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NOTAS TAURINAS cuerno y lo lanzó al aire entre el espanto de la concurrencia. Al caer el Huevatero, le volvió á recoger el toro por tres veces, y al fin le dejó bañado en sangre. Fué aquella una cogida aparatosísima que impresionó al público hondamente. Trasla- dado el diestro. á la enfermería y reconocido por los médicos, se vio que tenía una cornada tremenda que le había destrozado el, intestino recto y la vejiga de la orina. A la una de la tarde del día siguiente dejó de existir el Huevatero. Su entierro constituyó una manifestación de duelo imponente. P. P. CHANELA. car á la que fuera mejor, resultando que todas han sido peores. ¿Qué noción tendrán los mismos ganaderos, ó sus conocedores, de lo que significa un concurso de tal naturaleza, cuando ha habido alguno que ha enviado xsi toro que lo había tenido de semental? Toros de ésa naturaleza, á los que en la prueba se les apura exageradamente, no pueden por menos de acordarse y recelarse en cuanto les peguen dos veces los picadores. Resulta, pues, que no es que no haya toros bravos, sino que los ganaderos mismos no saben dónde los tienen, y perdida la inteligencia para dirigir la cría de ganado, tiene que ser desastroso el éxito, que nunca obedecerá á otra cosa que á la casualidad. De todas las ferias importantes que. van celebradas, sólo hay que anotar, por ser de justicia, que D. Eduardo Miura ha sabido lo que ha mandado á Bilbao, y como en aquella importante plaza bajó mucho su cartel el año anterior, lo ha recuperado en el actual con una hermosa corrida, tanto en presentación como en nobleza y bravura. Doble culpa tendrá este ganad ero cuando dé ganado deficiente, pues aue sabe perfectamente lo. que tiene en: sus dehesas más que ningún otro. Por lo que á Madrid se refiere, sin. contar las novilladas, refiriéndonos sólo á las corridas de toros pagadas á precios elevados por la afición, después de haber hecho público la empresa que todo su afán estaba en traer buenos toros, podemos decir que hemos visto más de veinte corridas, y en ellas se ha lidiado ganado de Veragua, Miura, Benjumea, Anastasio Martín, Concha Sierra, Tabernero, Olea, Martínez, Hernández, Trespalacios, Muruve, Pérez de la Concha y Gómez, además de los Saltillos de la de Beneficencia. Entre tantas ganaderías, ¿puede decirse que hemos visto corridas de toros superiores, bravos, nobles y de buen tipo, como deben ser los que tan caros se pag: in en una plaza como ésta, que es la qué. más hace por el sostenimiento de la cría de gana 3o bravo, consumiendo al año reses por cantidad que no bajará de 70 á 80.000 duros? Una corrida de Martínez vimos muy igualita en lo que se refiere á nobleza y bravura, y otra de Hernánde. z, á la que nada padía reprocharse en cuanto á presentación. Después de éstOj paren ustedes, de contar. Algún toro bravo, sin llegar á ser de bandera, ni mucho menos, y muchas docenas de mansos, chicos, sin facha de toros é indignos de correrse en plazas, ni aun en plazuelas. Es preciso que los ganaderos cambien de procedimientos y no duerman sobre laureles que, una vez conquistados, hay que mantener sin que se marchiten, pues de lo contrario, en cuanto los públicos empiecen á fijarse y dirijan los tiros al ganadero, como hasta aquí los han dirigido al torero y al empresario, se van á. ver obligados á sufrir lo que hasta hoy no habían pensado que podía caer sobre ellos. Se anuncian corridas de toros y eso es lo que hay que dar; pero no de bueyes mansos, con lo que pierde la. afición el que la tenga mejor contrastada. ÁLBUM BIOGRÁFICO A N D R É S DEL C A M P O (DOMINGÚIN CHICO) LOS T O R O S BRAVOS M o será por falta de ganaderías, que se. titulan de reses bravas, la es- casez de ganado en condiciones para que puedan divertirse los públicos. En apuntes que tenemos á la vista constan los nombres de OCHENTA Y CUATRO ganaderos que han dado reses en el año actual para las corridas de toros y de novillos que se han. celebrado por esas plazas de Dios. Todos ellos se titulan criadores de ganado bravo, y como tales cobran sus toros; pero la justificación del adjetivo no aparece por ninguna parte. Ha sido éste el año en que menos toros bravos se han visto por las plazas grandes y chicas, y vemos con gusto que los públicos de todas partes sé van fijando algo en el toro, si bien ao todavía tanto como hacía falta. Hasta aquí no paraba mientes nadie más que en la labor del torero, y ihora, quizá por elintolerable abuso de que se hace víctima á la afición, se fija ésta en que hay que justificar el por qué á las corridas de toros se las llama de reses bravas. Si en los toreros de alguna importancia se ha generalizado el precio de 4.000 pesetas para arriba, en los ganaderos raro es el que no cree que- sus toros valen 2.000 pesetas por cabeza. Ahí está la empresa de San Sebastián, que ha pagado á peso de ero los toros lidiados, en las siete corridas que ha celebrado, y se ha quedado con la gana de ver uno solo bravo de verdad y hasta no puede alardear de que una sola corrida haya estado bien presentada. Borrén grande h a sido para los seis ganaderos, todos ellos de- primera c a tegoría, el que ni aun en la corrida de concurso haya salido un solo toro que haya rnerecido los honores de ser señalado como excepcional; Ha: llegado al extremo de que e l Jurado no haya encontrado una res con méritos de bravura suficientes para conceder el premio que se había acordado adjudi- C i quiere, si tiene verdadera afición y es pundonoroso, puede ser un matador de toros de los buenos, pues ha empezado sabiendo lo que muchos que llegan á viejos en la profesión no saben. Desde el primer día ha encontrado fácil matar toros con un estilo muy gallardo y muy; eficaz, estilo que no debe abandonar si pretende ser rico con los toros. Es una lástima que esa facilidad, tari ventajosa para que pueda prosperar en su profesión, no esté acompañada de otras condiciones de temperamento que le ayuden á subir con mayor rapidez. Andrés del Campoes frío, es apático, no tiene, ó no muestra, tener, aquella noble envidia, aquella prodigiosa emulación que tuvo sú desgraciado hermano Domingo, quien no toleraba que nadie se le pusiera delante cuando había que disputar palmas, fuera á quien fuera, y sin eso no se, va á ninguna parte. Ya se sabe que es, cuestión de carácter, de temperamento, que no se puede remediar; pero el muchacho es joven, y á poco que piense en esto, es muy posible que sacada la melena y nos haga ver que dentro de su casi anémico cuerpo hay un corazón que tiene: plétora de vida y que le anima con sus latidos á buscar la popularidad, que es tanto al que vive deí público como el dinero. Se coloca cérea con el capote y la muleta, y algunas faenas le salen bien, porque tiene fría serenidad para no preocuparse del peligro, aunque lo vea cerca, y, cqmo ya se ha dicho, mata muy bien en algunas ocasiones, lo que da derecho á esperar mucho de él. P o r eso hay que pedirle que ecne fuera, esa glacial indiferencia que no conduce á nada práctico y qué da lugar á que vengan otros detrás, pisen las espinillas y hasta se coloquen delante si tienen audacia para ello. Nada hay peor que estacionarse en un planO vulgar, y para no pasar de ahí, es mejor no ser nadie.