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F O L L E T Í N D E BLANCO Y NEGRO LOS BANDIDOS DE LA HOGUERA NOVELA POR ELIAS BERTHET 29 CONTINUACIÓN una contrariedad! Se va á buscarlas donde las haya. Yo quiero que nos divirtamos, ¡qué diablo! Esta noche tenemos aquí una boda... y tal vez alguna otra novedad. Supongo que el Curilla habrá cuidado de disponer el local... -Sí, sí, Meg- -dijo acercándose el Tuerto de Jouy, que tenía encendido el rostro por la agitación de los bailes en que había tomado parte. -Está bien. -replicó con alguna sequedad el Guapo Francisco; -siempre se te. encuentra, ge- neral Finfín, donde no haces falta... Pero vamos á ver, Santiago- -prosiguió dirigiéndose al maestro de niños, ¿qué hace falta? -Un poco de cada cosa, Meg; pan, vino, manteca. En esa. caldera no hay más. que una docena de pavos y dos ó tres patos, cuando se necesitaría el doble. -i Bah! Os ahogáis en poca agua. Buenas ca- sas hay en la vecindad; ¿por qué no vais, á la alquería de Poly, por ejemplo, que. es la más próxima? -Os diré el porqué, Meg; no hemos, querido; ir á Poly sin orden vuestra, porque sabemos que no os gusta que se moleste demasiado á los vecinos de la Muette. -En lo cual- -dijo el Guapo Francisco- -imito! la prudencia del lobo y del zorro, que se guardan; de cometer fechorías cerca de su guarida, porque así serían más pronto y fácilmente descubiertos. Pero una vez al año no hace daño. Id á Poly: y coged lo que os convenga. sobre todo sin es- trépito, si es posible. -Yo iré- -dijo el borracho Normándote; -3. UÍ: encontraremos vino, y aguardiente. -Sí- -contestó el Tuerto de Jouy con. su risa burlona; -pero á más de los mozos de la alquería, encontraréis siete ú ocho leñadores y aserradores que han sido admitidos hace poco para trar bajar, y os recibirán á estacazos. j Bah! Los leñadores no están ya en Poly. -Pues yo repito que están. -Y yo insisto en que no. Promovióse una animada polémica sobre eSté punto, y como cada cual de los contendientes sostenía su opinión, el tío Provenchere, decano de los ladrones, anciano muy poco respetable, aunque tenía más de ochenta- años, la barba blanca y la cabeza calva, emitió con voz cascada el dictamen siguiente: -Es necesario prudencia, hijos míos, y no comprometerse á ciegas... Yo he vivido mucho y he aprendido que nunca sobran las precauciones en los negocios... Pues bien, ¿por qué no enviáis uno de nuestros chicuelos á informarse de si están- ó no todavía esos leñadores en Poly? -Tiene razón el tío Provenchere- -dijo el Guapo Francisco. -Santiago, tráeme al Niñito de Etrechy, que andaba por ahí hace un momento. ¿El Niñito de Etrechyf -contestó admirado Santiago de Pithiviers. ¿Lo habéis pensado bien, Meg? Es seguro que cometerá alguna torpeza, porque es el más indócil y el más estúpido de todos mis alumnos... No consigo nada de él sino á fuerza de lapos, y me desespera con su bestialidad y su poca afición. -No importa, tráemele. Poco trabajo costó á Santiago de Pithiviers encontrar á la pobre criaturilla, que se había acurrucado detrás de un espino cercano, para comer con. trabajo una corteza de pan duro. Le cogió de una oreja sin más preámbulo, y así le introdujo en el círculo que formaban los notables de la banda en derredor del fuego. El Guapo Francisco clavó en él una mirada penetrante. i Vamos á ver, píllete! -dijo. ¿Te propones cansarnos la paciencia? No podemos seguir así; es necesario que esto concluya... ¿Dónde está la buena pécora de tu madre? Las pálidas mejillas del niño se tiñeron súbitamente de púrpura, como si le hubiese herido en lo más vivo la injuria dirigida á 1. a pobre Fancheta. Bajó no obstante la cabeza y contestó á media voz: -Yo no sé. ¿Pero no ha llegado. aquí esta tarde? -Yo no sé. -Se conoce que te han enseñado bien, la lección, pero yo sabré encontrar á esa traidora Virolosa... Ahora, óyeme: ¿sabes á la alquería de Poly? -Sí, Meg. -Vas á ir allá inmediatamente. Pedirás albergue, y como no desconfiarán de ti. te enterarás de si están aún los leñadores en la alquería. Cuando lo sepas, te escapas con maña, y vienes á dai cuenta á Santiago de tu comisión... Me. has entendido bien? -Sí, Meg. -Entonces lárgate, y si te estás por allá más de una hora, yo te ajustaré las cuentas. Sí cometes alguna torpeza te costará cara... Conque, andando. Pero el Niñito de Etrechy no se alejó mucho. Viendo que nadie se ocupaba ya de él, se detuvo i i el límite de la explanada, pensando: -Si voy á la alquería de Poly, no querrán recibirme, y los perros me destrozarán. más vale ir á ver á mi madre á la caseta del Carbonero; no la diré nada de lo que me han mandado, y luego volveré diciendo que ya no hay gente en Poly... Y el pobre niño, encantado de su proyecto, que consideraba como una excelente travesura, se des- lizó con agilidad por entre Ibs matorrales para ir á la choza del Car ow ro. El Meg, después de dar las órdenes para la proyectada expedición, se levantó de su asiento. -Ea, pues- -dijo con buen humor, ¿á qué esperamos para principiar la ceremonia del casamiento? ¿Cuándo acaba los preparativos ese maldito Cura? Apuesto á que los novios se mueren de impaciencia.