... (le llamaremos Paquito) lo que ocurría, mientras el otro se lo comunicaba á cuantos encontraba en su camino. En menos de diez minutos se congregó inmensa muchedumbre en el canal, é igual gentío invadió el puente para presenciar el funesto desenlace que todos temían. La situación di Paquito era terrible; le iban faltando fuerzas para proseguir su ascensión; tenía las manos y los pies ensangrentados; oía un rumor de voces, sin distinguir las palabras; sólo las de su madre, pronunciadas con acento desgarrador, penetraron hasta el fondo de su alma. La infeliz gritaba Erase cierta raposa, con más años que un palmar, y con sus marrullerías de su casta y de su edad; pues se pasó su existencia estudiando sin cesar todos los procedimientos de engañar á los demás. Tenía la tal raposa memoria tan especial, que se acordaba de todo cuanto vio y oyó contar, y sabía de corrido todas las fábulas que hay sobre astucias de los zorros desde los tiempos de Adán. 2 3 4- 5 6 7 a 1- k