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¿DONDE ESTÁN LOS M U E R T O S? CONCLUSIÓN L a llegada de las tropas fué un acontecimiento; el pueblo en masa acudió á la plaza para vitorearlas, y aquella noche los mozos armaron baile para obsequiar á los soldados. Toñín, muy asombrado, preguntaba: -P e r o ¿y los muertos? Y sus compañeros, siguiendo la broma, le decían: -M a ñ a n a los verás cuando subamos á las minas. El chic uillo no pudo dormir, y al día siguiente, jando la voz para que los otros no se riesen de sus temores, le p r e g u n t ó -M i coronel, ¿dónde están los muertos? No los veo ni oigo las balas. -V e n ac uí, pequeño, yo te explicaré- -dijo bondadosamente el coronel- -lo que esos muchachos te han dicho en broma. M i r a ¿ves esos agitadores que arengan á los obreros para que sigan en huelga? Pues sus palabras son las balas, lanzadas infamemente, sabiendo que es falso cuanto dicen, para engañar al pobre, abusando de su ignorancia en beneficio propio. Los muertos son todos los obreros que, por cobardía se dejan a r r a s t r a r por los que ellos juzgan más fuertes, y los valientes, aquellos ante los cuales las balas se detienen sin poder para herirlos, son los cpe han entrado á trabajar para mantener á sus hijos, cumpliendo con el deber que Dios les ha impuesto sin temor á las consecuencias con que sus enemigos los amenazan. N o olvides esto, Toñín, y cree que si alguna vez las balas materiales matan un valiente, las balas morales no llegan nunca al corazón donde se albergan el temor de Dios y el sentimiento del deber. MARÍA DE P E R A L E S LOS CA N G REJOS antes de oir el toque de diana, ya estaba de pie dispuesto para entrar en combate. El coronel dio las órdenes oportunas para hacer un paseo militar por la región minera, con objeto de poder apreciar el estado de la huelga, y á la vez demostrar que las fuerzas recién llegadas no se reducían á un puñado de hombres, como ellos decían despreciativamente. Los trabajos estaban paralizados, pero no en absoluto; en una mina se trabajaba bajo el amparo de la Guardia civil. Toñín, desconfiando de sus compañeros y comprendiendo que le engañaban, se acercó al coronel, seguro de que ese le diría la verdad, y ba Pues, señor... y va de cuento, en las aguas cristalinas de un riachuelo, que manso entre las hierbas corría, gozaban unos cangrejos la más sosegada vida que desde que el mundo es inundo gozó la cangrejería. Unos ratos en el agua y otros ratos en la orilla, aprovechando la suerte de su condición anfibia, vivía tan satisfecha esta cangrejil familia, sin conocer el orgullo ni saber lo que era envidia. Un día los pequeñuelos, mientras sus padres dormían, se marcharon por las hierbas del margen de correría. En la rama de un arbusto se posaba una marica, que al ver llegar los cangrejos á carcajadas reía. -Pájaro, ¿de qué te ríes? -preguntó una cangrejita más curiosa que los otros y mucho más atrevida. ¿De qué me rio, cangreja? ¿Tú quieres que te lo diga? Pues me río de lo feos que sois todos, hija mía. Sois los cangrejos más cursis que he visto en toda mi vida. -Sobre ser muy descarada, no dices más que mentiras;